Aftersun, una película sobre memorias y recuerdos

Cada año esperamos los estrenos de directores destacados y estudios importantes. Esos que van aumentando nuestra anticipación durante meses antes de aparecer. Algunos decepcionan y otros cumplen las expectativas, así son las reglas del juego. Pero, más interesante aún, es que también cada año surgen como de la nada películas pequeñas, inesperadas, que se cuelan en algún festival y desde entonces el boca a boca hace lo suyo para anunciar su llegada.

Aftersun se estrenó en el festival de Cannes en mayo y desde entonces ha agarrado fuerza como una de las películas imperdibles del 2022. Es el debut de una directora joven (Charlotte Wells), una película independiente de bajo presupuesto que a primera vista parecería no tener mucho que la pudiese destacar. Pero hay algo que la ha hecho seguir en la conversación y ya consiguió importantes distribuidores (el imparable A24 y Mubi, donde se puede ver en Latinoamérica), ha juntado varias nominaciones y premios, y se consolidó como la película con mejores críticas del año.

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Aftersun: detrás de las vacaciones entre una niña y su padre

La trama es engañosamente simple. Sophie, de 11 años, se va de vacaciones con su padre Calum (Paul Mescal), que está por cumplir 31. Pasan los días juntos en un hotel y los vemos hacer todos los hitos normales de un viaje como este: piscina, juegos, tomar sol, karaoke, paseos. Es una mirada lánguida y naturalista a estos dos personajes yaciendo sin prisa mientras corren los días.

Hay, eso sí, algunas ideas que se nos van colando por debajo. El personaje de Mescal no está pasando por un buen momento. Si a la niña el cumplir años le parece emocionante, a él lo aterra e incomoda. Hay problemas económicos y una falta de rumbo que nos hacen preocuparnos por la salud mental de Culum, que Sophie entiende pero no del todo. La niña crece y se responsabiliza y el padre lamenta el paso del tiempo. Son detalles que se asoman de a poco, pero no es el único truco que Charlotte Wells presenta con este drama.

Entremedio, dos innovaciones formales nos empiezan a dar pistas de lo que está pasando por debajo.

Por un lado, está la cámara con la que Sophie graba estos momentos y que se cuelan en la historia como pasajes irrelevantes en los que pareciera estarse buscando algo más. Por otro lado, la imagen de Mescal bailando en una disco con luces estroboscópicas. Algo que pareciera ser más simbólico que realista. ¿Qué hay detrás de estas imágenes?

Cuando un par de escenas muestran a Sophie adulta, a punto de cumplir años, revisando el archivo de estas vacaciones, se aclara la intención de Wells de hacer una película sobre la memoria. El cine es quizás el medio más parecido que tenemos para evocar recuerdos y sueños y así es como se siente Aftersun. Como un intento de recordar, de reproducir, de volver a mirar. Lo que antes parecía una trama sin sentido se resignifica como una forma de mirar atrás.

Y lo que se quiere entender es la figura del padre, a partir de la poca información que nos da algo tan volátil y subjetivo como un recuerdo y algo más imparcial pero frustrantemente limitado como una grabación de video.

Aftersun es lo suficientemente abierta como para permitirnos especular sobre detalles. No sabemos si estos recuerdos son de la última vez que padre e hija se vieron o cuál fue el destino del personaje de Mescal. Mejor. Lo que hace entonces la película es desafiarnos a completar el espacio negativo con suficientes pistas dejadas sutilmente a lo largo de su metraje.

Y ese es finalmente el efecto que hace que una pequeña película tenga el potencial de colarse en festivales prestigiosos y, más importante aún, en la memoria de los espectadores. De destacarse entre tanto estreno cinematográfico. Aftersun nos involucra e interpela de manera que varios días después de verla seguirá en nuestra mente, como el mismo recuerdo enigmático con el que pelea su joven protagonista. Un intento por aferrarse a imágenes, momentos y partes del tiempo que están dando vueltas por ahí, aunque ya se fueron.


Nota de riesgo: hay quienes puedan verla y salgan pensando que no se trata de mucho, una película lenta sin mayores pretensiones. Pero seguro que alguna de las intenciones de Charlotte Wells, que sabe exactamente lo que está haciendo, se colarán entremedio. Se están tomando riesgos en Aftersun, y la posicionan como una película muy ambiciosa. Quienes viven en Santiago, aprovechen que la están dando en el cine. Arriesgada.

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