Mary Oliver nació en Maple Heights, Ohio, en 1935. Con los años se convirtió en una de las poetas más leídas de Estados Unidos, sus libros fueron éxitos de ventas y recibió algunos de los premios literarios más importantes del país, como el Pulitzer y el National Book Award. Algunos de sus poemas, como “Gansos salvajes” o “El día de verano”, se han vuelto inmensamente famosos, y sus versos se encuentran en poleras, tatuajes, imanes para el refrigerador, o también en epígrafes de otros libros.
En los últimos 10 años, su poesía ha comenzado a ser cada vez más leída y apreciada en Latinoamérica (sus primeras traducciones al castellano fueron argentinas). Como muestra de esto, el año pasado, Lumen editó su poesía reunida, Devociones, y este año la editorial Mansalva publicó el libro que le valió el Pulitzer: Americano Primitivo (1984)

Este año, sus lectoras y admiradores, así como la gente que aún no la conoce, tendremos la oportunidad de asomarnos a su vida personal, su relación con la fotógrafa Molly Malone Cook, así como a su trabajo poético, gracias al estreno del documental Mary Oliver: Saved by the Beauty of the World, dirigido por Sasha Waters. "Aquí te cuento por qué comenzar a leerla, por qué podría volverse tu poeta favorita y qué nos dicen sus poemas sobre la belleza del mundo.
Por qué leer a Mary Oliver
Oliver es una poeta sencilla que defiende la posibilidad de una poesía sencilla. Y es esta accesibilidad lo que le ha permitido alcanzar a lectores que no suelen leer poesía, lectores no especializados ni académicos. Quizá por eso ocupa un lugar más o menos incómodo en la poesía estadounidense de la segunda mitad de Siglo XX, distante de las poéticas más experimentales o académicas, y su obra pareciera haberse escrito de espaldas a las corrientes y movimientos de este periodo, como la poesía confesional, el grupo de Black Mountain, la escuela de Nueva York o los poetas del lenguaje.
Esto podemos advertirlo en sus influencias, donde no encontraremos a Pound, Olson o Williams, ni a poetas como Sexton, Bishop o Rich, sino, básicamente a los trascendentalistas (Emerson, Thoreau), a Whitman y Mevlana Rumi. Estas escrituras coinciden no tanto en una concepción particular de la escritura o el lenguaje, sino en una ontología que concibe el mundo como el lugar donde constantemente se revela lo sagrado. Para ella, lo sagrado no se circunscribe al espacio cerrado del templo ni es detentado por una clase sacerdotal, sino que es algo que se dona libre y abiertamente a cualquiera que se interne en los bosques, playas o praderas.

Otro aspecto que explica la apuesta por la sencillez es su concepción de la poesía como un arte comunitario: “creo que la poesía (…) desea una comunidad: es, indudablemente, un ritual comunitario. Y por eso, cuando escribes un poema, lo escribes para cualquiera, para todos. (…) Es una entrega. Siempre es un regalo. Un regalo para ti misma, pero también uno para cualquiera que tenga sed de él”.
Pero ¿por qué empezar a leerla? ¿Qué le podemos decir quienes la hemos leído a quienes (todavía) no?
Para responder de la manera más directa posible: porque podemos identificarnos con sus preguntas, sus dudas y hallazgos, porque de pronto pareciera que estamos leyendo la voz que ruge o murmura en nuestro interior, y otras veces es como la voz de nuestra mejor amiga, que de pronto, tras conversar horas y horas, a las cuatro de la mañana, nos suelta una de esas preguntas de las que solemos huir constantemente: “Dime, ¿qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?”.
Es difícil leerla sin sentir que alguien ha visto de pronto en el fondo de nuestro corazón. Es difícil no emocionarse, sentirnos escuchados, por fin comprendidos, o interpelados. Es difícil, en fin, leerla sin llorar. Pero este llanto no es el del sentimentalismo, sino el de la difícil verdad de uno mismo.
Salvada por la belleza del mundo
Una de las últimas entrevistas de Oliver fue en el podcast On Being, conducido por Christa Tippett, en 2015, cuatro años antes de fallecer en 2019.

