“Y les tenemos una sorpresa. En lugar del bus van a volver en Teslas autónomos.” Era pasearse entre Teslas estacionados y elegir dónde subirse.
Me subí al asiento de atrás de una Cybertruck con Raúl Alcaíno ex alcalde, presentador de Noche de Ronda (“amigos y amigas…” decía) y actual empresario. Adelante iban Julio Pertuzé, presidente de la fundación Chile y Pelayo Covarrubias, presidente de la fundación País Digital. Creo que yo era el único del viaje sin Wikipedia.
La Cybertruck se manejó sola hasta que los presidentes de las fundaciones se obsesionaron más de la cuenta con las funcionalidades de la pantalla y el sistema de seguridad los castigó, desactivando el FSD (Full Self Driving). Julio tuvo que retomar el volante.
Habíamos llegado a la fábrica de Tesla gracias al Chile-California Council, una organización sin fines de lucro apenas financiada (100 millones de pesos al año) por el Ministerio de Relaciones Exteriores, que logra levantar fondos de empresas en Chile y California. Originalmente pensada para aprovechar las similitudes más que nada geográficas y climáticas, supongo que en algún momento hizo sentido hablar de semillas, pesticidas y técnica de riego, se ha mantenido vigente y en este viaje hablamos de video generativo e inteligencia artificial. También hacen misiones para discutir de terremotos, incendios y temas donde es Chile el que aporta más.
Horas antes entrábamos juntos a NVIDIA, que justo cruzaba la meta de vender 1 billion USD al día. La conversación ahí era si a Chile le convenía como Estado ofrecer un datacenter con modelos open source para todos los chilenos, tal como lo anunció Corea del Sur. Yo hacía cálculos con el que fue mi profesor de inteligencia artificial, Álvaro Soto, para entender cuánto podría costar la medida. Como también iba en el viaje Carlos Díaz, el gerente general de la división de litio de Novandino, resulta aquí decir que dar acceso a un Kimi K3 (un modelo chino open weights) a toda la población costaría apenas un tercio de lo que recibió el Estado el primer semestre de 2026 gracias a los ingresos de la inversión de Corfo en SQM. Es una cifra importante, 500 millones de dólares, pero quizás si se trata de entregar inteligencia a la población de un país, se puede pagar. Si miramos la inteligencia artificial como la nueva electricidad, es razonable pensar que cada país necesita su infraestructura y no es bueno depender de nadie.
En el viaje iban senadores, diputados, empresarios, académicos y startuperos como yo. Un verdadero viaje de estudios, con las mismas dinámicas de 3ero medio donde a veces la organizadora tenía que alzar la voz para lograr silencio en el bus. El micrófono se usó más de una vez para amplificar pachotadas cómicas entre republicanos y socialistas que calmaron sus diferencias a punta de humor. El nivel de la conversación, sin embargo, fue excelente. Logramos discutir ideas casi sin ego involucrado. Probablemente gracias al contexto, se dio un intercambio como casi nunca se ve, poca consigna, poco dogma, harta duda y reflexión sincera. Mientras estábamos allá, la prensa chilena publicaba fotos de nuestra visita a las empresas más importantes del momento, pero el valor del contenido de las charlas en las empresas fue ínfimo comparado con el tremendo valor generado por la interacción entre las propias personas de la misión.
“Entonces pudo ser un retiro en Rancagua”, dirá un lector más ácido. Le respondo que aunque todos habían probado ChatGPT, fue fundamental estar juntos ahí para sentir lo empinada de la curva exponencial de cambios que estamos viviendo.
Pasar horas arriba del bus fue generando confianza y con las charlas el grupo empezó a sentir la urgencia común de lograr que Chile descubra qué hacer ante el cambio enorme que se nos viene. Fue clave entender que la comoditización de la inteligencia no es algo que podamos comparar con la revolución industrial.
Después de cada visita, en las tardes, turnábamos el micrófono para compartir nuestras apreciaciones.
