El barril de crudo sigue por encima de los US$90 y esta semana sumó un capítulo distinto: el acuerdo petrolero de Estados Unidos con Venezuela, que le da a Washington una participación relevante sobre buena parte del crudo venezolano, generó más molestia que alivio entre las propias petroleras estadounidenses, que sienten que quedaron fuera de la jugada. Lo relevante para el mercado no es tanto el mecanismo del acuerdo, sino que la oferta de crudo sigue siendo un tema abierto justo cuando el conflicto entre Estados Unidos e Irán cerca del estrecho de Ormuz no muestra una salida clara, más allá de que Trump le haya bajado importancia.
A esa historia energética se sumó, el viernes, un giro directo hacia la Fed. Tras un reporte de empleo de agosto más fuerte de lo esperado, Trump volvió a exigir públicamente que el banco central baje su tasa, y llegó a amenazar con cortar comercio con países con los que Estados Unidos tiene déficit si Kevin Warsh y compañía no "se ponen inteligentes". El dato de empleo más sólido de lo previsto, en teoría, apunta para el otro lado: le da a la Fed más espacio para subir tasas en su próxima reunión de septiembre, no para bajarlas. Esa contradicción entre lo que pide la Casa Blanca y lo que sugiere el propio dato, sumada al petróleo caro, ha mantenido presionados a los rendimientos de los bonos del Tesoro, que llegaron a niveles que no se veían desde 2008.
Con esto, las acciones tuvieron una semana más difícil, con caídas puntuales lideradas por semiconductores. El S&P 500 y el Nasdaq siguen en terreno positivo en lo que va del año, y una cartera diversificada globalmente vía VT no ha perdido la tendencia de fondo pese a lo ocurrido esta semana. La semana trajo tasas largas más altas, energía cara y un presidente presionando abiertamente a un banco central que se supone independiente, pero eso no equivale a un cambio de rumbo para el año.

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