Durante las últimas décadas del Siglo XIX, las Exposiciones Universales se había convertido en una de las principales herramientas para consolidar una nación. No es que fueran una oficina burocrática tipo OCDE donde un joven país tenía que ir a presentar sus credenciales para acceder a un club, más bien era un espacio para mostrar que una nación existía.
Los países latinoamericanos, por ejemplo, no habían cumplido su primer centenario todavía. Entre la independencia de España y el boom de estas exposiciones –nacidas a mediados del Siglo XIX en Europa– habían pasado varias revoluciones, conquistas, reconquistas, y otras peculiares formas de gobierno por las jóvenes naciones latinoamericanas.
Por eso estas exposiciones eran tan importantes: era una forma de presentarse en sociedad, demostrar que tu país ya jugaba en las mismas ligas que las viejas naciones europeas, que allí reinaba Dios y la Ley. Y una de las formas era mediante el arte.
Por eso José María Velasco, pintor mexicano nacido en 1840, creó la que muchos consideran su obra maestra específicamente para la Exposición Universal de París de 1878: Vista del Valle de México desde el cerro de Santa Isabel.

La idea, podemos pensar, era mostrar que había un territorio específico, con una geografía y límites específicos, que se llamaba México y que era independiente (hace solo unos años México se había sacado de encima a Maximiliano de Hasburgo).
De su periplo por París diría:
"... los cuadros míos han producido mucho efecto, agradan bastante y se han sorprendido de ver que en México se puedan pintar estas obras que juzgan de bastante mérito".
Me imagino a los franceses sorprendiéndose de que en una tierra salvaje a indómita como México se pudieran hacer pinturas que rivalizaban en técnica y destreza con las que pintaban sus más ilustres artistas. Una forma de decir "aquí está México".
Eso sí, a diferencia de otro exponente del arte mexicano como lo fue Juan Rulfo, Velasco era poco dado a viajar. Así que su pintura a veces puede parecer monótona:







Pero el hecho de que se vean pocas variaciones en sus temas y técnicas, tal vez hace que su objetivo de largo plazo –crear nación– se logre todavía más: su arte te deja esa sensación de que México es un lugar determinado, con una fauna y geografías particulares, con cielos siempre iguales. Y aunque hoy en día sabemos que esto no es así, y que la diversidad del territorio es inmensa, a finales del XIX fue importantísimo que desde afuera sí lo vieran así.