Si Walt Disney es fan de tus historietas, es porque algo especial tienes. Digamos que el creador del imperio de dibujos animados más grande de la historia tenía un ojo especial para estas cosas.
Y sí, Wald Disney –al igual que Fellini, por ejemplo– era muy fan de Little Nemo in Slumberland, la tira cómica que McCay publicó a principios del Siglo XX.
La historia va más o menos así: Nemo (nadie en latín), es un niño que cuando se va a dormir entra en un fantástico país de los sueños, acompañado por un emisario de Morfeo y una Princesa que será su compañera de juegos. Obviamente, el componente onírico plasmado por McCay es donde tal vez reside la gracia de este cómic, con sus imaginativos dibujos y aventuras. Cada sueño dominical terminaba cuando el pequeño Nemo se despertaba porque se caía de la cama o porque sus papás tenían que ir a ayudarlo. Pero dentro del sueño, la aventura se terminaba por la aparición de un extraño personaje llamado Flip, que venía con un sombrero donde se podía leer "Wake up".







Un sueño que termina con el protagonista cayéndose de la cama. A quién lo pasó.
Los colores, las finas líneas, lo atrevido de la imaginación, convirtieron a McCay –que medía un metro cincuenta– en el historietista más famoso de su época. Y es que sus dibujos tenían un estilo particular que, te gustara o no, seguro llamaba la atención.


Pero además de Nemo, McCay dejó volar su imaginación por uno de los tópicos más recurrentes del cambio de siglo: la aparición de las nuevas ciudades y metrópolis, y cómo la densidad y su estilo marcarían el futuro. Seguro que debe haber visto una de las primeras películas que marcó época: Metrópolis.

McCay, muy en el estilo de Piranesi, se puso a imaginar ciudades.






Pero el cerebro de Winsor no le permitía estar tranquilo. Así que al poco tiempo empezó a interesarse por una nueva técnica: la animación. Aquí te dejo una película corta que cuenta cómo pasó de los cómics a la animación, pura genialidad.