Don’t Look Up

Además de comer sobras navideñas, parece que lo otro que hizo todo el mundo este fin de semana fue ver Don’t Look Up, la nueva comedia de Netflix.

Con actores como Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence, Meryl Streep y Cate Blanchett, la película es una sátira sobre el fin del mundo que ha sido trending topic durante días. Muchos la amaron y otros la odiaron, pero todes la vimos y nadie quedó indiferente. Alguna fibra habrá tocado.

La historia parte cuando dos científicos descubren un cometa que impactará la tierra en unos meses provocando la extinción humana. Pero cuando intentan alertar a la NASA, no pasa mucho. Van con la presidencia y nada. Frustrados, se acercan a los medios que minimizan el asunto. Nadie parece creerles o tomarle el peso a la noticia. Y es que en un mundo de fake news y de exceso de información nada parece ser muy real. ¿Cómo sabemos a qué ponerle atención cuando están pasando tantas cosas?

Asustados, los científicos barajan sus opciones para enfrentar la indiferencia o estupidez humana. Y como espectadores nos frustramos con ellos, ya que este cometa ficticio puede fácilmente homologarse a otra cosa. ¿La crisis climática? ¿La pandemia del COVID? Da lo mismo. La premisa de Don’t Look Up es intencionalmente contingente. Muestra de forma absurda, pero verosímil cómo reaccionaría a una catástrofe un mundo donde la política es farándula, los superricos toman las decisiones más importantes, los medios buscan suavizar las cosas y la ciencia es algo prescindible.

Don't look up

Puede ser doloroso de ver, pero el tono es tan burdo y las actuaciones, caricaturescas, que hay suficiente distancia para que podamos entender de qué nos reímos sin ponernos a llorar por lo condenados que estamos.

Jennifer Lawrence en la película Don´t Look Up

Y quizás por lo mismo hay mucha gente a quien no le gusta. Lo que Don’t Look Up muestra no es agradable y tampoco es sutil. Pero el rol de la comedia es hacer que nos reconozcamos en los aspectos más feos y menos favorecedores. Es permitirnos reír de aquello que aún intentamos ocultar, para exponerlo, dejar que exista y, con eso, enfrentarlo.

Quizás es insuficiente. Y puede que no sea nada que no supiéramos. Pero aquí Hollywood no opera sacudiéndonos e iluminándonos ante una realidad que no queríamos ver. Si no más bien es un espejo, un reflejo chabacano y desagradable que nos muestra que no somos mejores de lo que creemos. Y ese es un llamado a la acción igualmente válido. La próxima vez que veamos un espectáculo político negacionista, tendremos un referente de lo absurdo que es. Cuando científicos nos alerten en TV de algo serio, pero sin el carisma para entretenernos, escucharemos con más atención.

Don’t Look Up pareciera una película extraña, de esas que ya no existen tanto ahora que el cine se volcó a los superhéroes y franquicias. Es accesible y actual, para toda la familia, muestra un tema urgente de forma lúdica y genera una conversación al respecto. Que nos guste o no, ¿importa? ¿No es acaso el objetivo de una película como esta el tenernos hablando de ella, comparando puntos de vista y peleando por Twitter?

Ver el cine en un espectro más allá del binario bueno/malo da esperanza. Al igual que el sentir que se puede conversar con cualquiera sobre una experiencia común que tuvimos y que cada uno tendrá algo distinto que decir. Y si la película nos dejó algo, sabremos escuchar lo que opinan, aunque no nos guste.


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