Cualquiera que vea fútbol regularmente sabe que es un negocio gigante, y que cada vez más el deporte se tiene que ir adaptando a las reglas del dinero y no al revés. Hace algunos años era impensable que el Real Madrid y el Barcelona se fueran a jugar un partido a Arabia Saudita. Ahora la Supercopa de España se juega todos los años en el Estadio Ciudad Deportiva del Rey Abdalá.
Pero el fanático del fútbol hacía vista gorda y sintonizaba estos partidos extraños obviando que en vez de hinchadas hubieran 100,000 tipos vestido enteros de blanco.
Hasta que llegaron los infames cooling breaks.
Todo partió con una idea loable: si hacía mucho calor durante el partido, el árbitro podía pararlo a la mitad del primer o segundo tiempo y permitirle a los jugadores que se fueran a tomar agua. Se implementó en Chile durante el verano y en el Mundial de Clubes.
Pero luego se institucionalizó, y ahora todos los partidos tienen un entre tiempo dentro de cada tiempo. En la Copa Libertadores, por lo menos, no te cortaban la transmisión, y podías ver a los técnicos dando instrucciones. Ahora simplemente te chantan una tanda comercial que incluso se termina después de que se reanudó el partido.
Toda la gente que conozco, los odia. Salvo un amigo que opina que es el momento perfecto para ir a buscar otra cerveza al refrigerador. Seguramente sea de los que tomarían este nuevo producto mundialero de la cervecería Coors.

Y es que tanto los cooling breaks como la Tallerboy son dos muestras de la misma tendencia: La FIFA está obsesionada con ganar más plata. ¿Y cómo lograrlo? Adecuándose a las técnicas gringas de marketing deportivo (muy exitosas, por cierto) y vendiendo los tickets más caros de la historia.
Los cooling breaks son muy evidentes: los norteamericanos están acostumbrados a que sus deportes tengan tandas comerciales cada 5 o 10 minutos (piensa en el básquetbol o en el fútbol americano). Seguramente 45’ + descuentos se les deben haber hecho eternos. Y no solo para la televisión, también la gente en el estadio está acostumbrada a pararse a comprar varias veces por partido. Basta mirar los estadios vacíos justo antes de empezar el segundo tiempo.
Fue algo que me tocó ver muchas veces cuando iba a ver a los Cardinals de St. Louis (un equipo de baseball): cada vez que bateaba el contrario, el estadio se vaciaba y todos partían a los concesionarios a comprarse una cerveza y un hotdog, mientras seguían el partido por alguna de las miles de televisiones puestas alrededor de los anillos exteriores del estadio. Yo no lo podía creer, acostumbrado a agarrar un buen asiento en el estadio llegando 3 horas antes y moviéndome de ahí solo si mis ganas de ir al baño eran incontrolables.
Pero donde más se nota es en el precio de las entradas.
El Mundial 2026 tiene más equipos que cualquier otro (48) y por eso habrán muchísimos partidos: 104. Eso da un aproximado de 6 millones de entradas disponibles. Y como FIFA está obsesionada con subir las utilidades del Mundial, además de vender espacios comerciales en los cooling breaks, decidió manejar ella misma la venta de entradas por primera vez.
Ingenuo yo, pensé hace un par de años que la cantidad de partidos y los países random que iban a participar harían más baratas las entradas. Me equivocaba: según The Economist los precios son 2 veces más caros que en Qatar y 4 veces más caros que en el último Mundial en USA (ajustado por inflación).
Además, hay “dynamic pricing”: el precio cambia según la demanda. Tal vez te ha pasado cuando cotizas pasajes de avión para un viaje familiar o con amigos: mientras más gente esté cotizando el mismo pasaje en un mismo momento, basta con sacar a pasear al perro para que al volver haya subido el precio. Con el sistema de ticketing de la FIFA está pasando algo similar: entras a una web bien discreta, con harto bug y mucho lag, y si logras encontrar un precio que no te deje en la pobreza absoluta, tienes que tener la suerte de que no suba cuando aprietas “pagar”.
Aunque seguramente los que pasaron más rabia fueron los que hace harto tiempo compraron los “Right to buy”, un token que te daba la preferencia para comprar una entrada cuando salieran. Al final no solo servían para comprar entradas categoría 1 y 2, las más caras, y la FIFA, dicen, se embolsó millones de dólares con estos tokens que nunca se canjearon.

