Cómo manejar la plata en pareja desde la primera cita

Cuando empezamos a salir con alguien son varios los temas en los que debemos congeniar para saber si será una relación de largo plazo o no.

Uno bien importante son las finanzas. No es que tengamos que ser iguales a nuestra pareja, pero sí debemos tener algunas cosas en común: si se ahorra o no, si se gasta todo (hasta la línea de crédito) y, obviamente, cómo se manejan las diferencias de sueldo entre ambas personas.

Lo difícil de esto es que muchas veces ni siquiera yo misma me he planteado esas preguntas y solo fluyo con la plata. ¿Cómo tener esta conversación con mi pareja?

Mejor vamos por partes: veamos cómo manejar la plata en pareja. Al final te doy un par de herramientas prácticas para hacerlo 😉

Partamos de cero: la sicología detrás de la plata

Quizás a muchas personas les gustaría que la plata no fuese un tema. Trabajar en lo que les gusta, ganar lo suficiente y que su foco sea qué hacen y no cuánto ganan y en qué gastan.

Pero la realidad es que (casi) todo se compra con plata. Y cómo la distribuimos revela bastante sobre nosotros: en qué gastamos cuando estamos estresados, cuán precavidos somos al ahorrar para el futuro y cuánto gastamos en nosotros mismos versus, por ejemplo, cuánto gastamos en nuestra familia. Algunas de esas cosas son involuntarias (si tenemos que mantener a un tercero) y otras no.

Te propongo un ejercicio simple: toma todos tus gastos de los últimos dos o tres meses y clasifícalos como a ti te haga sentido: comida, carrete, deporte, gastos de la casa, mascotas, etc.

¿Esa distribución se parece a lo que pensabas de ti? Quizás te sorprenda cuánto gastas en ropa versus cuánto ahorras o inviertes. Tal vez pensabas que toda tu plata se iba en salidas con amigos, pero, en realidad, gastas más en tu mascota que en verlos. Quizás en los meses más estresantes haces compras más compulsivas y en los meses más felices gastas bastante menos. O no cachabas cuánta plata gastas en taxis, siendo que vives al lado del metro.

En resumen: nuestros gastos tienen un componente bastante más emocional del que normalmente asumimos. Obvio que una parte es obligatoria (como el arriendo o pagar internet), pero la parte más libre refleja bastante bien cómo somos y qué nos gusta, aunque nosotros mismos no seamos capaces de verlo.

Con este ejercicio, podemos tener más claro en qué gastamos y cómo lo hacemos, antes de hablar el tema con nuestra pareja.

Las primeras citas: tu crush 😍 (o crash 💣) financiero

Seguro te ha pasado que empiezas a salir con alguien y sus estados financieros son muy MUY distintos. ¿Tú propones ir de picnic un domingo, mientras que la otra persona quiere pasar el finde en Buenos Aires?

Piensas que todo va bien, hay química, pero si le sigues el paso en su estilo de gasto vas a terminar en la quiebra. Es importante cachar la relación con la plata que tiene la otra persona. No te estoy diciendo que plantees el tema en la primera cita. Solo ponle ojo a ciertas green flags o red flags monetarias que vayan apareciendo en el camino.

Y qué es bueno (green flag) y qué no (red flag) depende totalmente de ti. Para alguien puede ser súper positivo que la otra persona ahorre lo más que pueda, mientras que a otra persona le puede encantar viajar a cada rato y no está dispuesta a transar.

Esto es igual de válido si llevas 2 años y aún no tienen una conversación sobre plata. Y es probable que no la hayas tenido, si el 40% de las personas prefieren hablar de sus relaciones pasadas antes que de su situación financiera 😱. Es como poner una foto de hace 4 años en Tinder y esperar que la otra persona no se dé cuenta… lo sabrá eventualmente.

Entonces, sabemos que es importante cachar más o menos cómo la otra persona maneja la plata y qué espera hacer con ella. Pero ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo llegamos a esa potencialmente incómoda conversación?

Primero, encuentra un sueño que sea un punto en común. Si llevan rato juntas o juntos, no será difícil encontrarlo. Si se están recién conociendo, quizás parte por compartir cuáles son tus propias metas en la vida, las que de alguna forma se relacionen con plata (viajar, tener tu casa propia, vivir de tu arte). Y luego… ¿cómo planeas alcanzar ese sueño?

Hay formas y formas de preguntar las cosas. Haz preguntas abiertas, positivas o hipotéticas. Pasa del “cuánto ganas?” (🙅) a “¿si te ganaras el Kino, qué harías con la plata?” Quizás trabajaría en una fundación, gastaría todo en carrete o le compraría una casa a sus viejos. La respuesta que sea reflejará bastante bien qué sueña hacer con su vida también.

La idea es reflejar, de alguna forma, cuáles son las metas financieras de largo plazo de ambas personas. Discutir las prioridades de cada una (comprar una casa pronto o terminar de pagar el CAE) y ser lo más honestas y honestos posible.

No tienen que ser todas en la misma cita. Y si no hay química y no habrá segunda cita, al menos sabrá que es importante hablar metas financieras personales. Puedes subirlo como meme a tus redes sociales. Si sale algo bueno de la conversación, porfa cuéntame en cartas@fintual.com

Y bueno, sí funcionó: compartiendo gastos (e ingresos)

La conversa salió bien y la relación avanzó. Avanzó tanto que ya viven juntos y planean tener mascotas. O este artículo te pilló en tu décimo año de relación y ya tienen 3 hijos. Como sea, ya es hora de planificar los gastos juntos.

