Hay muchos termómetros para evaluar cuánto dinero tiene una persona que no conocemos bien: la ropa que usa, si diario trae un Starbucks o si cuando le preguntas cuáles son sus tacos favoritos recomienda un restaurante con mesas y no un puestito que el 76% de las veces se llama "El Güero" o "Doña (inserte-nombre-de-señora-mexicana)".
Yo no sé nada de moda y me gustan prácticamente todos los tacos, así que mi termómetro favorito es otro: qué tanto raspan la cascarita y el hueso del aguacate.
Y es que pocas cosas son tan inciertas como el precio del oro verde (entre ellas mi Spotify Wrapped y la vida misma). Esa incertidumbre me genera la necesidad física de rescatar hasta el último cucharazo de aguacate.
Mi afición por esta mantequilla vegetal la heredó mi hijo, y eso solo agravó el problema. Un día despierto con el kilo en $30 y al siguiente en $90. Uno como quiera, pero... ¿y las criaturas?
Entonces viene la gran pregunta. Si México ocupa el primer lugar del mundo en producción de aguacate (Primero, y Segundo: Argentina), ¿no deberíamos bañarnos con jabón de aguacate?
La respuesta es que ese dato no baila solo.
No solo producimos aguacate para aventar; también somos el principal exportador del planeta. Y nuestro Most Valuable Customer es Estados Unidos, que compra más del 80% del aguacate que México vende al mundo.

Desde 2016, el aguacate es el principal producto agropecuario de exportación de nuestro país. Este año se espera una producción cercana a 2.8 millones de toneladas métricas. (Querido lector, si sabes que es una tonelada métrica porfa explícame por mensaje).
Michoacán produce alrededor del 68% del aguacate nacional y Jalisco otro 12%. Entre los dos generan el 80% de todo el aguacate mexicano y, casualmente, también son los únicos estados autorizados para exportarlo a Estados Unidos (no les basta llevarse la mayoría, también se llevan el mejor).
Y esto tiene un efecto fuerte: hace 30 años mi amigo agricultor michoacano se preguntaba “¿Qué tanto están dispuestos a pagar mis hermanos mexicanos por un aguacate?”
Hoy, su pregunta es, “¿dónde me pagan más, aquí o en los United?” (Spoiler: no es en México)
Porque el mismo fruto puede terminar en una torta en Morelia, o en un organic avocado toast en California. Y en el ring podrá ganar el Canelo, pero en el comercio internacional gana quien paga en dólares.
Por eso cuando en Estados Unidos aumenta la demanda, como pasa alrededor del Super Bowl donde el guacamole prácticamente es tan importante como el show de medio tiempo, el precio de este lado de la frontera lo resiente.
Y si a la inversa, el apetito gringo se enfría, su cosecha local mejora o nuevos competidores empiezan a ganar terreno (Perú, Colombia, Chile, los estamos viendo), el precio puede bajar. El aguacate ya no solo depende de México para cotizarse, ahora sube y baja al ritmo del Himno Nacional de Estados Unidos.
Ojo, no es el único. Comparte mesa en el exclusivo club de los "dolarizados" con el jitomate, el limón, parte de la carne, la cerveza y el tequila, (todos ingredientes fundamentales para la carnita del fin), entre otros.
La próxima vez que veas a alguien raspando el hueso del aguacate hasta dejarlo blanco, no asumas que es codo, tal vez tiene muy claro cómo funciona la economía mundial.
¿Y a qué viene todo esto, oh, mi adorado lector?
Si el precio de algo tan mexicano como el guacamole (dicen que el verde de la bandera es por este manjar) depende de lo que pasa en California o Nebraska, y se afecta por el tipo de cambio, significa que tu presupuesto personal ya está conectado con la economía global, aunque nunca hayas comprado una acción en tu vida.
Y si una parte de tus gastos se mueve por lo que pasa fuera de México, quizá tiene sentido que una parte de tus ingresos también lo haga. No porque seas un malinchista, vende patrias que está apostando contra el peso, sino porque diversificar es aceptar que lo que pasa fuera del país ya influye en tu bolsillo, like it or not.
Dejar de comer guacamole no es una opción, pero si ya sabes que este loco mundo globalizado ya influye en lo que gastas, quizá también debería influir en lo que inviertes.
¡Feliz día internacional del aguacate!