Mis papás tienen dos pensiones y acceso a los tres principales sistemas de salud pública de México: Hospital Militar, IMSS e ISSSTE. Cuando necesitan algo específico, además pagan una consulta privada.
En papel, tienen tanta cobertura como cualquiera puede aspirar a tener en este país.
Y aun así, hace un par de meses mi mamá entró a una cirugía "menor" que "salió mal", y lleva ocho semanas en cama.
Mi mamá trabajó 30 años en el IMSS y su hernia de columna igual terminó operándose en un hospital privado. ¿La razón? En el Hospital Militar la lista de espera para atenderla era de un año, y en el IMSS algo parecido.
Un estudio de 2015 estimaba que el tiempo promedio para recibir un procedimiento quirúrgico en hospitales públicos en México era de 14 semanas después de tener el diagnóstico del especialista. Es un dato de hace una década, pero da la escala del problema.
Así que mi mamá juntó su presupuesto y tomó la cirugía ambulatoria por la vía privada. El doctor siempre la describió como algo sencillo: entraban con una aguja, "deshidrataban" las hernias de disco, un "piquetito" y listo, unos 50 minutos. Salió caminando. Al día siguiente empezó a perder movilidad, y después ya no toleraba el dolor de estar sentada.
El deterioro fue abrupto. No les quiero contar lo difícil que es tener que ponerle pañal a tu mamá, menos cuando hace una semana caminaba y bailaba.
En uno de esos primeros días, cuando todavía no hallábamos la causa de tanto dolor y yo sentía que mi mamá se moría, decidí llevarla a uno de los hospitales más caros de México. No me arrepiento, pero fue una decisión que cimbró las relaciones en mi familia: yo dije que podía tomarla sin consultarlo con mis papás, porque tengo un fondo de emergencia y mi desesperación era mucha. Al final ellos también dijeron que tenían sus ahorros y que era su responsabilidad.
Después de varias consultas con distintos médicos privados y dos biopsias, descubrimos el origen: una bacteria contraída en el quirófano, con infección en tres vértebras. Y aquí algo incómodo pero importante: el golpe no vino del sistema público que tanto criticamos, sino de la vía privada. La lección de esta historia no es la clásica "lo privado es más seguro". Es otra, y va más al fondo.
El diagnóstico exigía reposo absoluto, exámenes de sangre cada semana, suero y monitoreo constante. En un hospital privado la noche va desde 3,000 hasta 70 u 80 mil pesos.
Mi mamá estuvo seis semanas internada.
¿Cuántos años de seguro caben en un solo evento?
Ya con mi mamá estable y con un poco más de calma, no pude evitar preguntarles —quizá reclamarles un poco— por qué nunca contrataron un seguro de gastos médicos mayores. Entre culpa y sorpresa, me dijeron que siempre confiaron en tener el servicio público, y que el seguro les parecía caro.
Entonces hicimos la cuenta que nunca habíamos hecho.
El costo anual de un seguro de gastos médicos mayores en México, para una mujer de 60 años, ronda entre 40 y 70 mil pesos. Con lo que mis papás llevan gastado en estas semanas (seis semanas de hospital privado, más consultas, biopsias, laboratorios y medicamentos) se habrían cubierto cerca de una década de primas. Casi con cualquier supuesto razonable de costo por noche, el número da lo mismo: años de seguro caben dentro de un solo evento.
Pero cuidado, porque aquí es fácil sacar la conclusión equivocada: el seguro no se contrata porque "salga más barato" que pagar de tu bolsa.
En promedio no lo es; si lo fuera, las aseguradoras no existirían.
Se contrata porque acota el escenario que no puedes autofinanciar. Un SGMM no cubre el 100%, hay un deducible y un coaseguro, pero en un evento tan caro como el de mi mamá, el desembolso habría sido del orden de 20 o 30 mil pesos en lugar de cientos de miles.
Ese es el punto: no volverte inmune al gasto, sino cambiar una pérdida que te descuadra la vida por una que puedes absorber.
¿Cuál es la solución entonces?
Hay una distinción que entendí en carne propia estas semanas, y que separa dos cosas que solemos confundir.
Mi fondo de emergencia me dio velocidad: pude decidir a las doce de la noche llevar a mi mamá al mejor hospital sin pedirle permiso a nadie ni esperar a que un trámite avanzara. Eso, en una urgencia, no tiene precio.
Un seguro de gastos médicos mayores te da otra cosa: capacidad financiera para sostener el costo cuando el evento se alarga semanas y la cuenta se vuelve impagable. Las dos protecciones son distintas, y en esta historia las dos hicieron falta.
Al final, todos estamos a un "piquetito" de que se vayan los ahorros de años. Tener el fondo me dio libertad para decidir rápido.Y si de algo me convencí, es de que la libertad de decidir y la capacidad de sostener la decisión no son lo mismo, y conviene tener las dos.