Hay pintores que, más que talento, han sabido estar en el momento justo en el lugar preciso. Lo que hoy en día caracteriza a un buen fotógrafo, años antes de la expansión general de la capacidad fotográfica, era parte del olfato de algunos pintores, especialmente los que se dedicaban a plasmar en el lienzo hechos, momentos y personajes históricos.
Y para eso no alcanza con el olfato, hay que tener suerte también. Somerscales había nacido en Inglaterra a mediados del Siglo XIX, y se crío en una familia de marinos. Así que lo lógico era recorrer el mundo.
En el año 1869 pasaba por segunda vez por un puerto que cada día daba más que hablar: Valparaíso. Dicen que le gustaba bastante este puerto perdido en el sur del mundo, aunque nunca tanto como para radicarse en Chile. El problema fue que le dio malaria, que lo obligó a asentarse de manera indefinida en nuestro país. Buscó pega como profesor de dibujo –algo que se le daba muy bien– y terminó como profesor en el tradicional Mackay School, parte de la incipiente colonia inglesa de la ciudad portuaria.
De a poco su hobby se fue convirtiendo en su pasión, y su taller en Valparaíso abrió las puertas a jóvenes talentos como Álvaro Casanova, que más tarde serían renombrados pintores.
El conocimiento marítimo de Somerscales le permitió convertirse en el pintor de la incipiente armada naval chilena, protagonista indiscutible de la Guerra del Pacífico, que justo se desarrollaría frente a sus ojos.

Sus obras retratan los eventos que los chilenos convertiríamos luego en mitología nacional: el Combate Naval de Iquique, el Combate de Angamos, la Escuadra Chilena de 1879, entre otros. Un registro del Museo Histórico Nacional describe su pieza sobre la Escuadra Chilena en la Bahía de Valparaíso antes de la campaña, del 5 de abril de 1879, y el Museo Nacional de Bellas Artes conserva su versión del Combate Naval de Iquique, representando dos barcos enfrentándose en el mar, uno con bandera chilena y el otro peruano.




Uno de sus cuadros más famoso presidió las sesiones del antiguo Congreso hasta el Golpe Miliar. Todavía se lo puede ver en el viejo edificio del Parlamento en Santiago.

Pero Somerscales era un personaje inquieto, que no quiso definir toda su pintura en un solo tema. Así que salió a recorrer el país, y nos dejó una serie de obras que reflejan nuestro territorio desde el punto de vista de un inglés.







Aunque si me preguntan a mí, mis favoritas son las del puerto de Valparaíso. La densidad actual del puerto hace que muchas veces olvidemos lo hermoso que debe haber sido atracar frente a los cerros y la explanada después de un viaje de meses.
