Nobel de física chileno

Creo que existe un 3% de probabilidad de que en Chile tengamos un Nobel de Física de acá a 20 años.


Dicen que Igor Saavedra, el mejor físico de su generación en Inglaterra, pudo obtenerlo de haber aceptado el puesto en el Imperial College London en los años cincuenta. No sólo no quiso renunciar a la nacionalidad chilena para adoptar la británica (requisito para el cargo) sino que prefirió volver a Chile y ser el formador de la primera generación de físicos profes universitarios e iniciar la investigación en física en el país.

Para que un científico gane el Premio Nobel de Física su teoría debe estar comprobada a través de experimentos, por si alguna vez te preguntaste por qué Stephen Hawking no lo ganó nunca.

El año 2011 el premio lo recibieron dos físicos estadounidenses que usaron los datos de dos astrónomos chilenos, Mario Hamuy y José Maza, para mostrar que el universo se expandía. En mi opinión, Hamuy y Maza debieron ser parte del premio porque la mitad de los datos eran los suyos. Y eso lo reconocieron Schmidt y Perlmutter.

Mi apuesta a Nobel de Física chileno (sorry la presión) es el trabajo del astrónomo Francisco Förster, PhD en Oxford, con Cabrera-Vives, Estévez, Sánchez-Sáez, Catelan, Maass y varios científicos bacanes más, junto a un muy buen equipo de ingenieros programadores.

En 2022, con el nuevo observatorio Vera Rubin en operación, Chile tendrá el 60% de la capacidad mundial para monitorear el universo, siendo la capital mundial indiscutible de datos astronómicos. Cada noche se observarán más de 10 millones de objetos y el equipo chileno, llamado ALeRCE, procesará los más de 20 TB diarios de información, e indicará a los telescopios de seguimiento hacia donde apuntar para encontrar cosas sospechosas o de interés.

Esta cadena automatizada de observación que están armando empezará a producir ciencia de manera semi industrial, llevando a la academia a incorporar prácticas y metodologías típicas del desarrollo de software con las que no habían trabajado antes. Acá es donde varios podemos colaborar, sin por qué tener claro qué cosas puedan resultar, qué algoritmos se puedan inventar o qué tecnología desarrollar.

Pronto publicarán sus primeros tres papers y en el horizonte están las respuestas a cómo se expande el universo, cómo se distribuye la materia en la galaxia o qué rol tienen los agujeros negros.

Debiéramos apostar como país a conseguir este Nobel en Física. El premio en sí, da un poco lo mismo. Lo que importa es lo que signifique para Chile y su desarrollo tecnológico y social.

Columna publicada en El Mercurio, 17/10/2020.

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