Antes para apostar en cualquier cosa era necesario un esfuerzo mínimo: salir de la casa, movilizarse hacia el casino más cercano, entrar al distinguido establecimiento, perder y reflexionar si este fue el mejor uso del tiempo. Pero desde la Pandemia todo esto cambió. Ahora tenemos la posibilidad de quemar plata en la palma de nuestras manos. Parece que la posibilidad de apostar en algo ya no es una actividad que uno decide hacer, sino una función disponible en todas partes. Este concepto recibe el nombre en inglés de gamblification, que corresponde a la integración sistemática de mecánicas de apuesta en productos que antes no eran apuestas.
Pero hay incluso un nivel mayor: cuando esta integración de apuestas con otras actividades se cruza con los productos financieros, hay quienes hablan derechamente de hypergamblification.
Por más que suene como un fenómeno lejano a nuestra realidad, somos constantemente bombardeados con la invitación a formar parte de este pasatiempo, al punto que muchas veces suena más a recomendación financiera que publicidad. No es casualidad que toda publicidad de apuesta siempre está acompañada de la palabra “Gana”.
Esta invitación a apostar y ganar ha llegado a ser tan invasiva, que nuestra gloriosa Chilean Premier League, que hace un par de años era dominada por las camisetas con sponsor de Cerveza Cristal y PF, ahora tiene a 12 de los 16 clubes de Primera con una casa de apuestas como sponsor principal.

En una encuesta realizada a mil inversionistas retail de Estados Unidos sobre sus hábitos a la hora de invertir mostró, entre otras cosas, el creciente uso de las redes sociales como fuente de información financiera y el uso de la IA en la planificación. Pero hay una pregunta que se tomó los titulares, sobre la relación entre las apuestas deportivas y el ahorro.
Las generaciones más jóvenes están desviando dinero que iba a ser usado para invertir hacia las apuestas. Aunque tal vez lo peor es otra cosa: una parte significativa considera a las apuestas como un plan financiero viable para construir patrimonio en el largo plazo.

Hay miles de teorías de por qué este fenómeno ocurre. Una es el creciente costo de vida que no ha venido acompañado necesariamente de mejores salarios y oportunidades laborales, por ende la búsqueda de formas alternativas para lograr metas financieras. Pero más que buscar un culpable quisimos ahondar en por qué estas soluciones “alternativas” no son viables y en qué se diferencia a invertir en activos tradicionales como acciones y bonos.
Las apuestas: un juego con un solo ganador
El concepto de un juego de suma cero es un ejemplo recurrente que aparece en nuestras vidas y la forma más simple de explicarlo es para que alguien gane, otra persona tiene que perder.
Más formalmente un juego de suma cero es el que la suma de las ganancias y pérdidas de sus participantes termina siendo cero, sin importar la estrategia elegida por sus participantes.
Digamos que todos los viernes me reúno con mi mismo amigo a tomarnos una cerveza cada uno y comernos una chorrillana. Después de tal noble banquete, al momento de pagar jugamos cara o sello con una moneda y el que pierde paga la cuenta esta vez. Es un juego de suma cero porque lo que el ganador deja de pagar, es pagado por el perdedor.
Pero además este es un juego justo: puede ser que algunas semanas tenga una racha horrible y pagué la cuenta todas esas veces, pero si salimos a comer infinitas veces, la diferencia entre lo que pagué yo y mi amigo desde que empezamos el juego converge a cero.
Es decir el valor esperado de cada uno es cero, por eso es un juego justo. Este juego es muy común en las mesas de trading y recibe el nombre de credit card roulette.
En las apuestas ocurre algo similar: para poder apostar que Coquimbo Unido va a ganar un partido, debe existir una contraparte que apueste lo contrario, donde muchas veces esa contraparte es la misma casa de apuestas. El dinero ganado por los dos jugadores es cero, mi ganancia es la pérdida de mi contraparte.
Esto porque es un sistema cerrado, no entra ni sale dinero externo.Pero la realidad es que las apuestas no son ni un juego de suma cero ni un juego justo, y esto ocurre por la comisión al apostar.
Pensemos en un partido de tenis, donde solo se puede ganar o perder, si la probabilidad de que un jugador gané es 50%, entonces la apuesta que gana paga 2x y la que pierde 2x también. Pero la realidad es que lo que pagan ambas apuestas es 1.96x y esto hace que apostar no sea un juego de suma cero, sea de suma negativa, pues sin importar el resultado, la casa tiene una ganancia asegurada.Por ejemplo, apuestas $10.000 a un evento que efectivamente tiene 50% de probabilidad y paga 1,96:
- La mitad de las veces ganas $9.600
- La otra mitad pierdes $10.000
Tu valor esperado es (0,5 × 9.600) + (0,5 × –10.000) = –$200. Es decir, perdiste el 2% de lo apostado sin haberte equivocado en nada.Esta ventaja de la casa, es lo que hace que prácticamente ningún juego de azar sea “ganable”.Para ejemplificar esto, imaginemos que tenemos 100 dólares para jugar en la ruleta y nuestra estrategia es apostar siempre 1$ al rojo.
La elección de qué tipo de ruleta (con un o dos ceros) impacta directamente en cuán rápido llegamos a la bancarrota.

Pero lo más llamativo del ejemplo anterior es que en una ruleta justa (sin ceros), si jugamos infinitas veces el juego, en el largo plazo también vamos a quedar en bancarrota, dado que solo podemos aguantar perder $100 y de ahí en adelante no podemos seguir jugando. El riesgo de bancarrota hace que incluso cualquier juego de azar justo, termine siendo lucrativo para las casas de apuestas.

Ahora si ya vimos que apostar no puede ser parte de un plan para crecer patrimonio en el largo plazo, ¿por qué invertir en acciones y bonos sí?
Invertir no es apostar
Al invertir en activos tradicionales como acciones y bonos, estamos comprando la participación en flujos de cajas futuros, en el caso de las acciones en las utilidades futuras de las compañías y en los bonos en los intereses a recibir.Para las acciones, las utilidades de una empresa son devueltas a los inversionistas en dividendos, recompra de acciones o en inversiones que luego aumentaran las utilidades en el futuro.
Por eso invertir, a diferencia de apostar, no es un juego de suma cero: entra dinero constantemente gracias a las utilidades de las empresas y al crecimiento de la economía.

Como las empresas del S&P 500 han logrado consistentemente crecer sus utilidades década tras década, esto ha hecho que el precio de sus acciones haga lo mismo. Por esta razón entre mayor sea el plazo de nuestra inversión, más improbable es perder dinero en esa inversión.

Por esto al invertir nuestro dinero logra participar en el crecimiento económico global y en el de las compañías. Esto, por ejemplo, te sirve para protegerte de la inflación porque las empresas logran crecer sus utilidades subiendo precios de sus productos, o te permite participar en el crecimiento generado por innovación, como lo que están haciendo actualmente las empresas tecnológicas y la IA.
Mientras que al apostar, puede ser que ganemos en el corto plazo, pero estamos compitiendo en un juego que en el largo plazo el único que gana es la casa de apuestas.
Y la casa no tiene porque adivinar el resultado, gana porque tiene una ventaja mínima que se repite miles de veces. Invertir es lo más parecido a estar de ese lado de la mesa: una ventaja pequeña, repetida durante años. Solo hay que hacer lo mismo que hace la casa: esperar.