La vida en de Cole Phillips fue, en general, bastante típica. Por ejemplo, nació en una de las 41 ciudades llamadas Springfield en Estados Unidos, en 1880. Estudió un tiempo en la Universidad de Kenyon antes de mudarse a Nueva York –lo que hacía cualquiera que quisiera ser artista–. Ahí trabajó primero en publicidad y luego, junto a un socio, fundó un pequeño estudio de arte comercial, ya que la ilustración para revistas y carteles estaba comenzando a convertirse en un trabajo bastante rentable. Pero no le fue tan bien con su empresa, así que decidió freelancear.
Murió joven, en 1927, a los 47 años, a causa de una tuberculosis.
Entonces, ¿qué lo hizo famoso? (sabemos que estamos usando la palabra "famoso" en su acepción más amplia, no nos juzguen).
Una técnica llamada fade-away-girl.
En los años diez, Phillips trabajaba para la revista Life. Las cosas no les estaban yendo demasiado bien, a pesar de la popularidad y prestigio de la revista. Estaban cortos de presupuesto. Y justo por esos años a Phillips se le ocurrió una forma genial de ahorrar un poco de color: que la figura de las mujeres de las portadas se confundieran con el fondo, usando lo que suele llamarse un "espacio negativo". Pocas veces una innovación técnica para ahorrar tinta de impresión era al mismo tiempo una innovación estilística que marcaría tendencia.
Todo comenzó con una visita que hizo Phillip unos años antes a un amigo suyo que tocaba violín en un bar vestido de esmoquin. Como el bar estaba oscuro, su amigo se confundía con la penumbra. Cuando la revista le pidió ideas nuevas, nació el fade-away-girl.
La primera, fue de una mujer dando de comer a sus gallinas.

Fue un éxito instantáneo. De ahí en más, las mujeres fade away no pararon de aparecer.









Esta técnica lo catapultó a la fama casi de inmediato. Sus ilustraciones aparecieron en las portadas de revistas como Life, Good Housekeeping y Collier's, retratando a mujeres jóvenes, elegantes y modernas, y que serían llamadas "Phillips Girls", y que se convirtieron en un ícono visual de la época.
Obviamente, todo esto tiene un tono irónico: que las mujeres de la época hayan sido representadas por un hombre dice mucho de cómo funcionaba la industria de las revistas en aquellos años, pues aunque el diseño editorial y los contenidos estuviesen pensados para mujeres, detrás de cada revisa había casi solo hombres.
Algo que por suerte cambiaría en los años siguiente.