Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, dice uno de los dichos medio funados que ya nadie usa (y con razón). Pero en la historia de este ilustrador norteamericano todavía se sostiene.
Nappi trabajaba haciendo portadas para las revistas pulp, también llamadas pulp fiction. Se trataba de revistas de baja calidad, hechas con pulpa de madera –de ahí el nombre– y que ayudaron a popularizar géneros "menores" como la ciencia ficción, la narrativa policial o de espionage.
Desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, estas revistas inundaban los kioskos gringos. Como en toda innovación material, estas revistas tenían dos caras: por un lado ayudó a una serie de autores a consagrarse frente al gran público –como Hammet, por ejemplo– pero también publicaban harta literatura de dudosa calidad, caracterizada por el sensacionalismo, lo morboso o lo directamente misógino y explotador.
Llegando a la década del 50, los pulps empezaron a desaparecer, producto del bajo coste del papel de mejor calidad y las novelas de bolsillo, por ejemplo. Igual, no se puede negar que fueron muy importantes para crear una cultura de masas que hoy en día sustenta, por ejemplo, la industria de los cómics de superhéroes. Sin pulps no existiría Batman, dirán algunos.
Volvamos entonces a Nappi.
Joseph Rudolph Nappi había servido en la fuerza aérea norteamericana en la Segunda Guerra Mundial, así que cuando volvió a Estados Unidos aprovechó algunas de las leyes que se habían dictado para darles oportunidad de reinserción a los soldados, y entró a estudiar arte a la Art Students League of New York.
Con su portafolio en mano partió donde una editorial de pulp fiction y consiguió su primer trabajo como ilustrador.
Su primer encargo fue la portada de la publicación número 30 de Nancy Drew, The Clue of the Velvet Mask, en 1953.

Los misterios de Nancy Drew eran una serie de novelas de misterio y detectives creada por Edwatd Stratemeyer, que contrataba varios escritores fantasmas para lograr sacar un número nuevo cada año bajo el seudónimo de Carolyn Keene. En total, se publicaron 175 historias entre 1930 y 2003. Era, en cierto sentido, la contraparte femenina de The Hardy Boys, las historias de dos hermanos adolescentes que también se dedicaban a resolver misterios.
Así se pasó su carrera Nappi: entre los Hardy Boys y Nancy Drew. Llegó a dibujar más de 150 carátulas para libros de la editorial, Grosset & Dunlap; su estilo se empezó a hacer reconocible, llegando a convertirse en uno de los ilustradores pulp más famosos de su tiempo.









Pero Nappi no era buen lector. Dibujaba bien, y rápido, pero era un pésimo lector de novelas. Así que le pedía a su mujer, Peggy, que las leyera y le diera una sinopsis. Partiendo de ahí Nappi se ponía a dibujar.
Hay que estar muy seguro de uno mismo para presentar portadas de libros que no leíste, aunque seguramente, el pulp daba para todo.