Durante 6 años viví en St. Louis, Missouri, una ciudad grande del Medio Oeste (el Midwest) y que había tenido mejores días: durante el siglo XIX y principios del siglo XX había sido un centro neurálgico de los Estados Unidos, uniendo al Este y el Oeste mediante el principal ferrocarril del país y al Norte y al Sur mediante el río Mississippi, que pasa justo por su lado.
Después la decadencia del tren, la aparición del avión comercial y la explosión de las urbes en las costas (especialmente California), hicieron que St. Louis pasara a un segundo plano. Aunque de aquella época todavía quedan ciertos vestigios: los Cardinals, uno de los equipos con más historia de la Major League Baseball, la fábrica de Anheusser-Bush, la principal productora de cerveza del país –y dueña de la clásica Budweisser– pero especialmente Forest Park: el parque urbano más grande Estados Unidos, creado específicamente para la Exposición Universal de 1904. El Parque hoy en día cuenta con 3 canchas de golf, un zoológico gratis de nivel mundial, estadio de tennis, canchas de fútbol y baseball, restaurantes, lagunas, cientos de senderos, bosques, parrillas.

Pero sin duda lo que mejor que tiene es el St. Louis Art Museum, un museo gratuito que contiene miles de obras de pintores increíbles, desde Picasso y Van Gogh, hasta Matta y Canaletto. Era un lugar ideal para ir a leer, dar una vuelta por la colección permanente, tomarse un cafe y sentarse a trabajar (porque el wifi también era gratuito y volaba).




Un ahora y antes del museo.
Muchos de los artistas que reseño aquí vienen directamente de las horas que me pasé leyendo o trabajando al frente de alguna obra en particular. Obviamente, además de una colección increíble de pintura europea, también había una colección no menor de artistas norteamericanos. Sin duda la tradición pictórica de Estados Unidos no se compara con la europea, por lo menos hasta la llegada del Siglo XX y la reconversión de Nueva York como la metrópolis del arte por excelencia.
Pero de todas formas hay algunos pintores que nunca te dejan de llamar la atención. Y en esta semana de Midterms, donde los ojos del mundo estarán puestos en los comicios que definirán el futuro de la política americana por los próximos dos años, hay una pintura en especial que siempre me llamó la atención: The County Election, de George Caleb Bingham:

Esta pintura, de 1852 (aunque seguramente empezada en 1851) tiene todos los detalles de la política estadounidense de la época (cualquier semejanza con la época actual es solo una coincidencia).
Pero antes de ir al detalle, repasemos un poco la vida de George, que igual explica por qué pintó este cuadro y su posterior "serie electoral".
Caleb Bingham nació en Virginia, pero en la década de los 20 se murando a Franklin, Missouri: un pueblo que por esos años era de frontera con el territorio indio.
Bingham aprendió a pintar prácticamente solo. En la década de 1830 se ganaba la vida como retratista itinerante, recorriendo pueblos de Missouri y pintando a comerciantes, políticos locales y familias acomodadas. Su formación académica fue mínima: apenas unos meses en la Academia de Bellas Artes de Pensilvania en 1838, donde pudo estudiar obras europeas. Entre 1840 y 1844 vivió en Washington pintando retratos, y ahí tuvo contacto directo con el mundo político nacional.
Su salto a la fama llegaría con la principal característica de su lugar preferido, Missouri. En 1840 empezó a pintar escenas de la vida cotidiana en el río Missouri. Fur Traders Descending the Missouri (1845), con un comerciante de pieles y un muchacho en una canoa envueltos en una luz brumosa, hoy está en el Metropolitan Museum de Nueva York y es una de las imágenes más icónicas del oeste estadounidense.

Y en estos años viene el quiebre: de tanto dar vueltas por ahí y codearse con el mundo político, a Caleb le dio por meterse en política. En 1846 se presentó a la legislatura de Missouri y ganó por un margen mínimo, pero su rival demócrata impugnó el resultado y Bingham perdió el escaño. Esa experiencia amarga de fraude, presiones y conteos disputados alimentó directamente su “Serie electoral” de los años 1850. En 1848 volvió a postularse y esta vez sí ocupó el cargo. Por eso sus cuadros de elecciones muestran tanto el entusiasmo democrático como sus vicios.
Volvamos entonces a nuestro cuadro de las elecciones. Como me explicaba un amigo gringo experto en estos menesteres (su periodo de estudio era precisamente la frontera este del siglo XIX), el cuadro es un catálogo de personajes, vicios y también una celebración de la democracia. Todo en uno.
Su contraste favorito era el que se producía a la derecha del cuadro: un irlandés (que por entonces eran la fuerza inmigratoria odiada-amada por los estadounidenses) juraba que no había votado en ninguna otra elección y se presentaba para hacerlo en esta. Al mismo tiempo, un veterano de la guerra revolucionaria del 76, los llamados 76ers, baja las escaleras. En un par de metros se congregan la inmigración y la revolución.


Pero ojo, para entender todo el despelote que está sucediendo en el cuadro, hay que entender un punto clave de la política jacksoniana de aquellos años: en el Missouri de esa época no existía el voto secreto, se votaba a grito pelado. El votante subía a la escalinata del juzgado, juraba ser elegible y decía en público por quién votaba, mientras un secretario lo anotaba. Eso significa que todo el mundo sabía cómo votabas, así que las presiones, los sobornos y la intimidación eran parte constitutiva de los días de elección. El cuadro entero gira en torno a ese ritual público.
Algo que retrataría magistralmente Martin Scorsese en Gangs of New York años después.
Si seguimos bajando por las escaleras nos encontramos con otro de los aspectos central del cuadro: el alcohol. Aquí podían votar todos, sin importar su estado, así que si te pillabas a un honorable ciudadano en estado beodo, qué importaba acarrearlo un poco (sospecho que el término "acarreo" de votos viene de una idea similar). A su izquierda se puede ver a otro par que va directo al mismo abismo.

Pero también hay algunas cosas positivas. Se puede ver a varios ciudadanos conversando, discutiendo, mostrando cómo el proceso electoral sacaba a relucir algo esencial del ser humano: su racionalidad. Varios contertulios se debaten entre ambos candidatos, en una evidente discusión política.



Aunque el de la derecha siempre me pareció que estaba cobrándole una deuda al otro.
Y por último, lo que no podía faltar: el candidato, intentando convencer a los últimos adeptos justo antes de que se subieran al podio a votar.

Como decía al principio, lo que más me causaba gracia de este cuadro es lo actual que parece: tanto los vicios como las virtudes de la política estadounidense ya se veían reflejados en esta elección de Missouri.
Con los años y los viajes, me topé con el resto de su Serie Electoral: aquí vemos candidatos dando discursos, otros "recorriendo la calle" buscando votos y finalmente la lectura de los resultados.



Un recuerdo de lo que se viene este martes en las Midterms, de las cuales, por cierto, escribimos acá.