Ya les habíamos contado que asistiríamos a la versión 79 del Festival de Cannes, presenciando cómo un exclusivo pueblo costero del sur de Francia se convierte en la sede del festival de cine más importante del mundo.

Con decenas de películas, miles de asistentes de todo el mundo y la activación de industrias enteras en torno al evento, el festival lo cubren medios que suelen encandilarse con el glamour. Pero como en todo, hay otro lado.
A mí me toca contarles la experiencia como se la contaría a un amigo: periodistas comiendo ensalada mientras hacen una fila de 45 minutos para ver cine arte rumano, hombres con smokings arrendados buscando fiestas para conocer productores, estadounidenses peleando con los micreros porque solo les contestan en francés.
Y mi humilde opinión de los estrenos de algunas de las películas que estarán sonando el resto del año.

Todos luchando: la industria en torno al festival
Todos están aquí por una razón: superficialmente estamos celebrando el cine, pero por detrás hay industrias enteras movilizadas por la exposición que supone el festival.
Y la verdad es que todos están luchando por algo. El Marché du Film es un espacio único que reúne a productores y agentes del mundo del cine, donde muchos países tienen stands para mostrar su oferta. Chile tuvo una presencia notable este año, con una delegación que pasó días en reuniones y conversaciones para materializar lo que será nuestro cine del futuro.

Asimismo, hubo dos estrenos de directoras chilenas: El Deshielo de Manuela Martelli y La Perra de Dominga Sotomayor (con comentario más abajo esta nota) y es normal que realizadores que estrenan aquí hagan acuerdos de distribución de sus películas para el resto del año en distintos territorios.

Pero no solo los cineastas están luchando, sino que la cadena entera. Hay productores que compiten por arrendar el yate más grande para tener fiestas o cerrar acuerdos (Jeff Bezos el 2023 trajo uno de 400 millones de dólares) y millonarios que intentan romper el récord Guinness de la mayor explosión de champaña con botellas de 2.500USD.
Hay fotógrafos que lucran con las fotos de las estrellas de Hollywood que caminan por la alfombra roja, pero también aprovechan que esté prohibido sacarse selfies allí para tomar fotos a fanáticos y cobrarles.
Los propietarios suelen tener cláusulas en los contratos de arriendo para poder sacar a sus inquilinos regulares y cobrar a los visitantes 5 veces lo que cobran por la estadía, ubers franceses se mudan a Cannes durante mayo para hacerse la temporada, al igual que peluqueros y estilistas que vienen durante el festival con la esperanza de emperifollar a quien lo necesite. Hasta un supermercado Lidl se abrió la semana pasada para alimentar a los no pueden pagar los almuerzos en los cafés cercanos al Palais del centro de la ciudad.
“La ciudad que se viste para un evento al que no está invitada”, me dijo un residente, apuntando a la transformación que sufre un pueblo y una comunidad compitiendo por encajar en la opulencia.

Hacer periodismo de cine entre tanto ruido
Yo en principio solo quería ver películas, pero sufrí el bombardeo de correos de distintos agentes que invitan a la prensa a charlas, estrenos y conferencias. Cualquier prensa es buena, y como la atención suele estar puesta en la Competencia Oficial, se intenta llevar a los periodistas para que puedan iluminar todos los eventos paralelos que existen.
Igual, ya sabía que no podría entrevistar a Almodóvar (que solo está aceptando entrevistas de medios estadounidenses para Amarga Navidad, su película en competencia), pero son muchas las oportunidades de entrevistar cineastas o incluso ver celebridades. “Michael Fassbender hizo contacto visual conmigo en la conferencia de prensa”, me contó un periodista con orgullo. Para muchos estar aquí es un sueño hecho realidad.

Entre invitaciones a eventos, el FOMO de estar perdiéndote de algo siempre y el dato susurrado de que “se abrió el happy hour en el stand de Brasil”, mi idea es ver la mayor cantidad de películas posibles.
Para eso, los días previos al festival tenía que poner alarma a las 6:50 para, con los ojos medio abiertos y el cortisol a full, entrar a competir con los cientos que a las 7am nos metíamos a la página oficial a sacar entradas que se agotaban al minuto, como si de concierto de Bad Bunny se tratara.
Hay varios cines asociados al festival y funciones repartidas por todo el pueblo, y en teoría uno debería poder alcanzar a ver las películas que quiere para presumir en Letterboxd dar una opinión formada a nuestros lectores.
Para eso, la prensa cuenta con un espacio dentro del palacio y una terraza de periodistas, donde te dan cafecito gratis mientras escribes entre funciones y ves a otros grabar contenido para sus redes.

