Durante los primeros años de posguerra la discusión en pintura era principalmente esta: figuración o abstracción. Pintabas formas reconocibles de la naturaleza y la realidad, o bien te dedicabas a experimentar con colores, materias y formas abstractas.
Los debate de la época eran acalorados, las vanguardias artísticas habían hecho volar por los aires las convenciones y ahora cada uno podía hacer lo que se le viniera en gana. Además, la Segunda Guerra Mundial había destruido buena parte de los cimientos filosóficos y políticos de Europa.
Ya nadie sabía a qué tronco afirmarse.
Pero hubo un pintor que en vez de elegir un tronco, decidió que no se estaba ahogando y que más valía probar lo que quisiera. Total, era su pintura.
Nicolas de Stäel fue un pintor de origen ruso que hizo la mayor parte de su carrera en Francia. En tan solo 15 años, produjo una cantidad exhorbitante de obras en las que los abstracto y lo figurativo se daban vueltas, coqueteaban, se separaban y volvían a juntarse.
Fue alumno de Fernand Leger, otro artista que había decidido no tomar en serio ninguna regla.




Mientras tanto, de Stäel había dejado atrás sus orígenes nobles en Rusia y prefería pintar todo el día en París casi muerto de hambre.
El "breakthrough" vino con un gatillando inesperado: el 26 de marzo de 1952, Staël asistió a un partido de fútbol entre Francia y Suecia, en el Parc des Princes con su esposa. La experiencia desencadenó una serie de pinturas, Les Footballeurs, ejecutadas en colores vivos en formatos que van desde pequeños bocetos al óleo sobre cartón hasta el monumental Le Parc des Princes.







Al principio, nadie lo tomó demasiado en cuenta. Es verdad que las convenciones del arte ya estaban quedando en el pasado, pero seguramente nadie encontró que pintar fútbol tenía algún sentido.
Pero con su talento, tarde o temprano alguien tendría que descubrirlo. Pero no fue en Francia ni en Europa. Paul Rosenberg, uno de los pasantes de arte más famosos de la época, decidió que Nueva York todos esos dementes que andaban pintando cosas abstractas les encantaría la obra de Nicolas.








Y tenía razón.
El éxito de Stäel en Nueva York fue casi instantáneo. Pero la salud mental del pintor se hundía a medida que sus pinturas se hacían más cotizadas. Justo cuando estaba en la cresta de la ola.
El 16 de marzo de 1955, tras una reunión con el crítico de arte Douglas Cooper, de Staël salió de su estudio, subió a la terraza del edificio y se arrojó al vacío. Tenía 41 años.
Detrás quedaron sus obras que iban de lo figurativo a lo abstracto como si nunca hubiese existido una separación.