La película The Lost Daughter

La actriz Maggie Gyllenhaal se sienta por primera vez en la silla de la dirección y logra una de las mejores películas del año con The Lost Daughter. Protagonizada por Olivia Colman, el nuevo drama de Netflix nos muestra un personaje complejo e intrigante que viene a remecer con una mirada incómoda a un tema conocido.

Leda (Colman) llega a una isla remota a regalarse unas solitarias vacaciones. En la playa lo pasa suficientemente bien consigo misma, evitando a la gente que se le acerca y observando a una mujer en particular. Es la madre joven de una niña chica y hay algo en su languidez y en su mirada que capta la atención de Leda, la identifica y la obsesiona.

De a poco nos adentramos en la cabeza de la protagonista. Nos enteramos de que tuvo hijas y que ahora no las tiene cerca. Su relación era complicada y algo la hacía alejarse de ellas. Leda piensa que la mujer que la cautiva está pasando por algo similar y, cuando la hija de esta se pierde, ambas se encuentran y forman un vínculo.

Es una conexión intangible pero verdadera. Y qué raro cuando el cine logra capturar algo así. Nos da la sensación de saber lo que los personajes piensan y desean, y preguntarnos por qué, cómo, qué harán después. The Lost Daughter es un drama psicológico filmado como película de suspenso, que lentamente muestra sus verdaderas intenciones y desenmaraña aquello que parece no poder decirse: hay mujeres que simplemente no quieren ser madres. Hay madres que no quieren estar con sus hijas. Pueden quererlas pero rechazarlas. O puede que ni siquiera las amen. Y se sienten atrapadas dentro de un paradigma social que las condena por estos impulsos, que las avergüenza por permitirse sentir algo así.

El personaje de Leda viene a desafiar esa convicción. Y Maggie Gyllenhaal es inteligente y atrevida en su aproximación a la película porque deja la moral fuera de la cuestión. Aquí no estamos para discursos patriarcales de las “malas madres” o explicar “qué fue lo que pasó” que dejó al personaje así. Aquí estamos para ver. Para presenciar un caso particular, un sentimiento real, humano y comprensible.

De manera sutil, The Lost Daughter es confrontacional y valiente. Las películas parecen perderse a menudo en discursos fáciles, moralejas o enseñanzas. Nos causa rechazo cuando algún personaje se comporta fuera de lo aceptable y su película lo avala. Pero una manera más desprejuiciada de entender el cine tiene que ver justamente con permitir que en la pantalla existan imágenes y sonidos que quebranten el mundo que nos felicitamos por haber armado. Aquel donde preferimos que las cosas sean buenas o malas y que no hayan preguntas incómodas. Gyllenhaal desorganiza esa noción. La ensucia con una mirada tan sencilla pero al parecer tan abyecta. Y el resultado es atrapante, fascinante y se siente como algo nuevo.


El cine está pasando por un momento crítico en que les productores no se están atreviendo a arriesgarse con propuestas nuevas y confrontacionales, para asegurar el retorno de su inversión. En esta época de apuestas seguras, evaluaremos las películas según su riesgo.

Nota de Riesgo para The Lost Daughter: arriesgada. Es un discurso que Hollywood no se atrevería a tocar con un palo así que felicitaciones por ese lado, pero el tener a actrices famosas (Colman, Dakota Johnson) en los roles protagónicos lo hace un poco más digerible y por lo tanto la salva de ser una apuesta completamente loca.

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