Ya te habrás dado cuenta que todas las semanas reseñamos un artista. El proceso de elección del artista era relativamente sencillo al principio: veíamos los principales temas que íbamos a tratar en la semana –la pauta editorial podríamos decir– y pensábamos en artistas que reflejaran esas ideas de la mejor manera.
Al principio era sencillo: parecía que teníamos un pool de artistas infinitos para elegir. Lo lógico era comenzar con los más conocidos, los grandes maestros; luego empezamos a reseñar los gustos más personales –mucho artista japonés, harto pop art–. También intentamos pasearnos por diferentes estilos y periodos históricos. Pero eventualmente tuvimos que explorar otros medios y técnicas menos conocidos, como ilustradores de libros para niños, esculturas e incluso dibujantes de portadas de discos de rock.
Y la verdad es que el mundo de los ilustradores de revistas nos gustó bastante: ahí se desarrollan estilos y temáticas que la pintura más académica en general no aborda, y varias veces reseñamos dibujantes que aparecieron en las portadas de la época dorada de las revistas estadounidenses, como Vanity Fair, Life o el New Yorker.
Hoy nos encontramos –de pura casualidad– con la primera mujer en ilustrar para el New Yorker: Ethel Plummer. Es verdad que su obra es escueta, probablemente porque murió relativamente joven, pero eso no quita que tiene un estilo marcado muy llamativo –y muy del mundo de las revistas de principios de Siglo XX– y que además ayudó a abrir el camino para las futuras ilustradoras.


Las dos ilustraciones que Ethel hizo para el New Yorker
Ethel había tenido una infancia relativamente normal, muy de Nueva York: nació, se crío y estudió en Manhattan, así que a nadie le extrañó que su estilo fuera un poco el estilo de vida neoyorkino.
Se convirtió en una de las ilustradoras más reconocidas de su época. Hizo portadas e ilustraciones en los años 1920 y 1930 para revistas de moda como Vogue y Vanity Fair; pero también para revistar de lifestile como Life, Women's Home Companion, Shadowland y el New York Tribune. También dibujó ilustraciones para el New York Times, el New York Herald, Life y Vanity Fair.
Además, ella misma se convertiría en parte de su obra: era tan conocida que su propia imagen se volvió una especie de personaje. "La chica Ethel Plummer", que todos usaban como referencia, no era otra que ella misma: la mujer a la moda y chic, activa e inteligente.
Pero no hay que engañarse, estuvo lejos de ser una mujer superficial: aprovechó su fama y su figura pública para respaldar los debates feministas más importantes de la época. Por ejemplo, el sufragismo universal. Una vez se coló en una pelea de box junto a otras mujeres para reclamar por el derecho a voto. Terminaron todas arrestadas, pero metieron harto ruido.
Lamentablemente, se conserva poco de su obra, por lo menos digitalizado.









Igual, no se necesitan tantos ejemplos para notar su estilo tan particular y llamativo: la "Chica Ethel Plummer".