En una oportunidad hablamos de la necesidad o no de “regular la inteligencia artificial”. Las empresas que visitamos eran cuidadosas en no referirse a esto directamente, pero daban pistas de qué había funcionado y qué no. Cuando tomé el micrófono luego de escuchar a algunos parlamentarios dije “respiro aliviado al escuchar que no quieren necesariamente regular”, saqué risas y un “ya veremos cuando volvamos”. Claramente hay presión política que exige legislar, y es difícil que no se haga nada, pero al menos parecía haber cierto consenso de que sobrerregular era peligroso y que Europa no era un buen modelo. Singapur parecía algo mejor para mirar. En lo personal, me convencí de que sí necesitamos regular algunos aspectos: lo más evidente para mí es incluir en la ley la obligación de comunicar claramente cuando se está hablando con un agente de I.A. y evitar así que un agente se haga pasar por humano. Lo mismo con el contenido generado: pasar gato por liebre no debiera ser legal. En definitiva y escuchando la opinión de todos parecía haber un consenso en que lo que venía bien era a lo más una “ley marco”, definir un par de principios y no lanzarse a redactar.
En otro momento hablamos de la famosa “interoperabilidad de datos” en el Estado. Básicamente de lograr que desde un ministerio puedan tener una mínima idea de qué está pasando en el ministerio vecino, o más idealmente, que alguien (¿del segundo piso?) pueda consultar la “película completa” del aparato estatal sin tener que pedirle un reporte a cada ministerio. Me llamó la atención lo pedestre de las necesidades del Estado y la situación actual. Algo entiendo del problema porque en algún momento de Fintual fue necesario resolver algo similar cuando llegamos a definir los “data contracts”, que permiten que cada equipo se comprometa a crear y mantener un set de datos que le son útiles a otros. Alguien comentó que la realidad de digitalización del estado parecía un rascacielos construido sobre los palafitos de Chiloé.
“I’ve seen you before” me dijo el tipo de Global Affairs de OpenAI en la puerta de la oficina en San Francisco. Había estado ahí antes por lo del evento de Fintual y OpenAI en México. Pasamos y escuchamos un par de charlas. Me escapé de la sección de preguntas y afuera me esperaba un amigo chileno que había entrado hace un par de meses a trabajar ahí, fue pura suerte y nos invitó a comer con un grupo chico. Ahí hablamos de la locura de los agentes que se escaparon y hackearon Hugging Face y de una idea que me daba vueltas: ¿qué efecto tendría poner un “impuesto al token”? Hoy contratar personas tiene un costo alto en imposiciones, pareciera que todo el incentivo está en reemplazar personas por agentes, ¿no tendrá sentido equilibrar un poco para evitar que sea demasiado rápido todo y darle más chances a las personas de reinventarse?
Una de las empresas que yo mismo sugerí visitar fue Runway, la de generación de videos que recientemente levantó más de 300 millones de dólares. El destino se burla de nosotros y los dos fundadores chilenos de Runway estaban, paradójicamente y por primera vez en años, juntos en Chile. Pero fuimos y estaba el tercero, el griego Anastasis Germanidis. Uno de los senadores se mostró particularmente preocupado por entender qué pasaba con los derechos de los dueños del contenido que se usaba para entrenar. Usamos partnerships con los dueños de los derechos, dijeron. La respuesta sonó tranquilizadora, pero ¿entrenaron todo el modelo a partir de datos de ese partner en particular? ¿Y si fuera el caso que se usó todo YouTube para entrenar? resultaría bastante imposible determinar en qué medida aportó cada creador para compensarlo de manera justa. Mi opinión ahí es que esta es una discusión muy compleja que atrae la atención pero que resolverla o dejarla arder no tiene un efecto inmediato en el país, a diferencia de otras discusiones urgentes, a mi juicio dos:
- Qué hacemos para reaccionar rápidamente en el caso de que esta tecnología efectivamente tenga un efecto (aunque sea transitorio) en el desempleo.
- Cómo logramos que Chile tenga algún tipo de soberanía.
