Hay ciertos pintores que parecen sacados de contexto. Como si no pertenecieran a una época determinada. En ciertas pinturas nos pueden parecer un ejemplo de arte pop, pero a la siguiente, un neoclásico de finales del XVIII.
Es el efecto que me producen los paisajes de JH Pierneef. A veces expresionistas, a veces geométricos, en algunos momentos abstractos e incluso, solo en ciertas ocasiones, da la sensación que se trata más de un diseñador que de un pintor.
Y esa última comparación tiene sentido: este pintor sudafricano no le interesaba pintar los paisajes como los veía, sino como debían ser. Pequeña gran diferencia. Y ahí radicaba su gracia: para pintar, por decir algo, un bosque con una montaña en el fondo, tomaba el ideal detrás de ese paisaje e intentaba plasmarlo. Para eso debía extraer en cierto sentido lo que hacía de ese paisaje único y al mismo tiempo reconocible por cualquiera. Por eso tal vez la comparación con un diseñar: Pierneef buscaba abolir el caos del paisaje, y por eso usaba desde formas geométricas hasta colores simplificados.
El mejor ejemplo –o por lo menos donde me queda muy claro a mí– es en los árboles. Pierneef primero hacía estudios detallados de algún tipo de árbol sudafricano, y uno esperaría que ese método produjera árboles casi realistas. Perp no, los árboles de JH tiene un aire incluso arquitectónico.




Algunas veces más realistas, otras más esquemáticos, incluso con pinta aires de un videojuego (aunque Pierneef jamás alcanzara a conocer lo que era una consola, obviamente).
Hay algo que salta a la vista rápidamente de sus pinturas: casi no se ven humanos. ¿Dónde están las personas? Aunque tal vez es válido preguntar: ¿tienen que haber personas?
En el momento en que Pierneef pintaba, Sudáfrica se estaba construyendo como sociedad y como país: de hecho, su familia huyó de Sudáfrica para la Segunda Guerra Boer, cuando los sudafricanos intentaron independizarse del Imperio Británico.
Por eso tal vez causa tanta atención el hecho de que casi no se vean figuras humanas en su pintura. Algunos lo toman como una declaración política, y puede que su ideología no haya sido precisamente integracionista, pero también puede deberse a que cada uno pinta lo que se le da la gana. Y a Pierneef evidentemente la figura humana no lo llamaba en lo más mínimo.
Esto no impidió que fuera un pintor institucional, de los más exitosos de la época. Por algo le encomendaron pintar la estación de trenes de Johannesburgo. Hoy en día se pueden ver las pinturas todas juntas en un museo.



Algunos dicen que los paisajes de Pierneef eran tan ordenados y geométricos que en realidad no era que estuviera pintando el paisaje sudafricano, estaba construyéndolo. Pero si se abre esa puerta, las lecturas políticas de su pintura empiezan a multiplicarse.
Yo prefiero quedarme con el estilo tan peculiar e incluso atemporal.








