La primera vez que lo miras parece acuarela. Sigues de largo y de repente dudas, ¿seguro que era acuarela? ¿No era demasiado denso ese cuadrito? Vuelves tus pasos atrás y confirmas: es óleo, sin duda. Pero después de un rato te vuelve la duda y recorres hacia atrás tus pasos.
Después pasas a otras preguntas, tal vez más fundamentales: ¿qué importancia tiene el tipo de pintura y la técnica que usó? Personalmente, siempre intento sacarme de encima el prejuicio que tengo sobre la acuarela, por alguna razón –una razón que evidentemente no es de peso– me hace pensar en pintores aficionados vendiendo cuadros en una costanera de alguna playa, todos similares: gaviotas, barcos anclados en la orilla, cielo despejado con alguna que otra nube. Siempre la consideré una técnica "menor"; los pintores serios pintaban con óleo.
Por eso la primera vez que vi un cuadro de Lamotte me llamó tanto la atención, su forma de pintar, que te deja en la duda de si usó acuarela u óleo, fue una forma de considerar nuevamente mis prejuicios y aprender a valorar con otros ojos las diferentes técnicas.
Gracias al internet, pude averiguar fácil y rápido cómo Lamotte lograba este efecto: usaba el óleo, sí, pero con una técnica acuosa que le daba cierto parecido con las acuarelas.






Una técnica que se adaptaba bastante bien a su temática preferida: la vida urbana. Si bien nació y vivió en París buena parte de su vida, de donde pintó muchas de sus escenas más reconocidas, también vivió en Tahiti y en Nueva York.
A la Manhattan llegó a mediados del siglo XX, y su taller, llamado "La Pecera", se convirtió en reducto bohemio de aquellos años: Greta Garbo, Charlie Chaplin y Marlene Dietrich frecuentaban su taller.
Pero sin duda su visitante más célebre fue el escritor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry. Dicen que muchas de las páginas de esta nouevelle tan famosa fueron escritas en La Pecera. Cuentan que tras la caída de Francia en la Segunda Guerra Mundial, Saint-Exupéry se exilió en Estados Unidos y se hizo amigo de Lamotte. A comienzos de los años 40 pasaba mucho tiempo en el estudio de ubicado en la 3 East 52nd Street, donde trabajaría en El Principito.
Esa dirección es hoy la del restaurante La Grenouille, que cuenta que fue en el cuarto de arriba, donde vivía Bernard, que se escribieron pasajes del libro. Queda incluso un testimonio físico: una mesa que perteneció a Lamotte, en la que Saint-Exupéry grabó un boceto de su famoso personaje, exhibida en 2022 en el Musée des Arts Décoratifs de París. Además, Lamotte hizo las ilustraciones de Flight to Arras (Piloto de guerra), que se publicó en Nueva York en 1942.
El restaurante cerró hace poco, y su historia es tan genial que da para otro post completo. Pero así se veía el asunto:



Lamotte se hizo ciudadano estadounidense en 1951 y se casó con Lilyan White Kent, pintora y escultora, viuda del presidente de 20th Century Fox, Sidney R. Kent. Murió en 1983, a los 80 años, por complicaciones de una cirugía en el St. Luke’s Hospital de Manhattan.
Y nos dejó un montón de not-acuarelas.








