Heartstopper: la representación importa

Basada en una novela gráfica reciente, la nueva serie de Netflix Heartstopper parece haber tocado una fibra sensible en la gente. Es una historia de amor LGBTIQ+ adolescente, tierna y positiva, que fue vista por millones de personas en su primera semana de emisión y tiene a las redes sociales alabando el tipo de representación que supone.

Porque, tras generaciones en que las historias queer fueran principalmente trágicas, el romance de dos quinceañeros con un final feliz parece revolucionario. Aquí nos muestran a Charlie, un chico abiertamente gay, enamorarse de Nick, un compañero rugbista que aún está entendiendo su sexualidad. Ambos inician una relación y en 8 cortos capítulos todos sus problemas parecen haberse resuelto. Y eso es todo.

Así como la comedia romántica se instaló como género que reproducía el amor romántico y heteronormado, poco a poco empiezan a existir una serie de contrapartes más diversas.

Todo esto no significa que Heartstopper sea la primera serie en hacer esto, que sea el ejemplo más notable o esté libre de problemas. Es una historia predecible y azucarada, que explora la relación gay principal en desmedro de la lésbica y la trans-cis que también presenta. Sus conflictos se resuelven tan rápida y fácilmente como aparecen, como si se tratara de una fantasía.

Pero de alguna manera, el punto se sostiene.

Heartstopper: un romance queer

Heartstopper retrata fielmente la vida dentro y fuera del closet mostrando a protagonistas con masculinidades sensibles y refrescantes, que buscan resolver los problemas mediante el diálogo y no hacerse daño. El amor para ellos es algo positivo y no una carga o condena que definirá sus vidas.

La serie visibiliza la bisexualidad con una complejidad pocas veces mostrada y no niega que la homofobia y el bullying siguen existiendo, lo que le quita unos grados de ingenuidad.

A la audiencia joven a quien Heartstopper está dirigida puede que la serie no le llame la atención. Y ojalá que así sea, lo que señalaría progreso. Pero para quienes somos un poco mayores, los colegios tolerantes, preadolescentes con responsabilidad afectiva, personajes trans enamorándose y padres comprensivos con la sexualidad de sus hijes son temas que estaban ausentes de nuestras pantallas cuando crecimos.

Son el tipo de ejemplos que terminan haciendo una diferencia en la forma en que vemos el mundo, nos relacionamos con los demás y nos entendemos internamente.

Son historias negadas por siglos, que finalmente salen a la luz.

Nota de riesgo:

Fijar la atención de la cámara en una mano tímida rozando otra, o en la felicidad de un joven al recibir un ❤️ del chico que le gusta por Instagram puede literalmente salvar vidas. Aunque la serie sea extremadamente convencional, no deja de ser arriesgada.

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