Y es que, si antes la prensa que cubría el festival eran unos pocos medios impresos, ahora el mundo digital permite que sean también creadores de contenido. Por ejemplo, ayer me topé con un YouTuber que predice los Oscars y un influencer indio que vino gracias a su Instagram de un millón de seguidores. El festival se ha ido modernizando y democratizando para llegar a nuevos rincones.
¿Y las películas?
Ah, cierto.
La atención fluctúa, pero todas las funciones están llenas. El festival es cerrado, lo que significa que el público general no tiene acceso, y solo pueden asistir quienes hayan aplicado a una credencial, ya sea del mercado, de prensa, de estudiante o de persona de la industria. El único espacio completamente abierto es el Cine de la playa, que proyecta clásicos en una regia pantalla frente a decenas de reposeras.

Para las demás funciones los acreditados hacemos fila hasta una hora antes para conseguir los mejores asientos, y hay incluso una fila para quienes no tienen entradas pero sí la esperanza de poder ver los últimos estrenos.

Cada vez que entras a un cine o local oficial del festival, seguridad privada te revisa las bolsas y te escanean como si estuvieras en un aeropuerto. Aún así nada vence el miedo real a quedarme dormido en la cuarta proyección del día.
Como contaba arriba, la sección que genera más prensa es la Competencia Oficial, que es donde está el hype y los cineastas más consolidados. Pero el boca a boca va levantando películas de secciones paralelas y derribando algunas de más alto perfil. Este año, por ejemplo, se habla de que la sección principal está floja, y autores como Asghar Farhadi o Hirokazu Koreeda, favoritos del festival, han recibido críticas mixtas.
¿Las que yo vi?
Mini reviews del día uno
El ser querido

“Un director de cine alcohólico y abusivo contacta a su hija con quien no tiene relación para protagonizar su próxima película”.
Las dudas sobre los parecidos entre la última de Sorogoyen (As Bestas) con cierto hit del festival del año pasado se disipan cuando entendemos que El ser querido empieza donde Valor sentimental termina.
El foco está en un rodaje tenso entre dos personas (Javier Bardem y Victoria Luengo) que están midiéndose y no saben cómo acercarse y, para tratarse de una película sobre la distancia, Sorogoyen filma a sus actores de cerca, potenciando la incomodidad entre ellos.
Grandes actuaciones anclan un melodrama que tiene sus mejores momentos cuando escenas largas entre padre e hija se extienden, dejándonos presenciar el presente cambiante de la dinámica entre ellos. Los juegos formales, en cámara y sonido, pueden sentirse antojadizos pero las actuaciones son tan fuertes que la película vale la pena.
Fjord

Los rumores de que la Selección Oficial estaba más floja que en ediciones anteriores, cambiaron este lunes con la última cinta del director rumano Cristian Mungiu, quien ganó la Palma de Oro por 4 meses, 3 semanas y 2 días, una de las películas más importantes de los 2000.
Con Fjord, mantiene su estilo: el realismo social, las escenas cuidadosamente coreografiadas (pero sin que lo parezcan) y el cruce entre el drama moral personal con el sistema legal y los poderes religiosos. Pero el giro vendría siendo que ha incluido a dos estrellas internacionales en los protagónicos: Renate Reinsve y Sebastian Stan interpretan a un matrimonio perseguido por las autoridades de un pueblo cuando se sospecha que maltratan a sus hijos.
La premisa es fuerte y sostiene distintas verdades: lo inaceptable del maltrato infantil, el racismo de la sociedad noruega, la poca agencia de los niños en decidir su futuro, el peligro del conservadurismo y (lo más incómodo e interesante) el del progresismo cuando busca corregir desde su bastión de rectitud.
Es la candidata más potente al premio máximo del festival hasta ahora, y puede ser la que le permita al rumano pasearse por el circuito de premios hollywoodenses a fin de año.
La Perra

En Cannes hay un premio no oficial que es el Palm Dog, dedicado al mejor perro de las películas presentadas en el certamen. Sería una ofensa que no se lo llevara Yuri, la coprotagonista de la última película de la realizadora chilena, un ser adorable cuyo vínculo con una mujer de una isla en BíoBío Bío es el centro de la historia.
En esta adaptación de la novela de Pilar Quintana, Dominga Sotomayor se atreve a mostrar los vaivenes de la dinámica entre Yuri y Silvia, su dependencia y abandono, un amor no incondicional. Y, con esta, nos permite dilucidar el interior de una mujer que aún no termina de lidiar con la pérdida y la culpa.
Comunicación desde los silencios, ritmos pausados y paisajes inmensos develan una regreso a la autoría de las primeras películas de la directora después de Limpia, estrenada en Netflix el año pasado.

Todo esto fue el día uno.
¿Qué viene en los próximos días? Prometo persecución de famosos, intentos de entrevistas, fiesta privada en un yate, el mecenazgo de algún productor francés para mis proyectos personales, o por último el visionado de muchas películas más.
Total, queda esta segunda semana del festival y estaremos aquí para cubrirlo. Si hay algo en especial que te gustaría leer, mándame un mail a cartas@fintual.com