Imagínate que en 1900, en plena época donde Japón intentaba abrirse al mundo, te enviaran a Europa a aprender del arte occidental, para tratar de modernizar lo que estabas haciendo en tu propio país. Y que lo primero que te notaras es que ya fuese en París o en Escocia, había una japonismo rampante.
Fue lo que le pasó a Kamisaka Sekka, un artista japonés, hijo de samurais –y por lo tanto anclado como pocos a la tradición– que se especializó en el Rinpa.
El Rinpa era una técnica o movimiento artístico nacido en la época Edo, y había tenido un buen revival en los años en que Sekka se estaba formando como artista. Esta segunda ola del Rinpa se caracterizaba por diseños arriesgados contra fondos medio dorados o plateados; y casi siempre con motivos naturales un poco estilizados o exagerados.



Pero justo en el cambio de siglo, el gobierno japonés, preocupado de su histórico aislamiento, quería ponerle un toque de modernización a su producción artística. Así que Sekka fue enviado primero a la Feria Mundial de París en 1900 y luego a Glasgow, donde se encontraría de frente con el Art Noveau, que lo marcaría para siempre.
Pero además de haberse enamorado de este nuevo estilo occidental, también se pasó mucho tiempo intentando entender el japonismo occidental, comprender por qué muchos europeos estaban obsesionados con su país y qué podía sacar de eso.
Así nació el estilo de Kamisaka Sekka, totalmente único: usa colores brillantes en grandes extensiones, y sus imágenes parecen estar a punto de convertirse en patrones en lugar de representaciones de un objeto. Los colores y los patrones casi parecen saltar fuera de la tela, casi de un nivel tridimensional.
Y el efecto general es muchísimo más occidental que el de sus contemporáneos.



Trabajó toda su vida en Kyoto, que a diferencia de Tokyo no se había lanzado de cabeza a incorporar todo lo que ofrecía ese mundo exterior que durante tanto tiempo les había estado vedado a los japoneses.
Y así llegó a su obra maestra, el Momoyagusa: un mundo de cosas. Son un conjunto de tres volúmenes que fue encargado entre 1909 y 1910 por la editorial Unsōdō de Kioto, y que contiene sesenta imágenes de paisajes, figuras, temas clásicos y otros no tanto; todos capturados en un espacio reducido.









Su combinación de art noveau con motivos japoneses, obviamente, fue un éxito rotundo. Tal vez más todavía en estos días, donde si googleas "Sekka" lo más probable es que te encuentres con cientos de ofertas de Temu de sus prints listos para colgar en tu living.
Personalmente, no me imagino a Sekka enojado por esta situación. Por alguna razón, me suena que sus influencias occidentales le enseñaron que muchas veces la muralla de una casa puede ser igual de importante que la de un museo.
