El estreno de la última película de Alejandro González Iñárritu (Birdman, El Renacido, Amores Perros) tiene a la gente confundida. Después de meses de anticipación, la película más ambiciosa del año se estrenó ante críticas que la llamaron desde una obra maestra incomprendida hasta una de las peores películas del año, una decepción incomprensible y pretenciosa.
Lo cierto es que Digger da de qué hablar, ya sea por lo relativo a su temática postapocalíptica, porque supone el regreso a la actuación “seria” de Tom Cruise, por el fracaso en taquilla que está significando o simplemente por convertirse en el terror de la cinefilia actual: una película que no nos permite ponernos de acuerdo.
¿Otra sátira sobre cómo los poderosos están destruyendo el mundo?
En Digger, Cruise está cubierto de maquillaje y prótesis para interpretar a un magnate petrolero. Uno de los hombres más poderosos del mundo, que tiene contacto directo con el presidente de EE.UU. y se dedica a destruir el medio ambiente para enriquecerse.
González Iñárritu lo cuenta como una farsa grotesca, una exageración burda de una realidad que suponemos, esas conversaciones a puertas cerradas entre los dueños del mundo ad portas de una catástrofe climática. Vemos la facilidad con la que pueden alterar la opinión pública.
Los personajes son groseros, machistas, y Cruise hasta se permite un monólogo ininterrumpido que funciona básicamente como defensa al capitalismo que nos culpa a nosotros por el estado de las cosas.
Es provocador y un poco agotador, pero se entiende el punto y hasta ahí Digger cumple con lo que prometía.
Hasta que llega el giro.

Cuarenta minutos dentro de la película, Digger se transforma en otra cosa, algo que destruye lo que estábamos viendo y que no se anticipaba desde la promoción que tuvo la película. Es algo que vale la pena ver. El giro la convierte en una película mejor y al mismo tiempo peor, porque hace que intente abarcar mucho más de lo que termina logrando. Pero hay valor en el riesgo.
Digger, entonces, termina siendo dos películas: la sátira exagerada que conocíamos y la otra, un comentario sobre esta, que la apunta, la ridiculiza y la critica. Es un ejercicio meta que nos interpela sobre el rol del arte en medio de un mundo que se cae a pedazos. Nos pregunta si nos queda otra que reír para sanar, ver a los poderosos como bufones torpes y desmedidos, exponer su infantilidad, inseguridad y discriminación como si no supiéramos ya que poseen estas características.
Así, la película se vuelve una crítica de sí misma, una de la que no puede salir ilesa. ¿Reírnos en el apocalipsis cambia que el mundo se vaya a acabar?

Cómo salvar Digger: amigos de la industria y publicidad que abraza las críticas
Eso es lo que ha sido divisorio de Digger: si la desesperanza que transmite es suficiente. No es una película que proponga algo más que una constatación de que estamos en el fin y es poco lo que se puede hacer al respecto
Aunque no haya logrado decir algo novedoso, es una película que se arriesga y eso destaca en un panorama donde la mayoría se está yendo a la segura. No hay muchas películas como Digger, tanto por su escala ni como por su atrevimiento a deconstruirse, y eso la hace al menos digna de chequear.
Digger, que originalmente se proyectaba como el futuro Oscar de Tom Cruise, una película importante de un director consolidado, se estrenó frente a críticas negativas que hicieron que el público la desestimara.
Pero desde el fracaso crítico y comercial, Warner no se ha rendido con su último estreno (y gran inversión). La publicidad de Digger cambió para abrazar las críticas negativas, sacando clips en los que muestran su puntuación “podrida” de Rotten Tomatoes y hacen alarde de adjetivos usados en reseñas como “insufrible” o “desagradable”.
Decide for yourself. DIGGER – in theaters and IMAX FRIDAY. Tickets on sale now. https://t.co/Z1IpSpFnXd https://t.co/e5ID4WUxbL
— Warner Bros. (@warnerbros) September 29, 2026
Además, pesos pesados de la industria han saltado a defenderla. Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, directores mexicanos y amigos de Iñárritu, fueron de los primeros en expresar su desacuerdo con lo que estaba pasando con la película.

Luego se unieron otros: Anne Hathaway posteó en Letterboxd que era brillante, Jane Fonda defendió la actuación de Cruise y los directores Ron Howard y Michael Mann se unieron en declarar que había que ver la película.
El mismo Tom Cruise ha seguido twitteando sobre Digger, pero la verdad es que aunque pueda tener un regreso con los premios a fin de año, será difícil llevar a suficiente público para hacer de la película algo económicamente viable.
Porque Digger costó más de 170 millones de dólares, además de 100 millones extra en publicidad y hasta ahora, en su segunda semana, solo ha recaudado 35 en todo el mundo.

Skydance inaugura con uno de los mayores fracasos de la historia
Después de la ruina que significó John Carter (si no la recuerdan, no están solos), Digger sería la segunda película en la historia que más dinero ha perdido cuando se ajuste por la inflación.
Y es cierto que todavía está en cines y puede seguir recaudando, pero también es verdad que semana a semana esos retornos disminuyen y que ya muchos cines la están sacando de cartelera. Digger debería haber recaudado entre 300 y 450 millones de dólares para no terminar en pérdida para Warner y se pronostica que no juntará más de 60.
Se ve mal la cosa, especialmente porque Warner ha dejado de ser tal. Ya les habíamos anticipado una de las compras más grandes que se han dado en el mundo del entretenimiento. Paramount compró Warner y juntos serán Skydance, un monopolio de la industria que ha sido criticado por los trabajadores de la industria y temido por los asistentes al cine.
David Ellison, el nuevo dueño de la empresa, desvinculó los últimos días a los directores del área de cine Michael de Luca y Pamela Abdy (responsables de hits como Sinners y Weapons), blancos fáciles de decapitar tras el fracaso en taquilla de Digger.
De Luca y Abdy creían en lucrar con grandes blockbusters pero de vez en cuando permitían que autores consagrados tuvieran grandes presupuestos. Una batalla tras otra es un ejemplo de eso, que terminó suponiendo una pérdida de plata para el estudio, pero le dio caché cuando ganó premios y se convirtió en una favorita de la crítica.
Digger seguía esa lógica, del cine arte con presupuesto. El problema es que se les fue de las manos, y lo malo para nosotros como espectadores es que marca nuevamente un precedente de que este tipo de películas son muy arriesgadas para los estudios.
En una época en la que solo tenemos refritos multimillonarios que son éxitos de taquilla (este año, sin ir más lejos, dos de los mayores recaudadores son la nueva de Spider Man y la de Mario) o pequeñas producciones que no suponen grandes pérdidas, Digger se situaba en un lugar poco frecuente. Y su fracaso hará que directores independientes tengan menos acceso a grandes presupuestos para contar historias originales.
El tiempo dirá, y muchos pronostican que Digger se convertirá en un clásico de culto, pero es igualmente factible que termine siendo una película olvidada, una mera advertencia de los peligros de soñar en grande.
Nota de riesgo: muy arriesgada.