El fin de semana me encontré con la noticia del fallecimiento de la pintora chilena Carmen Aldunate a los 86 años. Hace tiempo que no me topaba con una de sus pinturas, aunque la necrológica en el diario me ayudó a recordar por qué siempre me había llamado tanto la atención.
Aldunate fue una pintora que en los momentos más fuertes del expresionismo abstracto se mantuvo firme en la figura humana. Siempre dijo que su pintura y su obra en general partían de la figura, en una época en que mucha gente pensaba que la pintura debía alejarse para siempre de cualquier tipo de referencia de la realidad.
Por eso siempre me pareció tan valiente, y al mismo tiempo, interesante (además, porque nunca logré entender del todo la pintura abstracta, pero ese es otro tema).
Y si hablamos de figuras de Aldunate, sus madonnas son lejos las más reconocibles:








No hay que ser un estudioso de la historia de la pintura para darse cuenta que las referencias de Aldunate vienen desde muy, muy atrás. Las madonnas de Aldunate toman referencias de Holbein, Rafael o incluso de la pintura flamenca de Van Eyck o de Weider.
Aunque para mí el referente más obvio siempre fue Pisanello.
Como varios de los artistas del renacimiento italiano, su vida es mitad verdad y mitad mito. El misterio siempre termina por rodearlo.
Antonio di Puccio Pisano, llamado Pisanello (o Vittore Pisano en el famoso texto de Vasari, por error), nació más o menos en 1395, probablemente en Pisa (sospecho que esto viene por su nombre). Eso sí, se crió en Verona, la ciudad de su madre, y que sería el centro de su carrera.
Se sabe poco sobre sus maestros y su formación, aunque el nombre de Stefano da Verona aparece harto. Otro dicen que el gran modelo de su juventud fue Gentile da Fabriano, con quien incluso colaboró.
Al poco tiempo se convirtió en pintor de la corte, donde trabajó con Gentile en Venecia, en los frescos del Palacio Ducal, y luego lo continuó en Roma, en San Giovanni in Laterano. Toda esa obra está perdida, lamentablemente. Tras la muerte del maestro Gentile, Pisanello se consolidó como pintor de la corte, siempre entre Verona, Mantua, Ferrara y Milán. Un recorrido que hoy podría ser un paquete turístico italiano.
Entre palacios y cortes, su rastro termina por perderse rápido. Tal vez pasó algunos años en Nápoles y otros entre Ferrara y Mantua. Lo que sí queda de Pisanello, son sus obras:







La cita de Aldunate me parece evidente, incluso más que en las otras referencias que suelen mencionarse. Cierto manierismo, los perfiles, las miradas serenas. Obviamente, las madonnas de Aldunate vienen pasadas por el tamiz de varios siglos de pintura e historia, pero logra hacer una "cita" única: no es una copia, pero al mismo tiempo la referencia es clara. Y eso, seguramente, es lo que la hace tan interesante.