Hope: el primer impacto, ahora en cines, parece tenerlo todo para ser un clásico de culto. No hay que pensar en la lógica, solo entregarse al shock de adrenalina que provoca, pasarlo bien y no hacerse muchas preguntas. Y da gusto sentirse parte de esa aventura, siguiendo una premisa lo suficientemente simple como para que se detone la acción y permitir que se tome la pantalla por casi tres horas.
Los habitantes del rural y modesto pueblo de Hope Harbour viven de manera tranquila. Hasta que sus animales empiezan a morir, aparentemente atacados por algo demasiado grande y violento como para tratarse de algo conocido.
El misterio dura poco para ellos, ya que en cosa de horas se desata una masacre.
El jefe de policía Bum-seok (Hwang Jung-min) y su compañera Sung-ae (Hoyeon) tienen que hacerse cargo aunque estén desabastecidos, mientras que más allá de la aldea un grupo de cazadores intenta encontrar lo que sea que esté causando el caos.
Y es cosa de ver el despliegue técnico del que la película presume en esta primera secuencia. Se construyó un set inmenso que simula el pueblo destruido por el cual aldeanos corren de lo que sea que los está persiguiendo.
En serio, es cosa de ver el trailer para dimensionar la escala de lo que se creó:
Un pueblo entero destruido por ALGO que no vemos, que Hope aprovecha para sus escenas más emocionantes, escapes en auto por calles llenas de rubble, personas intentando sobrevivir en lo que pareciera un videojuego en el que te pueden matar en cualquier momento.
La película se entretiene dilatando el momento en que aparece aquello que está atemorizando al pueblo, confiando en el dicho que asegura que lo que más miedo da es aquello que no se puede ver. Y aquí viene lo polémico, porque todo eso cambia cuando se revelan los monstruos.

Malos efectos especiales: ¿autodestrucción de la película o consagración como acción de culto?
Hope es la cuarta película de Na Hong-jin en ser presentada en el Festival de Cannes, y la primera en la Competencia Oficial. Todas habían sido thrillers de acción, por lo que la gente más o menos sabía a lo que iba. Pero esta vez era diferente: una escala mayor, la película surcoreana de mayor presupuesto hasta la fecha (casi 50 millones de dólares), un par de actores de Hollywood (Alicia Vikander y Michael Fassbender están detrás de los aliens) y un lugar en la selección principal del certamen más importante del mundo.
La expectativa era alta y se sostuvo al menos durante la primera hora de la película. La gente estaba a bordo, celebrando la visión y la originalidad de la propuesta, así como la audacia del festival de sucumbir ante el género.
Pero cuando Hope reveló a los antagonistas, las criaturas dejaron bastante que desear. El CGI parecía incompleto, un 3D un poco anticuado, que les daba a los monstruos un aspecto brillante y como si no tuvieran peso.
En Cannes el público estaba tomándose la película en serio hasta que aparecieron los aliens y de repente todas las críticas se centraron en eso.
“Tiene toda la credibilidad de un glitch de un juego de computador”, fue una de las más indolentes.
Uno pensaría que los efectos eran del nivel de Niu Lai, la película china hecha por dos pesos que este año se volvió viral por lo deficiente de sus gráficas.

Pero esa es otra historia. Y a ver, no son peores que los que uno encontraría en la película palomitera de turno. Monstruos piñuflos hemos tenido en varias películas. Es solo que íbamos tan bien, tan bien, que un desperfecto como este duele más de lo que debería.
La película consiguió distribución post Cannes, con el compromiso de seguir editándola y puliéndola para mejorar la calidad del 3D.

Independiente de eso, la película tiene algunos problemas pero todos pueden ser perdonados si eres el tipo de público correcto.
Los personajes son unidimensionales, pero da lo mismo. Hay intentos de humor, pero oye, se agradecen. Las peleas son repetitivas, pero da igual cuando están grabadas con tanto brío. Los humanos desafían toda ley de la física en sus intentos de sobrevivir, la película ni siquiera tiene final y es mejor ni pensar en los errores de continuidad espacial, porque para qué. No es ese tipo de película.
Lo que sí es es una serie de secuencias elaboradas, filmadas de manera creativa y emocionante, una película como ninguna otra que haya en cartelera actualmente. Un guion que no intenta vendernos una metáfora sobre algo que no está ahí. Solo te pide que te entregues a lo divertido que puede ser ver monstruos inmortales (en serio, ¿pueden morirse de una vez?) peleando con un grupo de humanos que parecen hormigas descartables, pero que bien podrían terminar salvando el mundo.
La insistencia de la película en ser ella misma es lo que termina por convencer, se convierte en su estrategia, un homenaje al género se podría decir. O simplemente una de las experiencias más entretenidas que podrás tener en el cine esta temporada.

Nota de riesgo: moderada.