Casi al inicio, Tippett le pregunta por aquello que le permitió sobrevivir a una infancia difícil, marcada por el abuso. “En algún lugar dices que fuiste una de las tantas personas que tuvieron infancias llenas de carencias, pero que pasabas gran parte de tu tiempo caminando por los bosques de Ohio”.
Oliver responde que efectivamente eso fue lo que la sostuvo. Que no siente mucho aprecio por los espacios cerrados. Que fue una infancia muy mala y apenas pudo escapar de ella. Pero en la búsqueda de una vía de escape, se encontró con el mundo, con su amplitud y generosidad. “Fui salvada por la poesía, fui salvada por la belleza del mundo”, concluye.
Esta es la frase que le da nombre al documental: ¿qué significaba para Oliver?
Casi todos sus poemas responden de una u otra manera esta pregunta bajo diferentes formas, sin embargo, para mí hay uno que nos entrega una clave especial para entenderla. En la traducción de Devociones se titula “Guía”, y habla sobre la muerte de un grupo de colimbos y del cadáver de uno que aparece en la orilla de un lago. Al final dice:
Te cuento esto para romperte el corazón
es decir para que se abra
y no vuelva a cerrarse nunca más
al resto del mundo
La belleza del mundo es eso que nos rompe el corazón, que lo abre y sostiene su apertura. Porque ser salvados implica el final del sufrimiento en solitario. Porque el mundo nos dice una y otra vez: no estás sola, no estás solo. Sólo el antropocentrismo crea la ilusión de aislamiento y excepcionalidad entre los seres humanos: creemos ser los únicos seres que piensan, sienten, se emocionan y crean.
En 1971, Barry Commoner postuló las 4 leyes de la ecología. La primera de ellas dice: “Todo está conectado con todo lo demás. Hay una sola ecosfera para todos los organismos vivos y lo que afecta a uno, afecta a todos”.
Décadas más tarde, en su libro Flight Ways: Flight and Loss at the Edge of Extinction (2014), el filósofo ambiental Thom van Dooren precisaría que esta conexión de todo con todo lo demás siempre parte de relaciones concretas y particulares, es decir que parte de algo que está conectado con algo más: la palma chilena con el degú, los picaflores con los chilcos o las mariposas con los chaguales.
Las diversas filosofías ecologistas y ambientales coinciden en que el mundo es una red de relaciones interdependientes, como lo demuestran la cadena trófica (más conocida como cadena alimentaria) o los mutualismos y la simbiosis.
Volviendo a Mary Oliver, sus poemas pueden leerse como las exploraciones de un corazón roto y abierto al mundo que reconoce que está íntimamente entrelazado con las osas, los colimbos, los bosques y los lagos. La poesía nos permite reconocer que el mundo es algo compartido, un entretejimiento de formas de ser, de sentir y hacer. Y al mismo tiempo, que el mundo es siempre un aprendizaje. No una lección, sino un aprendizaje mutuo en el que estamos todos implicados: aprendemos a vivir, a conocernos y a amar de los perros, los saltamontes y las peonías.

La belleza del mundo, entonces, es la apertura radical del corazón a los otros corazones, a la consciencia del mundo como comunidad.
Y entonces nos hacemos esa pregunta que plantea en el poema titulado “Primavera”: “cómo amar este mundo”. Es decir, nos conduce a la pregunta por la reciprocidad. Así como el mundo nos entrega su belleza y nos salva, nosotros respondemos de una u otra manera.
Esta respuesta puede llamarse aceptación, poesía, oración; puede ser, como dice en “El día de verano”, prestar atención, caer sobre la hierba y arrodillarse en ella, andar por los campos, etc.
Mary Oliver escogió la poesía, las caminatas y levantarse temprano como formas de corresponder al mundo. Una y otra vez ensayó diferentes formas de hacerlo. Una y otra vez, también, nos invitó a no entramparnos en las constantes dudas que tenemos sobre nosotros mismos. ¿Somos suficientes, nos merecemos la vida, el amor y la belleza? Sí, sí y sí, responde.
Pero a veces el mundo se cansa de los problemas demasiado humanos, como en “Bajo a la orilla”: “¿qué haré? / ¿qué debo hacer? / y el mar responde / con su hermosa voz: / discúlpame, tengo trabajo que hacer”.
Nosotros, nosotras, también tenemos trabajo que hacer: corresponder a la generosidad del mundo, prestar atención, encontrar nuestro lugar en la familia de las cosas. Así lo dice en el poema “A veces” (“El pájaro Rojo”):
Instrucciones para vivir una vida:
Prestar atención.
Sorprenderse.
Contarlo.
El documental Mary Oliver: Saved by the Beauty of the World fue estrenado en salas escogidas de Estados Unidos en julio, y se estrenará en la plataforma digital de PBS el 25 de agosto. Además, ya se puede arrendar o comprar hoy en Prime Video y Apple TV. Todavía no hay noticias sobre su distribución fuera de Estados Unidos.
La entrevista con Christa Tippett puede leerse y escucharse aquí.