Spencer, una película singular

Spencer, uno de los estrenos más importantes del año, llega finalmente a cines chilenos con una triple promesa: Pablo Larraín, Kristen Stewart y la Princesa Diana. Los titulares se escriben solos y la película, alabada por la crítica, debería tener algo para atraer a cualquiera. Analicemos cada punto y veamos qué nos depara esta fábula.

  • Kristen Stewart. Mundialmente conocida (¿infame?) por Crepúsculo, la actriz ha buscado desligarse de los blockbusters que la definieron en su adolescencia. Ha colaborado exitosamente con cineastas indie e internacionales, beneficiándose en particular de su trabajo con el francés Olivier Assayas. Sin embargo, para el grueso de la gente, aún no ha demostrado su talento. Protagonizar la biografía de un ícono como Diana parece ser lo que finalmente callará a los escépticos, ya que Stewart dominó sus manierismos y acento americano, y consiguió las mejores alabanzas de su carrera, además de muchos premios esta temporada.
  • La Princesa Diana de Gales. Amada por El Pueblo, aterrizó a la estoica corona británica dándole un rostro cálido y la humanidad que no los caracterizaba. Farándula real, apoyó causas sociales a la vez que aparecía en portadas de revistas de moda y, si bien su vida estuvo marcada por sucesos trágicos -un trastorno de conducta alimentaria, las infidelidades de su esposo, su controversial muerte-, se convirtió en un ícono que hasta el día de hoy persevera. No por nada la serie The Crown aumentó notablemente su popularidad cuando en su cuarta temporada incluyó a este personaje, encarnado por Emma Corrin.
  • Pablo Larraín Matte. Nuestro mayor exponente internacional en el mundo del cine ha logrado posicionarse en Hollywood como un director respetado después de una serie de películas chilenas notables (No, El Club, Neruda, Ema). Su productora Fábula es sinónimo de calidad y recientemente empezó con éxito una prometedora trilogía que examina a mujeres icónicas de la historia en momentos cruciales de su vida. La primera fue Jackie, con Natalie Portman y la segunda es Spencer. Por qué un hombre chileno es la persona correcta para contar estas historias es una pregunta que dejaremos para otro momento, pero ha sido una decisión fructífera para el director, que ya debe estar cocinando la mejor forma de cerrar este proyecto.

Spencer se aborda con imaginación y valor

Y ahora, estos elementos idiosincráticos y muy distintos entre sí se juntaron para traer una película singular. Spencer es más que un experimento o una entrada curiosa y caprichosa en la filmografía de sus artistas. La historia se centra -como saben hacer los mejores biopics- no en contar la vida entera de su sujeto de estudio, creando una especie de Wikipedia audiovisual que repasa los grandes hits de su vida. Sino más bien en un hecho acotado, un par de días que sirven como pincelada, como la punta de un iceberg que nos delatan todo lo que necesitamos saber de Diana en un momento específico y que nos dejan con ganas de profundizar más.

Es Navidad, y Diana tiene que pasar las fiestas en un castillo con la familia real, de quien ya se encuentra alejada. Las costumbres anticuadas y los protocolos no son para ella y la luz pública la persigue para conocer todos los detalles de su sufrimiento. Esto ha dejado a la princesa sumida en la desesperación de no pertenecer a ninguna parte y tener que fingir y actuar para cumplir con las expectativas de todo el mundo. Y, a pesar de que la película se enfoca y revuelca en esta desesperación, va un paso más allá, desafiando lo que podría haber sido una historia más convencional.

Diana está irritable y hace su malestar evidente. Empatizamos con ella, pero también la observamos y ella, por supuesto, resiente esta mirada. La película utiliza simbolismos y secuencias oníricas para representar su encierro y nos muestra pasajes que definitivamente no ocurrieron, tomándose libertades con una historia que quizás ya conocíamos demasiado bien. Estos riesgos se sienten frescos, ya que a nadie le haría muchos favores el contar la historia que esperábamos ver.

Y, aunque no todo funcione en Spencer, se agradece el abordar con imaginación y valor algo conocido, siendo críticos con el material y jugando con él para crear una historia original que no deja de honrar finalmente a su protagonista. Quizás es la forma más entretenida de jugar con la historia hoy en día.

Nota de riesgo:

Lleguen por Diana, Pablo y Kristen y quédense por lo que hicieron con el material. Aunque no le guste a todo el mundo, siempre es preferible que se atrevan a desordenar lo conocido y sorprendernos. Es una película arriesgada.


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