De repente, empiezas a escuchar esa palabra nueva por todos lados. Primero en una comida con amigos, después alguien la deja caer en el almuerzo. No sabes bien qué significa, tampoco estás seguro si la habías escuchado antes. Es mejor poner cara de entendido y hacer como que sabes perfecto de qué están hablando.
Itief aquí, eteéfe allá.
Hasta que un día tu tía Gloria te dice que está pensando en invertir en ETFs.

La verdad es que los ETFs llevan bastante tiempo en el mercado. El primero se creó en marzo de 1990, en Canadá. Se llamaba Toronto Index Participation Unit, TIPS, y su gracia es que replicaba el desempeño de las 35 acciones más importantes de la bolsa de Toronto.
Tres años después aparecería el primer ETF que todavía sigue operando: el SPDR S&P 500, (también conocido por su ticker SPY). TIPS y SPY pasaron algunos años bajo el radar, siendo los únicos ETFs existentes. Hasta que a finales de los noventa los inversionistas empezaron a mirarlos con más atención, y las empresas se subieron al carro.
Esta tendencia en Estados Unidos ha llegado al punto que en los últimos 10 años aproximadamente 3 trillions han salido de fondos mutuos activos hacía ETFs, mostrando la preferencia de los inversionistas por fondos pasivos con comisiones menores.

¿Cómo funciona un ETF?
La mayoría de los ETF son fondos indexados, es decir, son fondos que tratan de entregar la rentabilidad de un índice financiero, ya sea un índice de acciones, bonos o commodities, menos una comisión por hacer tal trabajo.
Su gracia es que, a diferencia de otros vehículos de inversión, cotizan en bolsa y tienen precios en vivo durante todo el día. Sí, como una acción. A diferencia de los fondos mutuos tradicionales, donde el aporte se invierte al día siguiente, el ETF te permite una exposición instantánea al activo subyacente. En otras palabras, si comprabas el ETF canadiense que mencionábamos más arriba, tenías exposición directa a los subyacentes, o sea, las 35 acciones más importantes de la bolsa canadiense.
Pero hay algunos mecanismos un poco más complejos detrás de su funcionamiento. Por ejemplo, la creación y destrucción de cuotas. Cuando uno pone dinero en un ETF, un agente autorizado o market maker, toma esa plata y compra los activos subyacentes –las 35 acciones del ejemplo anterior– y crea una nueva cuota del fondo. En Chile, por ejemplo, los ETF que tienen exposición internacional o siguen índices internacionales suelen replicar ETFs norteamericanos –como el SPY o el QQQ que sigue al Nasdaq– y compran cuotas de este último.
¿Qué pasa con las acciones que tiene mi ETF y pagan dividendos? Igual que con una acción individual, se acumulan y se reparten periódicamente. Eso sí, existen diferencias tributarias según dónde esté alojado el ETF: hay algunos domiciliados en Luxemburgo o Irlanda que pueden reinvertir los dividendos para diferir el pago de impuestos, mientras que los de Estados Unidos están obligados por ley a distribuirlos.Y ya que estamos hablando de dividendos, también hay que entender cómo cobran comisiones los ETFs: al igual que los fondos mutuos, las comisiones están implícitas en el valor cuota del fondo: todos los días se descuenta un pequeño porcentaje que corresponde a la comisión. Esto tiene una ventaja comparativa, ya que hace más fácil comparar la rentabilidad neta entre distintos vehículos de inversión.
¿Por qué se pusieron de moda ahora?
Todo bien con los ETFs: son fáciles de usar, te permiten seguir índices de todo tipo, suelen tener comisiones claras y bajas e incluso los puedes comprar en diferentes partes del mundo. Por eso en Fintual los usamos en nuestros fondos, como te contamos acá.
Esto no explica por qué justo ahora se te aparecen hasta en la sopa.
Para entender por qué se pusieron de moda, hay que ir a otro punto importantísimo: la estructura tributaria de los ETFs.
El auge de los ETF locales en Chile se debe en gran medida al beneficio tributario 107 LIR, que reduce los impuestos sobre la ganancia de capital. Aquí escribimos más al respecto, pero en resumen, ciertos instrumentos –como los nuevos fondos 107 de Fintual– tienen un beneficio tributario que te permite pagar 10% de impuestos por las ganancias de capital (es la ganancia que nace por la diferencia entre el precio de venta y compra de un activo), en vez de que esas mismas ganancias se sumen a tu global complementario (y tal vez pagar harto más que un 10%). Y ojo, tal vez llegue a 0% si se aprueba la reforma que actualmente está en el Congreso.
Por eso algunos ETFs locales, que aplican al beneficio 107, se han vuelto tan populares últimamente.
Por ejemplo, en Fintual puedes comprar cualquier ETF que se transe en la bolsa norteamericana en menos de cinco minutos. Como si fuera una acción. Los ETF norteamericanos no tienen el beneficio 107, por lo tanto si lo que te interesa es el beneficio, entonces los nuevos fondos de Fintual te sirven también.
¿Convienen siempre?
¿Por qué sería mejor comprar una cuota de un fondo 107 de Fintual en vez de ir directamente por un ETF con el beneficio? Hay varias razones. La primera, es que elegir entre diferentes ETFs –considerando la gran cantidad que ofrece el mercado– puede ser harta pega: riesgo, exposición, cuánto plazo me conviene tenerlo, cuánta plata poner, etc. Con los fondos 107 simplemente tienes que definir riesgo y plazo, y sabes que estás usando el beneficio. También tendrías que considerar, en algunos casos, los costos de corretaje por cada operación de compra/venta al inicio y rebalanceos de cartera; el costo vía BID/ASK spread del dólar que te dan si es que aplica.
Infórmate de las características esenciales de la inversión en estos fondos mutuos. Están en sus reglamentos internos, que puedes ver en la CMF y en fintual.cl/docs. La rentabilidad o ganancia obtenida en el pasado por estos fondos no garantiza que ella se repita en el futuro. Los valores de las cuotas de los fondos mutuos son variables.