¿Quieres entender problemas complejos (que no es lo mismo que complicados)? Busca a alguien que sepa de biología. Pocos sistemas reflejan tan bien las relaciones sociales como los cuerpos vivos. ¿Su meta? Sobrevivir. No prosperar, no crecer, no transformarse. Sobrevivir o morir.
A veces, cuando las cosas no nos resultan como queremos, pensamos que el sistema no logra entendernos. “Que el mercado está muy inmaduro”; “que el resto se está perdiendo mi visión”. No. Simplemente es que no hemos entendido el sistema y los códigos que este utiliza para integrarnos como solución legítima.
Conclusión: hay que comprender el sistema y hacer que trabaje para ti. Eso es lo que logró Anastasia Gutkevich.
La Zarina del helado que cura ha entendido eso en estos 10 años en Chile. Le costó, y mucho, pero su estrategia ha estado llena de recovecos, laberintos; errores y aciertos. Y finalmente está resultando.
Vender helados en la Unión Soviética y en Chile
Nuestra historia parte en un laboratorio de la Unión Soviética, en la remota Siberia. Anastasia, una niña de 3 años, crece entre pipetas y discusiones académicas de sus padres, dos biólogos visionarios.
A los pocos años cae el Muro de Berlín. La URSS pasa a ser Rusia. Impera la lógica de “cada uno se las arregla como pueda”. En 1985, estos dos científicos, los padres de Anastasia, demostraron la estrecha relación entre la microbiota intestinal y el cerebro: el cuerpo no funciona como compartimentos aislados. Hay cada vez más evidencia de que la salud de nuestra microbiota afecta nuestro estado de ánimo, nuestro sistema inmune, niveles de energía e, incluso, algunos ejes hormonales.
En 1985, el papá de Anastasia agarró su maletín, cual vendedor de enciclopedias, para ir a mostrar sus nuevos hallazgos a lo largo y ancho de la inmensa Rusia. “Los pediatras y nutriólogos trataban a mis padres de charlatanes”, cuenta Anastasia.
Pero como buen biólogo, el Sr. Gutkevich entendió que debía insertarse en el sistema, no luchar contra él. Ya había llegado a una conclusión propia de su entorno: “el frío era el mecanismo perfecto para mantener las bacterias beneficiosas para la microbiota estables y efectivas” Así que decidió incorporar esas bacterias en helados.
En Siberia, donde hay una heladería por cuadra, lenta pero sostenidamente, los niños empezaron a tomar helados que los curaban gracias a este salto científico. Gutkevich utilizó los nodos disponibles de su propio sistema para desplegar su medicina. ¿Quién no querría tomar un helado que te sana?
En 2014, el producto de la familia Gutkevich se administraba a los niños de todos los jardines infantiles de Rusia. Así nacía la precuela de Bifidice, la biotech fundada por Anastasia Gutkevich que hoy es un boom en el retail.

Habiendo entrado a vender en Cencosud aquí en Chile el 2025, están preparando su entrada en los mercados de Perú, Colombia y Argentina.
Pero lo que pasó entre 1985 y 2025 dista mucho de ser una linda historia. Mantener a Bifidice con vida ha sido tan complicado como los experimentos que han dado lugar a su éxito.
La vida post Caída del Muro
. En 1992, sus padres, otrora respetados científicos del régimen soviético, pasaron a arreglárselas para sobrevivir en uno de los parajes más fríos e inhóspitos de la Tierra. Él, empujado por su pasión, pasó a ser investigador voluntario de noche. No recibía ni un peso del Estado. Para superar la dieta a base de pan y cebolla que tenían durante la Unión Soviética, Gutkevich se hizo taxista de día.
Nada de mentorships, networkings, aceleradoras ni EtMs, elevator pitches ni VCs. Mr. Gutkevich, a pulso, empezó a vender péptidos a la industria farmacéutica. En el año 2000, la Anastasia adolescente se incorporó al negocio familiar. “Yo era la oveja negra de la familia”, dice Anastasia. “Solo obtuve un Ph.D. en Negocios y Economía, no uno en ciencias más duras, que es lo que se esperaba en mi familia”. Se hizo experta en Marketing. “Lo científico ya lo tenía. Mis conversaciones familiares eran sobre bioquímica desde que tengo memoria. Aprendí todo eso mucho antes de saber qué era una empresa”, recuerda nuestra protagonista.
La traición
Poco a poco, el negocio fue creciendo hasta que ganaron la licitación para la “Junji” rusa. Los socios de la familia, que pusieron el capital para desarrollar la logística e infraestructura necesarias para abarcar el enorme mercado ruso, armaron una empresa en paralelo, a la que fueron transfiriendo paulatinamente toda la propiedad y los derechos intelectuales de los Gutkevich. El biólogo ya no era necesario para el negocio. Se lo quitaron. Por fortuna, el Sr. Gutkevic registró la propiedad intelectual de su producto en Luxemburgo, previendo la debacle de su incipiente imperio.
