Tengo 32 años y no tengo hijos.
Cuando era chica estaba convencida de que tendría el primero a los 24. Ocho años después, aquí estamos. Y para mi familia: sí, todavía quiero tener hijos.
No recuerdo haber decidido postergarlo. Solo fueron apareciendo otras prioridades: trabajar, viajar, vivir en otro país, ahorrar, crecer profesionalmente. Esperar “el momento correcto”.
Ese momento todavía no ha llegado.
Y sé que no soy a la única que le pasa esto.
¿Qué está pasando?
En Chile nacen cada vez menos niños. Según el INE en 2025 la tasa de fecundidad cayó por primera vez bajo un hijo por mujer: 0,99. Ese mismo año nacieron 146.446 personas, frente a 244.670 en 2015. Es una caída casi del 40% en una década.
Chile no está solo en este problema. Desde hace más de medio siglo, casi todos los países desarrollados han visto caer su natalidad y la tienen por debajo de 2,1 nacimientos por cada mujer, que es el mínimo para el recambio generacional.

La diferencia es que Chile llegó a ese punto mucho más rápido. ¿Por qué?
¿Es un problema económico?
Hay algo evidente: tener hijos cuesta plata.
Pañales, sala cuna, salud, educación y una casa más grande. A eso puede sumarse una pausa laboral. Si criar hijos se vuelve más caro, parece lógico que las personas tengan menos.
Esa intuición ha guiado las políticas de muchos países. Si el problema es económico, la solución también debería serlo: bonos por nacimiento, beneficios tributarios, permisos parentales y ayudas para el cuidado infantil.
En Chile, por ejemplo, el gobierno actual en su período de campaña propuso el Plan Renace Chile, un conjunto de incentivos económicos para aumentar la natalidad. Desde otra vereda política, el gobierno anterior también puso foco en ampliar salas cuna, fortalecer permisos parentales y facilitar la conciliación entre trabajo y familia.
Muchos países han probado medidas similares. Corea del Sur gastó cerca de US$270 mil millones entre 2006 y 2023 en subsidios, cuidado infantil, vivienda y tratamientos de fertilidad. Su tasa llegó a 0,72 hijos por mujer en 2023. En 2025 subió a 0,8, pero continúa muy lejos del nivel de reemplazo. Hungría por otro lado dio bonos y bajó impuestos, y la tasa de natalidad mejoró un poco y luego volvió a caer. Singapur desde 1980 está dando incentivos, y no ha logrado mejorarla.
Eso no significa que estas políticas no sirvan. Pueden mejorar la vida de las familias y, en algunos casos, generar aumentos temporales. Lo que no han logrado es revertir la tendencia de largo plazo.
En ese sentido, el costo económico no lo explica todo.
En mi caso, es solo una de varias razones. También están la carrera, los viajes, el lugar donde quiero vivir y la sensación de que siempre falta algo antes de estar lista.
¿Qué más?
Los investigadores mencionan muchos factores: mayor educación femenina, acceso a anticonceptivos, incorporación de las mujeres al trabajo, urbanización, retraso en la edad de formar familia, vivienda cara, menor religiosidad y cambios en las aspiraciones personales.
Aunque esos factores aclaran un poco las causas, países con culturas muy diferentes también tienen el mismo problema: caída en la natalidad. La tasa de natalidad de África ha caído de forma sostenida durante las últimas seis décadas.

Y aunque los niveles y las razones no son iguales, la dirección sí: en las dos partes las familias son cada vez más chicas.
Entonces, ¿qué explica la baja natalidad en el mundo?
Suena fome y no es lo que uno quiere escuchar, pero hasta ahora nadie lo sabe con certeza. Simplemente factores muy distintos parecen llevar al mismo resultado: cada vez nacen menos niños.
Mi teoría: cambió la forma en que decidimos
Durante buena parte de la historia, formar una familia era una etapa obvia de la vida.
Hoy tener un hijo compite con estudiar un posgrado, cambiarse de ciudad, viajar, emprender o desarrollar una carrera profesional, entre otras cosas.
El psicólogo Barry Schwartz sostiene que, cuando aumentan las opciones, elegir puede volverse más difícil y generar más insatisfacción (la famosa paradoja de la elección). Tal vez algo parecido pasó con la maternidad y la paternidad
No creo que esto explique por sí solo la caída, pero sí nos da una forma distinta de mirarla.
Quizás por eso nunca sentí que hubiera decidido postergar la maternidad. Solo fui eligiendo otras cosas, todas razonables, mientras esperaba que apareciera el momento correcto.
Tal vez lo que cambió es que dejamos de vivir vidas “predeterminadas”.

Si leíste estoy pensaste en otras razones de por qué tú o las personas en general están teniendo menos hijos, escribe a cartas@fintual.com