Me costó creer que fuera cierto. Pero incluso el fiscal general de Nueva York mandó a investigar a la FIFA por los precios y forma de venta de las entradas.
Por todo esto es tan difícil contestar la pregunta Cuánto cuesta ir a este Mundial. Porque como nunca antes, la respuesta es “depende”. La FIFA misma comentó que “los precios están alineados con las tendencias a lo largo de diferentes deportes y espectáculos de la industria norteamericana”. Más claro echarle agua.
Igual, se pueden sacar datos de algunos lados: The Economist hizo algunas proyecciones, y cuentan que seguir a Brasil durante la fase de grupos cuesta unos 3,800 dólares. Un poco más caro que Argentina, Portugal, USA y Escocia (?). Además, 95 de los 104 partidos han visto los precios dinámicos subir, en un promedio de 34%. Y por si fuera poco, la FIFA cobra una tajada del 15% por cualquier reventa. Y le cobra el 15% al vendedor y al comprador.
Qué lejos quedaron esos días en que la FIFA se resistía a subir los precios de las entradas para apañar a los fans, como contó el presidente de la federación de fútbol norteamericana del año 94, Alan Rothenberg.
Y es que antiguamente la FIFA sacaba las lucas de los derechos de transmisión. En Qatar ganaron 3 billions por este concepto. Este año, la FIFA espera sacar lo mismo solo de la venta de entradas. Y otros 4 billions por los derechos de transmisión.

Lo increíble, es que los estadios parecen estar llenos en su mayoría (aunque queda harto de la primera ronda todavía). Incluso con partidos bien, bien discretos. La FIFA la tiene clara: el Mundial de fútbol es el evento deportivo y cultural más importante del mundo, y no importan los precios: la gente quiere estar, cueste lo que cueste. En el fondo, el precio termina medio relativizado.
¿Y si quieres comprar un ticket ahora? En teoría, no quedan tickets en la página oficial. Por lo tanto hay que ir a la reventa. Ahí, los precios también son bastante dinámicos (porque los pone el vendedor, obviamente). Pero se están dando algunas situaciones un poco extrañas: como que en esos mismos sitios de reventa te ofrezcan varios asientos juntos, en un paquete. ¿Y los precios? Bueno, digamos que accesibles no están. Así se ve un sitio de reventa hoy, para entrar al Lumen Field, Seattle.

La FIFA tiene algo muy claro: el fanatismo por el fútbol a nivel mundial solo va en aumento. Así que puede seguir subiendo los precios sin arriesgarse mucho.
Pero no quiero terminar este post sonando como un viejo amargado que va al estadio a gritar que todos los jugadores de su equipo son pésimos, que solo tocan para el lado y que en su época sí que eran buenos (ojalá que mi suegro no lea esto), porque todavía me gusta mucho el fútbol y detesto el “todo tiempo pasado fue mejor”.
Así que voy a cerrar este post contándoles la historia del practicante de Fintual que se ganó una entrada para la inauguración del Mundial.
Nunca había ido a México. Llegó a su pieza y al día siguiente partieron a las 6 de la mañana al Estadio. Fue de los primeros en llegar, y quedó impactado por la cantidad de policías y guardias que habían. Como eran de los primeros, todo fue bastante expedito. Ya pasando los primeros controles dice que se sentía el ambiente festivo.
Me cuenta que cada cierto rato se le venía la misma frase a la cabeza: “no puedo creer que esté acá”.
Abrieron las puertas y fueron de los primeros en entrar al Estadio. La recomendación para estos partidos siempre es “abúrrete adentro del estadio, no afuera”. El caos del primer partido, la cantidad de personas, la logística, las filas, todo hace que te puedas perder algunos minutos por quién sabe qué imponderable. Así que siguiendo este sabio consejo aprovecharon todas las activaciones de sponsors dentro del Azteca, que obviamente es imponente.
La inauguración lo pilló de sorpresa, no esperaba un show tan bueno. “Me hubiese gustado ver más a Shakira porque estaba hacia el otro lado, aunque J Balvin estaba muy cerca nuestro”. Bueno, no se puede tener todo en la vida. La escala de todo era brutal: desde la cantidad de gente necesaria para estirar las banderas de los países hasta las filas infinitas de graderías que veía cuando miraba hacia arriba.
¿Lo más curioso? “Conocí tres personas que estaban al lado mío, les pedimos una foto y cachamos que eran chilenos. Y no solo eso, eran familiares de una persona que trabaja en Fintual”.
Todos los que vimos el partido por la tele coincidimos en que no fue un gran partido. Pero nuestro practicante nos recuerda por qué todo es mejor en vivo, en el Estadio: “cada vez que México cruzaba la mitad de cancha el Estadio empezaba a retumbar. Así cualquier partido te atrapa”.
No puedo reproducir lo que me dijo de cuando fue el primer gol, salvo que lo llenaron de cerveza que voló desde todos lados. Una locura total.

Pero para no cerrar tan arriba, una última cita: “lo que menos me gustó del partido fue la pausa de hidratación. No entendíamos qué estaba pasando”.
FIFA, no me importan tanto los precios, pero por favor saquen los cooling breaks.