En abril de 2027 los multifondos de las AFP serán reemplazados por fondos generacionales. Su diseño, que será definido este año, determinará cómo se invertirán los ahorros previsionales por décadas. Junto con este cambio aparecerá otra innovación importante: el benchmark, es decir, la cartera de inversión de referencia contra la cual se evaluará la gestión.
Una de las oportunidades está en cómo incluir a los activos alternativos. Hablamos de inversiones fuera de los activos tradicionales, como acciones y bonos: infraestructura, deuda y capital privado, activos inmobiliarios, o fondos ligados a energía o tecnología. Bien seleccionados, pueden aportar diversificación y una fuente adicional importante de rentabilidad. En pensiones, eso importa mucho: según datos de la Superintendencia de Pensiones, se estima que un 1% extra anual de rentabilidad puede traducirse en más de 20% de mayor pensión autofinanciada.
Pero que sean buenos activos no significa que deban estar en el benchmark, ya que dentro de él debe haber activos que puedan comprarse o replicarse sin dificultad. Los alternativos, por naturaleza, suelen tener características opuestas: menor liquidez, valorizaciones menos frecuentes y acceso más difícil. Por eso, lo más recomendable, y donde además existe evidencia práctica en el sistema de pensiones de México, es que el benchmark tenga sentido solo para la parte de activos tradicionales de cada fondo generacional.
En esto, la discusión técnica, en general, está llegando al consenso de una idea bastante clara: incorporar activos alternativos directamente al benchmark estipulado en la ley, que define premios y castigos, no parece ser la mejor solución. No porque los alternativos sean malos, sino porque una regla automática de evaluación necesita, como explicamos, una referencia líquida, observable, objetiva y replicable. Si esa referencia contiene activos cuyo precio depende de valorizaciones estimadas, ventanas de liquidez limitadas o comparaciones privadas difíciles de interpretar, el resultado simplemente no es una buena evaluación.
Por eso, lo ideal es que el benchmark estipulado por la ley se aplique únicamente al subportafolio de activos tradicionales, es decir, a aquella parte de la cartera que sí puede compararse contra referencias líquidas, públicas y replicables. Esto no significa que todo el fondo generacional se mida contra una cartera compuesta solo por activos tradicionales. Esa sería una mala lectura. La idea es más precisa: que el benchmark legal de premios y castigos sea una referencia para el subportafolio tradicional, no para la cartera total del fondo.
Bajo ese diseño, los activos alternativos pueden formar parte de la cartera total del fondo generacional, pero no quedar sujetos a una medición que no corresponde. Si los alternativos se incluyen dentro de esa regla, se les exigen características de medición, precios de mercado observables y liquidez que no tienen.
Por otro lado, este enfoque no se trata de excluir los alternativos de los fondos generacionales, ni de dejarlos sin ningún tipo de control. De hecho, la forma correcta es separar ambas cosas: el benchmark legal mide el desempeño relativo del subportafolio tradicional, y los alternativos se miden y se controlan por otra vía. Según Vanguard (ver Vanguard, “Private assets in target-date funds: A balanced assessment”, 2026), esa otra vía, o segunda capa de medición de alternativos, debería estar sujeta a límites prudenciales, políticas de liquidez, reportes específicos, criterios de valorización, control de costos, diversificación por gestores y estrategias, evaluación del ritmo de inversión, revisión del año de origen de los fondos y medición de su contribución al riesgo total del portafolio. También pueden usarse referencias específicas para evaluar su desempeño, pero con el cuidado correspondiente. Vanguard, en su mismo artículo, plantea que las referencias y comparaciones entre activos privados pueden ser útiles para supervisar, pero no deberían funcionar por sí solas como obstáculos mecánicos de desempeño y siempre deben leerse con contexto. Esa distinción es importante: una cosa es usar referencias privadas para monitorear una estrategia, y otra muy distinta es convertirlas en una fórmula automática de premios o castigos.
En esta línea, el estudio “Benchmarking Private Equity Portfolios: Evidence from Pension Funds”, muestra que, incluso entre fondos públicos de pensiones, la elección de benchmarks para private equity (un importante subgrupo de los activos alternativos) presenta alta variabilidad y puede verse afectada por incentivos ajenos a una medición puramente técnica, lo que refuerza la idea de que las referencias para alternativos deben usarse con cuidado y contexto, no como una fórmula automática de premios y castigos. El paper bibliográfico del equipo de inversiones de Fintual sobre fondos generacionales apunta en la misma dirección. Su recomendación es que el nuevo diseño permita la flexibilidad suficiente para que existan más estrategias de inversión, más competencia entre administradores, mayor diversificación y una mejor incorporación de activos alternativos.
En resumen, la literatura y la experiencia práctica sobre activos privados, fondos de pensiones y fondos generacionales apuntan, en general, a una conclusión parecida: los alternativos pueden ser valiosos dentro de una cartera de largo plazo, pero no calzan bien con un mecanismo automático de medición basado en un benchmark único. Para esos activos, tiene más sentido una evaluación separada, o de segunda capa, con métricas propias, supervisión específica y controles acordes a su naturaleza. El principio de diseño, entonces, debería ser simple: activos alternativos sí, pero no dentro de un benchmark legal único de premios y castigos. El benchmark legal debería ser una herramienta objetiva para evaluar la gestión del subportafolio tradicional. Para los alternativos puede existir una segunda forma de medición, mediante un marco separado de supervisión, con métricas acordes a su naturaleza y controles suficientemente exigentes para proteger a los afiliados.
Este año se abre una ventana valiosa para discutir estas reglas con seriedad profesional y ambición. Detrás de una definición aparentemente técnica puede haber mejores pensiones futuras. Un buen diseño permitiría aprovechar la oportunidad de los alternativos sin convertir el benchmark legal en una regla que termine castigando aquello que el nuevo sistema de fondos generacionales busca promover: más diversificación, mejor construcción de portafolios para los afiliados y mejores pensiones de largo plazo.