Mientras tanto, Anastasia trabajaba como gerente de marketing del “Starbucks ruso”, como ella lo denomina. “Abrí 110 locales”. Acá llega el primer insight que me chocó de Anastasia: “Yo me di cuenta en el mundo de la cafetería, y luego de hacer mi tesis doctoral en marketing de empresas innovadoras, que la innovación no es rocket science. Mejorar un ápice de la vida del consumidor ya es innovación”.
Endeudados, robados y frustrados, el marido de Anastasia le mostró el programa Startup Chile. Postuló. Quedó.
A Chile los pasajes
“Llegué el 2 de julio de 2016. Con una maleta. Nada de español”, cuenta Anastasia con la economía de lenguaje que la caracteriza. En este punto, desde cero y en un país que nada tenía que ver con su natal Siberia, Anastasia entendió una obviedad que pocos emprendedores conocen: “Foco en ventas. Era vender o morir. No había otra opción”. Lo que mantiene vivos a los sistemas son los flujos, no los nodos. Si quieres matar un jardín completo, prívalo de luz y agua; si sacas la mitad de las plantas, otras nuevas crecerán (te dejo acá un análisis de los flujos sistémicos en torno a la errada decisión de matar a El Mencho, la cabeza del Cártel de Jalisco).
Luego de hacer helados curativos de manera artesanal con la heladería Filippo, en 2017 Anastasia vendió 10 millones de pesos; en 2018, 50. En 2019 iba en 100 millones. Y llegó el estallido social.
En búsqueda del crecimiento: el golpe del mundo inversionista
En 2021 diversas personalidades del entorno startup chileno recomiendan a Anastasia captar inversionistas para crecer. “Volvió la paranoia de que, de nuevo, me quitaran todo mi negocio”, recuerda Anastasia. Un llamado de Pablo Zamora, el ex NotCo, empezó a cambiar su parecer. “Me despertó de nuevo la ambición. En octubre de 2021 empecé a listar potenciales inversionistas. Y me equivoqué: no entendía que la lógica de los inversionistas es la misma que la del funnel de ventas; parten muchos, convierten unos pocos”.
Ahí es cuando se dio cuenta de que no era parte del sistema que quería cambiar. “Acá se evaluaba mucho el que yo fuera mujer. No tenían puntos de referencia para situarme; yo no podía hacer analogías”. La narrativa es así: intenta que otro entienda lo más fidedignamente posible lo que tenemos en nuestra cabeza mediante un relato. Sí, un relato es una analogía; la analogía de lo que yo entiendo por la realidad, pero traducida a la de quien me escucha. Anastasia no tenía una para el sistema chileno.
Ante este muro de NOs, Anastasia decidió apostar por el crowdfunding: “ellos me aseguraban el 100% de éxito, pero lograr esa meta era tremendamente complicado. Además, yo fui muy ingenua al respecto. El negocio te exigía juntar el 30% de tu meta de inversión con fuentes propias”. Como es lógico, Anastasia no tenía las redes para alcanzar semejante meta. “Yo no tenía con quién organizar estos eventos para recaudar fondos privados; no conocía a nadie y mi empresa no tenía track record en Chile”. La ronda fracasó.
Anastasia buscó inmediatamente a los grandes inversionistas y a los mejor conectados; ellos no tenían oídos para ella. Como suele ocurrir en procesos sistémicos, el flujo puede llegar de lugares inesperados: “Fueron mis Mamás -como llama Anastasia a sus primeras clientes que compraban helados Bifidice- las que me salvaron”. Sus Mamás metieron 60 millones de pesos. En 2023 logró juntar otros 600, esta vez con un cambio de narrativa: “Mi producto eran mucho más que helados; yo vendía los resultados de una biotech”.
Jumbo y el visto bueno del sistema
En 2025, luego de haber sido finalista de los premios de innovación Avonni de 2022, el CEO de Jumbo se la jugó por Bifidice. Anastasia se hizo parte del sistema. “Ahora el desafío eran los volúmenes. Produjimos mucho, pero no logramos las metas de ventas”. Pese a eso, Cencosud abrió las puertas para los otros mercados latinoamericanos: “Fui a Colombia, Perú y Argentina con mis helados en la maleta”. Como cuenta, “2025 fue el año de viajar; este es el año de vender”.
El negocio está aún lejos de ser rentable, pero Anastasia hoy construye con mirada sistémica, trascendiendo con creces la esfera comercial. “A fines del año pasado me llama una funcionaria de ProChile. -¿Quieres ir con el Presidente Boric a Corea del Sur?- Pensé que era una estafa, pero a los pocos días estaba en el avión presidencial yendo a Asia. También ha captado el interés de un fondo de inversión en Luxemburgo. Ahora estoy metida muy fuertemente en el gremio biotech EMBIO, desde donde espera multiplicar los efectos de sus avances.