Desde Edipo Rey sabemos que la influencia de los padres en nuestras vidas es, muchas veces, más importante de lo que nos gustaría reconocer. Muchos intentamos "matar al padre" siguiendo carreras totalmente diferentes, que es el caso de buena parte de los pintores que reseñamos aquí: hijos de comerciantes, duques o empresarios, preferían dedicarse al arte, en cierto sentido menospreciando las profesiones abocadas al dinero.
Pero hay otro tipo de casos, donde simplemente la influencia del padre es tan grande que es imposible no seguir sus propios pasos.
Bernard Boutet de Monvel nació en 1881 en París. Su padre era el célebre ilustrador infantil Louis-Maurice Boutet de Monvel. Louis tenía un estilo muy particular, reconocible desde lejos.





Parece que la sombra del padre era bastante pesada, así que Bernard, desde los dieciséis años, decidió dedicarse a la pintura y estudió con Luc-Olivier Merson y Jean Dampt. En 1898 el pintor estadounidense Louis McClellan Potter lo introdujo al grabado, técnica que dominó rápidamente, aunque con el tiempo se hizo más conocido por su pintura, en particular sus obras geométricas de comienzos del siglo XX.
En 1914 interrumpió su carrera para combatir en la Primera Guerra Mundial, donde fue herido en la batalla del Marne y condecorado con la Legión de Honor. Entre 1917 y 1919 estuvo destinado en Fez, Marruecos, donde pintó Fez, Rabat y Marrakech con un estilo depurado que se apartaba del orientalismo decimonónico habitual.







Tras la guerra se consolidó como retratista de la alta sociedad, tanto en Europa como en Estados Unidos, adonde viajaba con frecuencia, y también trabajó como ilustrador de moda. De esta época vienen sus dibujos más famosos, ilustraciones de la alta sociedad pasada por el tamiz del art deco.









Murió en 1949, a los 68 años, cuando el avión en que viajaba entre París y Nueva York se estrelló en la isla de São Miguel, en las Azores. Personalmente, me quedo con dos pinturas suyas: su autorretrato y una vista de Wall Street como pocas.