Primero, vean cuánto gana cada uno. A muchos no les gusta esta parte, pero es fundamental saber de cuánto disponen.

Luego, cuánto gasta cada uno y si tienen deudas (por separado o no). Todo directo a un Excel, un papel o lo que prefieran.

La idea es que armen un presupuesto de gastos entre ambas o ambos que sea sostenible y donde encuentren un punto de equilibrio. Para ello, necesitan preguntarse:

¿Cómo quieren dividir los ingresos?

Si ganan montos muy distintos, aquí deben tomar una decisión. ¿Quieren que cada uno aporte proporcional a su sueldo, todo mitad y mitad o que quien gana más se haga cargo de los gastos compartidos?

Si van a hacerlo proporcional, primero tengan claros sus gastos para calcular cuánto paga cada uno.

Si lo harán mitad y mitad o que una persona pague todo, deben asegurarse que alcance. Suena bien obvio, pero a veces te puedes envalentonar, ir a medias y que en realidad no alcance para poder cubrir tus propios gastos o ahorrar un poquito que sea.

¿Hay gastos personales o todo entra al mismo saco?

¿Quieren que todo lo que gastan se comparta en el mismo excel? ¿O van a asignar un monto de gasto para las cosas comunes, y cada una o uno ve qué hace con lo que le sobre?

Esto es bien importante si uno de los dos tiene alguna deuda propia. ¿Será un gasto de la pareja, o quien adquirió la deuda la paga solita o solito?

¿Cuánto gastan al mes y en qué?

Hay que sentarse a calcular cuánto gastan y en qué cosas. Un buen ejemplo es este artículo donde te contamos cómo administrar tus finanzas en solo dos horas al mes. Sería lo mismo pero incluyendo los gastos de ambos.

  1. Gastos fijos:

Si viven juntos, todo lo que gastan en la casa o departamento. Si no, lo que gastan en conjunto, como la suscripción al gimnasio.
Básicamente es todo lo que no pueden dejar de pagar para vivir. Pueden subdividirlo a su vez en gastos del hogar, de los hijos, el auto, las mascotas, etc.
Tip: mientras más dividido esté, más fácil les será ver dónde pueden ahorrar un poquito o qué cosas en realidad no están ocupando pero siguen pagando.

  1. Ahorro/inversión

Pueden ahorrar/invertir en conjunto o no.
Como sea que lo hagan, deben identificar cuánto están guardando mensualmente para hacerlo y en qué (fondos mutuos, APV, etc.). Quizás hasta motivas a tu pareja a ahorrar un poquito más o tener objetivos de ahorro en conjunto (como los objetivos grupales de Fintual 😏).

  1. Gastos chao culpa en conjunto y propios

Una vez que gastaste en todas las cosas necesarias, puedes darte lujitos. A esos les llamamos gastos chao culpa. Salir a comer, comprarte zapatillas que no necesitas. Todos los “¡para esto trabajo!”
Pueden tener un presupuesto conjunto de estos gastos, o que cada uno gaste lo que le sobre.

Teniendo claro los 3 ítems y cuánto de cada uno pagarán en conjunto o no, pueden distribuir la carga de gastos. Tomen la suma de todo lo que gastarán en conjunto y…

  • Si van a hacerlo proporcional, tomen la suma de todos los gastos en conjunto (Gasto conjunto) y la suma de ambos ingresos.

La proporción que pague cada uno será:

\[ Proporción_{mía}= \frac{Proporción_{mío}}{Proporción_{mío}+ Proporción_{tuyo}}\]

Entonces deberá pagar:

\[Pago_{mío} = Proporción_{mía} \cdot Gasto_{conjunto} \]

  • Si van a hacerlo mitad y mitad, asegúrense de que la mitad de todos los gastos en conjunto le alcanzan a quien gana menos. Suena obvio, pero no siempre lo es. También asegúrense que, si hay gastos personales que no entran al saco conjunto, lo que está pagando cada uno sea menos que su ingreso total.
  • Si solo uno pagará todos los gastos, misma advertencia de arriba: asegúrense que ese sueldo alcance para pagar Gastoconjunto.

¿Cómo hacer el seguimiento de los gastos?

En la misma planilla o usando una app. Hay varias bien buenas. Personalmente, a mí me gusta Splitwise.

Lo que hacen estas apps es permitirte ingresar cuánto vas gastando y dividirlo con un grupo de personas. Sirve para viajes, parejas, lo que sea. Así vas ingresando cada gasto que asignaste a Gastoconjunto y vas dividiendo como acordaron antes (te permite proporciones, no solamente pagar la mitad).

Es importante eso sí que a fin de mes vean si lo que presupuestaron que gastarían efectivamente se cumplió. Si está muy lejos del presupuesto, quizás es mejor sentarse a recalcularlo o estar más pendiente el mes siguiente.

Como sea que decidan dividir sus gastos, lo importante es conversar sobre el tema. Compartir con la otra persona qué esperas de tu futuro financiero. Si se animan, comprometerse a un plan y, quizás, ponerse metas de corto o largo plazo. Juntar cierto monto para las vacaciones o comprar un auto en 2 años. Celebren sus victorias cada vez que las consigan, y replantéense cuando noten que no están consiguiendo cumplir el plan.

Lo importante es que la plata pase a ser una herramienta más que un dolor de cabeza. Se puede.

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