La palabra "ecléctico" viene del griego éklektikos, que significa algo así como "el que elige algo". A veces se usa para definir algo que junta muchas cosas dispersas, que amalgama, aunque el término original apunta más a algo o alguien que es capaz de armonizar estilos, ideas o cosas que en apariencia son contradictorias o independientes.
Felice Casorati te da esa sensación constantemente. Algunas de sus pinturas parecen simbolistas, otras, impresionistas. A veces pinta naturalezas muertas y otras retratos a medio cuerpo que se quedan mirando fijo al espectador. Podrían perfectamente ser pinturas de artistas diferentes. Pero no, Casorati lograba eso: ser muchos pintores a la vez.
Tal vez su historia personal sirva como explicación de tanta vuelta estilística: nacido en 1883, primero estudió piano, pero luego de una grave enfermedad empezó a interesarse en la pintura. Lamentablemente, su madre lo obligó a convertirse en abogado.
Corría el año 1907 y una pintura suya fue expuesta en la Bienal de Venecia. Fue la gota que rebalsó el vaso: Casorati mandó al demonio sus estudios de derecho y se dedicó full time al arte.
Como muchos pintores, partió a la usanza naturalista: pintando de manera lo más fiel posible la realidad. Luego vivió en Nápoles, donde le impresionó la pintura de Bruegel, y después en Verona, donde se acercó a los jóvenes artistas rebeldes de Ca’ Pesaro en Venecia.
En esa época su obra empieza a mostrar la influencia de Klimt y la Secesión vienesa: superficies decorativas, colores planos y un aire simbolista, como en Le signorine (1912).

Y una vez que entras a Klimt, ya no hay vuelta atrás.
Su carrera, eso sí, se vio truncada como la de muchos por la Primera Guerra Mundial, en la que fue soldado. Mientras tanto, su padre se quitaba la vida en 1917. Todo esto lo llevó a instalarse en Turín junto a sus hermanas y su madre. Ahí encontraría el tiempo y la paz para desarrollar su propio lenguaje pictórico.
En estos años toma forma la "juguera" de Casorati: Silvana Cenni y Meriggio (ambas de la misma época) muestran figuras serenas, casi estatuas, en espacios medio vacíos, con perspectivas duras y una atmósfera como de misterio.


Su pintura recuerda un poco a la de De Chirico, con el “retorno al orden” de la posguerra pero también con el realismo mágico, y también con los maestros del Quattrocento como Piero della Francesca.







Al final, Casorati te deja una sensación extraña, como si fuera diferentes pintores o como si fuese capaz de hacer cualquier cosa, lo que se le viniera en gana ese día. Al final se lo terminó vinculando mucho con el realismo mágico, aunque esa es una discusión tan amplia, y que va tanto de la literatura a la pintura, como de Europa a Latinoamérica, que me parece mejor dejarla de lado (incluso, mi sensación es que fue una etiqueta puesta ex post).
Prefiero quedarme con esa escena familiar que te deja una añoranza por una buena sobremesa de verano.
