La tasa del bono del gobierno de Estados Unidos a 30 años está en sus nivel más alto de casi 20 años, presionada por la creciente deuda del país, que ya cruzó los US$40 billones, y por una ola de emisión de deuda corporativa ligada a la inversión en inteligencia artificial.
El miércoles el Tesoro de Estados Unidos anunció que ampliaría sus recompras de deuda de largo plazo. Las tasas bajaron inicialmente, pero al día siguiente regresaron a su nivel previo.

Una tasa más alta en el bono a 30 años eleva el costo de financiamiento de largo plazo para el gobierno estadounidense y también sirve de referencia para hipotecas y crédito corporativo, así que su alza tiende a encarecer el financiamiento en general, más allá de lo que decida la Fed en el corto plazo.
El dólar se debilitó y va camino a su tercera caída semanal en cuatro semanas, mientras el oro y el bitcoin subieron. La razón es que, cuando aumenta la deuda pública, algunos inversionistas prefieren activos que no dependan de una moneda específica. Esto hizo que la mayoría de las monedas, incluído el peso mexicano, se apreciaran frente al dólar.

En paralelo, el petróleo sigue firme, con el WTI cerca de 88 dólares por barril, luego de que Trump endureciera el tono hacia Irán y hablara abiertamente de guerra económica contra ese país, mientras la situación en el estrecho de Ormuz sigue sin resolverse.
Los principales índices de acciones vieron caídas en la semana, en línea con el mayor costo de financiamiento, aunque mantienen ganancias sólidas en lo que va del año.

En México, Banxico confirma que no tiene apuro
Las minutas de Banxico publicadas este miércoles, sobre la reunión del 6 de agosto, reforzaron que la Junta no ve necesidad de mover la tasa por ahora. La decisión de mantenerla en 6,50% fue unánime y varios miembros la consideraron apropiada para el momento actual.
La inflación de servicios sigue siendo el problema de fondo, con el balance de riesgos sesgado al alza. Banxico ya no espera que la inflación converja a la meta antes de fines de 2027. Algunos miembros mencionaron los conflictos geopolíticos y su posible efecto sobre el petróleo, además de la posibilidad de que El Niño afecte la oferta agrícola durante la segunda mitad del año.
Un elemento que ayuda a explicar por qué Banxico puede permitirse esta pausa es el peso. La mayoría de la Junta reconoció que la apreciación de la moneda, que llevó al tipo de cambio de vuelta a niveles cercanos a 16 pesos por dólar, está ayudando a contener las presiones inflacionarias.
Banxico atribuye buena parte de ese fortalecimiento a la debilidad global del dólar, aunque los fundamentos locales y el diferencial de tasas frente a Estados Unidos también han ayudado. Ese diferencial sostiene el atractivo del peso como moneda de carry, algo que conviene considerar como contexto y no como una recomendación de inversión.
Fuera de la política monetaria, el Gobierno mexicano está evaluando endurecer las reglas comerciales contra China y otros países sin tratado de libre comercio, ampliando el paquete de aranceles impuesto en enero sobre cerca de 1.500 categorías de productos. Acero y vehículos aparecen entre los principales candidatos.
La medida busca acercar la política comercial mexicana a la de Washington mientras avanza la negociación para extender el T-MEC. Para el peso y las tasas, el mensaje es de continuidad: Banxico se mantiene en pausa y, por ahora, no aparecen cambios que obliguen a revisar el escenario base.
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