Inflación, término constantemente mencionado en diversos artículos, blogs de opinión y videos de tiktok de los cada vez más frecuentes veinteañeros expertos en finanzas.
Según la RAE (aii ya bien brindis de boda), inflación se define como la acción y efecto de inflar (duh) y también como la “Elevación del nivel general de precios.” Eso significa que si el año pasado una concha de vainilla costaba $10 y la inflación anual fue de 5%, en promedio hoy costaría $10.50.
En los últimos años en México nos “inflamos” mucho. Entre pandemia, crisis en cadenas de suministro, volatilidad del tipo de cambio y guerras, un país globalizado como nosotros presenta un aumento de aproximadamente el 30% en el costo promedio de vida.
“No le hagas, no hemos tenido un 30% de inflación”. Esto es correcto, pero funciona así:La concha que en el 2020 comprabas a $10 ha tenido este comportamiento año con año:

De forma que esos $13 que gastas hoy ($15 porque el señor nunca tiene cambio) representan un aumento del 30% aunque la inflación promedio de los últimos 5 años sea de 5.46%.
En otras palabras, lo que ya se había hecho más caro se hizo todavía más caro año con año.
Pero como si ese 30% fuera poco, hemos escuchado durante los últimos años que las rentas y los precios de vivienda suben mucho más; en algunas zonas populares (no de popular-pueblo, sino de popiular en inglés) como la Roma o la Condechi se han ido a 4 y hasta 5x.
El Americano con leche que te costaba $20-$30 en tu cafetería de confianza fue rebautizado como “cortado”, y se le sumaron el Flat White con leche de almendra y el Dirty [insert organic lactose-free sounding word], pero ahora cuestan de $70 o más de $100.
La cerveza de $30 en cualquier restaurante llega a los $80, ni hablaremos de las artesanales.
Supermercados gourmet reemplazan la tiendita de la esquina, y otras industrias como gimnasios, servicios médicos y el sector mascota también se convierten cada día en lujos accesibles únicamente para la altísima clase media-alta.
Yo misma me mudé a la CDMX hace 12 años, aunque se llamaba DF. Y si bien mis amigos chilangos (ni empiecen con que chilango es el que viene, es el que nació aquí) me recibieron con brazos abiertos, y hoy soy de las que cuando alguien visita se asegura de darle los imperdibles como la Lucha Libre y La Casa de Don Antonio, también es cierto que la cada vez más frondosa población, turística y ya instalada, impulsada por el “digital nomadism”, is kicking our butts.
No te diré nada nuevo: foráneos mexicanos y extranjeros llegan a la ciudad muchas veces dispuestos a pagar más de lo que el salario Cdmexiquense permite. Y como las oportunidades son de quien las toma, los negocios no dejan pasar la posibilidad de cobrar más caro. Los que al principio no lo hacen, eventualmente se ven forzados a seguir el mismo camino, porque cuando unos precios suben, todo alrededor se empieza a encarecer. En el caso inmobiliario, la escasez se hace presente además por la demanda de hospedajes que cierta aplicación, que no pienso mencionAir, genera.
Quienes llegan acceden a un mejor estilo de vida del que tendrían en casa, y el local cuyo sueldo, si bien le va, crece apenas al ritmo de la inflación real, paga cada vez más por vivir con cada vez menos.
Claro que hay cosas buenas. Para muchas personas y negocios, sus ingresos aumentan porque hay quienes están dispuestos a gastar más. Hay mayor derrama económica en múltiples sectores, nacen nuevos negocios, algunos barrios se revitalizan y, en ciertos casos, también sube el estándar de servicios e infraestructura.
Incluso hay beneficios menos obvios: intercambio de ideas, talento que circula, nuevas comunidades, más oferta cultural y oportunidades que antes no existían. En una de esas, hasta le empiezan a poner queso a las quesadillas.
Pero es un hecho que, para muchos, ese tostiesquite semanal que nos dábamos se convirtió en esquite, sin el tosti, quincenal.
¿Mi recomendación?
Hoy más que nunca es importante hacer que nuestro dinero trabaje. Porque si la inflación oficial es alta, la real que vivimos día a día es altísima. El dinero parado en tu cuenta corriente está perdiendo valor a cada instante.
Invertir ya no es solo crecer patrimonio, es defender tu poder adquisitivo. Porque no invertir, también tiene un costo, y en este México lindo y querido, donde vivir cuesta cada día más, dejar el dinero quieto sale muy muy caro.