La nueva película de Wes Anderson, The French Dispatch

Wes Anderson es un director icónico cuyas películas se identifican al ver un solo fotograma. ¿De cuántos directores se puede decir lo mismo? Con el estreno de The French Dispatch o La Crónica Francesa en cines podemos ver la evolución de su estilo singular, ese que ha venido cultivando desde hace décadas. Si te gustó el peak al que llegó en Moonrise Kingdom, e incluso el exceso de El Gran Hotel Budapest, no te puedes perder su última película.

Encuadres hipersimétricos, saturación de objetos en los planos, coreografías complejas, abundancia de color, historias dentro de historias, personajes desafectados. El estilo característico de Wes Anderson es tan claro que ha dado pie a parodias e imitaciones. Pero es único.

Y con los años solo se ha ido refinando y complicando. La Crónica Francesa pareciera a veces ser más la culminación de una búsqueda estética que una historia que al autor le interese contar por si sola. El guion como medio o excusa para un despliegue técnico y artesanal impresionante.

¿De qué se trata La Crónica Francesa?

Pero igual hay historia: se centra en torno a la muerte del director del diario La Crónica Francesa. Lo que vemos son tres cortometrajes que explican la relación de tres periodistas con el medio. Cómo llegaron y qué significa para ellos. El primero es una historia de amor en blanco y negro, un cuento de un hombre encarcelado (Benicio Del Toro) que descubre sus dotes de artista con una guardia que es su musa (Léa Seydoux).

En el segundo, una revolución estudiantil tiene a un joven (Timothee Chalamet) involucrándose con una profesora (Frances McDormand). En el último, un hombre a quien encarcelaron por su homosexualidad (Jeffrey Wright) debe volver a su prisión cuando se ve afectado por un secuestro. Son historias excéntricas, a veces cómicas, con giros inesperados y conclusiones agridulces. Un tríptico de relatos que conforman una unidad fílmica.

Nada es muy serio o relevante. Son viñetas livianas e idiosincráticas que parecen no ir a ninguna parte, sino que existir por el simple placer de existir. Pero al final, de alguna manera, todo se amarra de una forma que hace sentido y que eleva a La Crónica Francesa a una tierna oda sobre el trabajo periodístico. Una carta de agradecimiento a la profesión, con bondad y cariño.

Es, finalmente, más que el mero ejercicio estético que podría haberse pensado en un principio. Pero repito, ese apartado está tan bien logrado, que puedes ir a verla solo por las imágenes. Una sucesión de cuadros hermosos que posicionan a Wes Anderson como alguien que la historia del cine no va a poder reemplazar.


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