Se ha especulado mucho sobre si está por llegar el “día de la revelación”, cuando las agencias de inteligencia que han estado recopilando La Verdad sobre la vida fuera de la Tierra finalmente se dignen a mostrarnos la evidencia.
Incluso hay un movimiento, los Disclosers o Reveladores, que llevan décadas presionando para que los secretos sobre la vida alienígena salgan a la luz, y que predicen que el día de la revelación es inminente. Después de todo, en la era de la información, con la cantidad de testimonios, avistamientos y celulares que pueden grabar irregularidades en el cielo ¿cómo es que aún no tenemos confirmación sobre si somos la única forma de vida inteligente en el universo?
En medio de estas conspiraciones vuelve a la ciencia ficción ufológica Steven Spielberg, quien hace décadas filmó dos de las películas sobre aliens más importantes de la historia: ET y Encuentros cercanos del tercer tipo. Si bien en La guerra de los mundos presentaba a los extraterrestres como una amenaza para la humanidad, en sus cintas anteriores se atrevía a decirnos que enfrentemos lo desconocido con curiosidad.

Y con ese mensaje vuelve El día de la revelación, un blockbuster de acción que nos propone que lo único que nos puede hacer dejar de mirar las pantallas es levantar la mirada al cielo.
Steven Spielberg nos invita a creer
En esta fábula, el gobierno no tiene idea de nada. Las naciones están ocupadas matándose entre ellas en la Tercera Guerra Mundial que ocurre de fondo, mientras Wardex, una institución antagónica que ha ido recopilando información sobre vida extraterrestre, intenta dar con Daniel (Josh O’Connor), un cabo suelto, un informático que se robó pendrives con la evidencia que quiere revelar al mundo.
El pobre Daniel huye por campos desolados de Estados Unidos mientras en otro rincón del país, la meteoróloga Maggie (Emily Blunt) experimenta en vivo algo que deja sorprendidos tanto a sus colegas como a los espectadores que viralizan el momento, una canalización de sonidos extraños que parecieran venir de otro planeta y que la ponen en la mira de la misma agencia que entiende que los aliens están alertando que se vienen cositas.
Desde ahí, los dos entienden que tienen que juntarse, guiados por una fuerza mayor (¿exterior?), con el objetivo de dar a conocer al mundo entero la confirmación de la vida extraterrestre.
Y la forma de mostrarnos esto es entretenimiento puro, Spielberg en modo aventura, con persecuciones palomiteras, escondites, tiroteos, peleas y secuencias que nos recuerdan que no es cualquiera el que está al mando de la nave. Especialmente porque, escondidas en una película hollywoodense de acción, se plantean ideas sobre el involucramiento del gobierno en nuestras vidas, la intersección de la religión y la ciencia, y el poder de la empatía como la única herramienta para salvarnos.

El día de la revelación real: ¿se viene?
Ya hay teorías que dicen que la película es parte de una iniciativa mayor que busca prepararnos para cuando llegue el verdadero día de la revelación. Algo así como el gobierno pasándole platita a Spielberg y pidiéndole que amortigüe el golpe de información que va a llegar.
Casualmente, esto coincide con la iniciativa PURSUE, un proyecto que el gobierno estadounidense sí financió, que busca hacer públicos cientos de registros sobre avistamientos extraños en el cielo. Cada ciertas semanas, lanzan imágenes y documentos de distintos casos del siglo XX que guardan relación con avistamientos extraños, encuentros y declaraciones.
Quienes lo han investigado afirman que no hay conclusiones fehacientes sobre la naturaleza extraterrestre de los objetos, sino que es más bien una recopilación de información confidencial al respecto. La prueba de que EE.UU. sí ha estado investigando esto por décadas, pero que no ha llegado a nada concluyente aún.
Una previa a la Gran Revelación, o una manera desesperada de distraer la atención de los Epstein Files.

Por su parte, Spielberg no tiene dudas sobre si cree o no. Haciendo una comparación con sus películas anteriores de extraterrestres, a Encuentros Cercanos y ET las llamó ficción especulativa, ya que solo teorizaba respecto a la vida extraterrestre.
¿Ahora? Ahora dice que ya ha visto, oído y leído suficiente como para tener certezas y asegurar que no estamos solos en el universo. Su llamado, entonces, es más bien a que se nos haga llegar la verdad.
Cree que el problema es la desigualdad en quienes tienen derecho a la información. Y fue eso lo que lo llevó a crear El día de la revelación, que está basada en testimonios reales de audiencias del Congreso de EE.UU. sobre fenómenos anómalos no identificados. ¿Puede un grupo particular de personas retener este conocimiento? ¿Quién les dio el derecho de decidir quién puede saber qué?
Y en su película, personifica todos los puntos de vista: los antagonistas como agentes del gobierno que quieren justamente que la gente se mantenga ignorante; El héroe de Josh O’Connor quien cree que es su deber lograr que todo el mundo sepa la verdad; y su novia que le advierte que la revelación podría provocar caos en la sociedad, generando una crisis que termine en la pérdida de fé.

Spielberg sitúa la acción en una guerra desatada, que involucra al menos a Corea del Norte, Rusia y Estados Unidos, que presenta una potencial catástrofe nuclear y que tiene a los civiles en alerta. En una versión un poco exagerada de estos tiempos en que todo se siente apocalíptico: ¿cómo manejaríamos una información como la existencia alienígena y sus intentos de contacto con nosotros?
Y lo que Spielberg plantea es que la revelación tendría el poder de alterar esta era de cinismo y apatía. No solo modificaría nuestra percepción del mundo, sino nuestra relación con la espiritualidad, y nos permitiría poner en perspectiva nuestros problemas internos para mirarnos como un mismo planeta.
Es una mirada optimista de parte de un director al que a menudo se le acusa de ser muy sentimental. Dejar el cinismo de lado y creer que todavía queda algo que podría distraernos de matarnos entre todos. O, mejor aún, permitir que nos escuchemos y construir un futuro mejor.
Ambicioso, inocente y esperanzador. Una película que nos invita a ser más empáticos y a confiar en que todavía queda algo que nos pueda salvar, llegue cuando llegue.
Nota de riesgo: moderada.