Durante toda la experiencia nos acompañaba un grupo de Whatsapp con todo el “curso”. Cuando se acercaron las últimas horas aparecieron los saludos y agradecimientos. Que ojalá que no quede aquí, que esto es solo el inicio, que hay que seguir trabajando. Es justo el riesgo de los viajes, what happens in Vegas stays in Vegas. Pero más vale que lo que pase en California sí se venga a Chile y reaccionemos rápido porque me parece que mucho tiempo no hay.
Los participantes:
Gobierno y diplomacia
- Patricio Cabezas, el Cónsul General de Chile en San Francisco
- Andrés Ergas, el Embajador de Chile en USA
- Sebastián Vallebona, el Subsecretario de Hacienda
Congreso
- Diputado Patricio Briones
- Senador Ricardo Celis
- Senador Luciano Cruz-Coke
- Senador Rojo Edwards (presidente de la Comisión de Desafíos del Futuro)
- Diputado Raúl Leiva
- Diputado Diego Schalper
Sector público / agencias
- Héctor García, el Jefe de departamento de la Cancillería (DECYTI)
- Pamela Gidi, la Jefa de asesores del Ministerio de Ciencia y presidenta de INLiSa
- Gonzalo Mardones, el Jefe de gabinete de la ministra de Energía
- José Ignacio Mujica, el Vicepresidente ejecutivo de Corfo
- Eduardo Mundt, el Jefe de gabinete de la Subsecretaría de Hacienda
- Pablo Terrazas, el Jefe de gabinete de la Presidencia Ejecutiva de CAF
Academia y ciencia
- Paula Aguirre, la Vicerrectora de Inteligencia Digital de la UC
- José Correa, el Vicerrector de Tecnologías de la Información de la U. de Chile
- Antonia Larraín, la Vicerrectora Académica de la U. Alberto Hurtado
- Anil Sadarangani, el Director de Innovación de la U. de los Andes
- Álvaro Soto, el Director de CENIA
- Patricia Vicuña, especialista en percepción remota y ciencias antárticas
Fundaciones y gremios
- Guillermo Carey, socio de Carey y presidente del directorio de ForoInnovación
- Pelayo Covarrubias, el Presidente de Fundación País Digital
- Andrés Iacobelli, cofundador de Elemental y presidente del directorio de la UAI
- Cristián Lefevre, el Presidente de EY Chile
- Loreto Leyton, la Directora ejecutiva de la Fundación Chilena del Pacífico
- Julio Pertuzé, el Presidente de Fundación Chile
Empresas
- Raúl Alcaíno, el Presidente del directorio de Resiter
- Roberto Belloni, el Director y gerente general de Empresas JY
- Jeffrey Dawes, el Director de Resiter S.A.
- Carlos Díaz, el Gerente general de Nova Andino Litio
- Julián Herman, Managing Director & Partner de BCG
- Carlos Honorato, el Gerente de Transformación de Mallplaza
- Cristóbal Lea-Plaza, el Gerente de Asuntos Gubernamentales y Políticas Públicas de Google Chile
- Belkis Mira, la Gerente senior regional de BCG
- Wilson Pais, director de empresas tecnológicas
- Miguel Ángel Ruiz, el VP de Personas de Walmart Chile
- Eli Senerman, el Chief Strategy and Transformation Officer de Grupo Falabella
- Max Undurraga, el Gerente Comercial y de Negocios de ENEA Ciudad Aeropuerto
Startups
- Tomás Bercovich, el Cofundador y CEO de Global66
- Agustín Feuerhake, el Cofundador y CPO de Fintual
- Lukas Zorich, el Cofundador y CTO de Fintoc
Chile California Council
- Eduardo Bendek, científico investigador de NASA Ames y consejero
- Ralph Benson, Consejero
- Lily Bravo, Program Manager del Programa de Resiliencia Climática
- Evan Epstein, el Copresidente
- Claudia Garlaschi, Program Manager
- Alejandro Huneeus, Director
- Victoria Hurtado, Consejera
- Lovell S. Jarvis, Director
- Tomás McKay, arquitecto y planificador ambiental
- Tatiana Molina, la Copresidenta
- Valentina Rodríguez, la Program Director