Tengo 32 años y no tengo hijos.
Cuando era niña estaba convencida de que tendría el primero a los 24. Ocho años después, aquí estamos. Y para mi familia: sí, todavía quiero tener hijos.
No recuerdo haber decidido postergarlo. Solo fueron apareciendo otras prioridades: trabajar, viajar, vivir en otro país, ahorrar, crecer profesionalmente. Esperar “el momento correcto”.
Ese momento todavía no ha llegado.
Y sé que no soy a la única que le pasa esto.
¿Qué está pasando?
En México nacen cada vez menos niños. Según el Conapo, la tasa global de fecundidad ya se ubica en 1,6 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional de 2,1. En 2024 nacieron 1.672.227 personas, frente a 2.353.596 en 2015. Es una caída de casi 29% en menos de una década.
México no está solo en este problema. Desde hace más de medio siglo, casi todos los países desarrollados han visto caer su natalidad y la tienen por debajo de 2,1 nacimientos por cada mujer, que es el mínimo para el recambio generacional.

La diferencia es que México llegó a ese punto mucho más rápido. ¿Por qué?
¿Es un problema económico?
Hay algo evidente: tener hijos cuesta dinero.
Pañales, guardería, salud, educación y una casa más grande. A eso puede sumarse una pausa laboral. Si criar hijos se vuelve más caro, parece lógico que las personas tengan menos.
Esa intuición ha guiado las políticas de muchos países. Si el problema es económico, la solución también debería serlo: bonos por nacimiento, beneficios tributarios, permisos parentales y ayudas para el cuidado infantil.
En México, por ejemplo, el Programa Nacional de Población 2026-2030, publicado por el gobierno de Claudia Sheinbaum en el Diario Oficial de la Federación, plantea apoyos sociales, subsidios, vivienda, flexibilidad laboral, un sistema de cuidados, licencias de maternidad y paternidad ampliadas, y servicios de reproducción asistida para quienes los requieran.
Muchos países han probado medidas similares. Corea del Sur gastó cerca de US$270 mil millones entre 2006 y 2023 en subsidios, cuidado infantil, vivienda y tratamientos de fertilidad. Su tasa llegó a 0.72 hijos por mujer en 2023. En 2025 subió a 0,8, pero continúa muy lejos del nivel de reemplazo. Hungría por otro lado dio bonos y bajó impuestos, y la tasa de natalidad mejoró un poco y luego volvió a caer. Singapur desde 1980 está dando incentivos, y no ha logrado mejorarla.
Eso no significa que estas políticas no sirvan. Pueden mejorar la vida de las familias y, en algunos casos, generar aumentos temporales. Lo que no han logrado es revertir la tendencia de largo plazo.
En ese sentido, el costo económico no lo explica todo.
En mi caso, es solo una de varias razones. También están la carrera, los viajes, el lugar donde quiero vivir y la sensación de que siempre falta algo antes de estar lista.
¿Qué más?
Los investigadores mencionan muchos factores: mayor educación femenina, acceso a anticonceptivos, incorporación de las mujeres al trabajo, urbanización, retraso en la edad de formar familia, vivienda cara, menor religiosidad y cambios en las aspiraciones personales.
Aunque esos factores aclaran un poco las causas, países con culturas muy diferentes también tienen el mismo problema: caída en la natalidad. La tasa de natalidad de África ha caído de forma sostenida durante las últimas seis décadas.

Y aunque los niveles y las razones no son iguales, la dirección sí: en las dos partes las familias son cada vez más chicas.
Entonces, ¿qué explica la baja natalidad en el mundo?
Suena un poco triste y no es lo que uno quiere escuchar, pero hasta ahora nadie lo sabe con certeza. Simplemente factores muy distintos parecen llevar al mismo resultado: cada vez nacen menos niños.
Mi teoría: cambió la forma en que decidimos
Durante buena parte de la historia, formar una familia era una etapa obvia de la vida.
Hoy tener un hijo compite con estudiar una maestría, cambiarse de ciudad, viajar, emprender o desarrollar una carrera profesional, entre otras cosas.
El psicólogo Barry Schwartz sostiene que, cuando aumentan las opciones, elegir puede volverse más difícil y generar más insatisfacción (la famosa paradoja de la elección). Tal vez algo parecido pasó con la maternidad y la paternidad
No creo que esto explique por sí solo la caída, pero sí nos da una forma distinta de mirarla.
Quizás por eso nunca sentí que hubiera decidido postergar la maternidad. Solo fui eligiendo otras cosas, todas razonables, mientras esperaba que apareciera el momento correcto.
Tal vez lo que cambió es que dejamos de vivir vidas “predeterminadas”.

Si leíste estoy pensaste en otras razones de por qué tú o las personas en general están teniendo menos hijos, escribe a cartas@fintual.com