Chile fue, sin duda, un pionero regional en bancarización y pagos electrónicos. En los años 90 y 2000 la consolidación de redes bancarias como Redbanc y Transbank y el éxito masivo de la CuentaRUT nos posicionaron a la vanguardia. Pasamos del cheque y el efectivo a la tarjeta y las transferencias mucho antes que nuestros vecinos.
Sin embargo, ese mismo éxito temprano nos dejó anclados en una infraestructura tecnológica y un modelo de negocios del pasado.
El espejismo de la gratuidad y el problema del CCA
A simple vista el sistema funciona. Las Transferencias Electrónicas de Fondos (TEF) entre bancos parecen gratuitas e instantáneas. Pero la realidad es otra.
Las transferencias interbancarias en Chile operan sobre el Centro de Compensación Automatizado (CCA), una infraestructura privada, de propiedad compartida por los mismos bancos tradicionales. Es un ecosistema cerrado. Aunque no paguemos una tarifa visible al transferir $10.000, el costo oculto de esta red privada es altísimo para la economía:
- Costos de integración y barreras de entrada: la integración al CCA está limitada a bancos y (prepagos). No hay una razón real para no integrar comercios, fintech e incluso personas en un sistema de cuentas que permita enviar y recibir dinero tal como sucede con el efectivo.
- El impuesto al comercio: al ser tan compleja y friccionada la transferencia directa en el punto de venta, las pymes se ven obligadas a arrendar terminales físicos (POS) y pagar comisiones (tasas de descuento) a un oligopolio de adquirentes de tarjetas, mermando sus márgenes.
- Conciliación manual: el costo en “horas-humanas” que gasta una pyme tratando de calzar las transferencias que entran a su cuenta corriente con las ventas del día, porque el sistema actual no transfiere datos detallados, es incalculable.
Por qué los rieles deben ser públicos
Actualmente, los dueños de la "carretera" por donde viaja el dinero son los mismos que ofrecen los servicios financieros. Hay un evidente conflicto de interés que frena la innovación, y ya se están buscando respuestas a este problema en Chile: Shinkansen le quitó el monopolio al CCA, y es la segunda Cámara de Pagos de Bajo Valor en nuestro país. Y aunque la fintech se presenta como una startup con capacidad de innovar y con menos conflictos de interés, también es una empresa privada.
Es aquí donde entra la lección del Banco Central de Brasil, que en 2020 lanzó Pix; o la del Banco Central de la India, que en 2016, liderado por el ex economista jefe del FMI Raghuram Rajan, impulsó el UPI (Unified Payments Interface). Como es de imaginar, ambas iniciativas tuvieron un éxito sin precedentes. No solo por la simplicidad extrema (pagar escaneando un QR o usando un número de teléfono en segundos, 24/7), sino por su naturaleza de Bien Público Digital. Ambos bancos centrales entendieron que el riel de pagos base no debía ser un negocio privado, sino una infraestructura pública. Al construir una carretera estatal gratuita y abierta, obligaron a los bancos, billeteras digitales y fintechs a competir por ofrecer las mejores aplicaciones y servicios de valor agregado sobre esa carretera.
Un imperativo para la productividad
Implementar una red nacional interoperable y pública al estilo Pix o UPI en Chile traería beneficios estructurales inmediatos:
- Democratización para las Pymes: un comerciante en la feria podría recibir pagos digitales al instante, directamente a su cuenta, mostrando un simple código QR de cartón. Sin arriendo de máquinas, sin comisiones y con liquidez inmediata.
- Fricción cero y fin del "copy-paste": despedirnos para siempre del tedioso "dame tus datos". Un alias (celular o correo) sería suficiente para mover dinero en tiempo real, con estándares modernos de experiencia de usuario y seguridad.
- Competencia real: reduciría drásticamente el costo de integración para las innovaciones financieras, catalizando el ecosistema digital que la Ley Fintec busca promover.
- Inclusión financiera 2.0: al digitalizar el efectivo del sector informal con costo cero, se genera una huella transaccional que permitirá a millones de personas y empresas, particularmente PYME, acceder a créditos formales, reduciendo la necesidad de subsidios estatales para corregir “fallas” que las fuerzas del mercado, potenciado por la tecnología, lograrán eliminar.
El rol del Banco Central de Chile
Estamos frente a una necesidad estructural. El Banco Central de Chile ha dado pasos valiosos en la modernización de los pagos minoristas, pero se necesita un sentido de urgencia mucho mayor y un mandato claro para construir y operar esta infraestructura.
Chile tiene la conectividad, tasa de bancarización y solidez institucional para dar este salto. El código, la experiencia y la regulación ya están probados a escala continental. Construir la carretera de los pagos instantáneos públicos bien podría ser la política de fomento a la productividad más efectiva, directa, barata y rápida, que podemos regalarle a nuestro país.