¿Quién pidió la serie de Moria Casán? No es nada nuevo el género del biopic televisivo, pero por lo general se suele enfocar en figuras históricas, hechos relevantes o pasajes que cambiaron el mundo de alguna manera. A primera vista, podría parecer innecesario o superfluo un recuento de un ícono de la farándula. Lo que Moria, la serie, y Moria, la diva, nos vienen a preguntar es: ¿por qué no?
Y tienen razón: la serie de la artista argentina ha sido un fenómeno. La producción de Netflix, de 8 capítulos, está desde su estreno en lo más visto de la plataforma, muy impulsado por las distintas generaciones que ha alcanzado: tanto quienes crecieron con ella, como los que la han descubierto en el último tiempo mediante los memes que inmortalizan sus frases más graciosas o polémicas.
Moria Casán, La One, “la lengua más filosa de la Argentina”, es una figura clave de la farándula trasandina desde los años 70. Ha sido vedette, actriz de teatro, modelo, conductora de programas televisivos, empresaria, candidata a diputada, ha estado en la cárcel en Paraguay y todo lo hizo con un sentido del humor irreverente y una lucidez que la han mantenido en el corazón de millones.
La serie, en que ella es productora ejecutiva y también actúa, busca reflejar lo mismo.

La moda de los biopics, recreaciones del ícono y la primera demanda a la serie
Cuatro actrices interpretan a Moria en diferentes momentos de su vida, mientras a lo largo de décadas presenciamos sus inicios en el baile, sus matrimonios, incursiones televisivas, la relación con su hija y la construcción del personaje que aún mantiene.
Es imposible no pensar en Veneno, la serie española de Los Javis, sobre la vida de Cristina Ortiz, conocida como La Veneno, que también fue vedette, modelo, cantante y actriz. Es justo decir que Moria toma prestadas varias claves de aquella producción, desde el recambio de actrices, la estructura extensa, la recreación de momentos televisivos e incluso una propuesta visual surrealista.
Los españoles han popularizado esta tendencia: también han tenido su miniserie los cantantes Camilo Sesto (Camilo Superstar) y Miguel Bosé (Bosé), el actor porno Nacho Vidal (Nacho) y pronto se viene la de Raphael. Por su parte, los argentinos han recreado a Maradona (Maradona, sueño bendito), Fito Páez (El amor después del amor), Eva Perón (Santa Evita) o al expresidente Menem en la serie del mismo nombre.
¿Era Moria Casán el siguiente paso lógico? Quizás no, pero hay enjundia en su historia.

Un aspecto interesante es el casting de Sofía Gala, hija de Moria, que interpreta a su madre en su juventud. Esto significa que le toca recrear las escenas donde conoce y se acuesta con su padre, se embaraza de ella misma y cría a una niña a quien desatiende.
Las otras actrices que hacen de Moria son Griselda Siciliani y Cecilia Roth, quienes con ayuda de un producido maquillaje y pelo representan a Moria en años posteriores.
Griselda Siciliani como Moria 👑 pic.twitter.com/DDWs7Rn90W
— nicozad (@nicolas_zad) July 31, 2026
Las recreaciones son lo que la serie más disfruta, imitando momentos con Fito Páez y sus esposos Mario Casitglione y Luis Vadalá. Eso sí, la representación de este último ya le valió a la producción una demanda por parte de la hija. “Todo lo que se muestra resulta absurdo y vulgar. Lo han mostrado como una persona grotesca y maleducada”, dijo la hija de Vadalá sobre la recreación de su padre, que se presenta como un chanta que estafa a Moria. Seguramente Netflix contaba con que esto podía pasar y no tendrá problema en pagar lo que corresponda. Como Moria bien sabe, toda polémica es buena.

Y qué tal es como serie
La Moria Casán real se alza como monstruo sobre una maqueta de las calles de Buenos Aires. Con esta dominación sobre su mundo y su historia abre y cierra cada capítulo que no siguen hilos conductores sino que se enfoca en mostrar los greatest hits de la artista, haciendo alusión a eventos que sus seguidores conocen y a los memes que habrán percibido los menos enterados.
El director Javier Van de Couter dice que la serie nació de la decisión de mostrar a Moria “sin filtros ni restricciones, con autenticidad total”, y es real que se muestran momentos oscuros o poco halagadores de la vedette. Pero sus relaciones tóxicas, consumo de drogas y narcisismo no son atendidos más allá de la anécdota y pasan demasiado rápido.
Y por cada evento poco favorecedor, hay tres homenajes: su relación con la comunidad queer, el amor por su hija y su personalidad única.
En un capítulo una escritora que le ayuda a Moria a escribir su biografía la acusa no de no abrirse, de no ser sincera con su verdad y los traumas. Se podría decir que la serie hace lo mismo.

Pero quizás es pedirle peras al olmo. Moria, a quien la acusan de egocéntrica toda la serie, termina hablando solo de… Moria.
No hay un punto mayor, un tema que atraviese la narración, una revelación inesperada. Es un proyecto de vanidad hecho como homenaje para un público que ya sabe perfectamente si la va a consumir en dos días o no.
La diva lo dice: “Estoy un poco harta de escuchar que debería haber estado esto, falta el otro. Es una miopía. En ocho horas lo que tiene que entrar es mi serie, mi verdad”.
Y sí cumple con lo que nos quiere dar: el sinsentido del circo televisivo, el sentido del humor incorrecto de la vedette, una oda a la autenticidad y a ser una misma, una historia de amor entre madre e hija.
El recordatorio de que hoy es fácil criticar, pero para que una mujer se abriese camino como Moria lo hizo hace cincuenta años, tenía que tener una personalidad más grande que la del mundo entero.
Nota de riesgo: conservadora.