Lo más normal del mundo es que la personalidad de un artista se vea reflejada en su obra. Los casos de Van Gogh o de Gauguin son paradigmáticos. Aunque a veces, incluso tu apariencia física se puede colar en tus pinturas. Es el caso de Frida Kahlo, por ejemplo.
Y es también el caso de Winifred Knights, una pintora británica de finales de siglo XIX y principios del XX que pintó poco, pero lo que alcanzó a crear es tremendamente llamativo.
Para empezar, habría que decir que tuvo una vida bastante "normal": fue hija de una pareja de clase media alta británica y desde pequeña mostró aptitudes para la pintura. Poco a poco fue escalando en las academias y talleres de pintura, bajo el tutelaje de maestros reconocidos en el medio. Hacia 1917, en plena Primera Guerra Mundial, presenció la explosión de una fábrica de TNT en Silvertown. El evento la afectó tanto que tuvo que irse a la granja de su padre en el sur de Londres.

Solo en 1920 retomaría las ganas de pintar, y empezaría a pensar en sus propios temas y estilos. De esa época provienen sus dos primera pinturas relativamente famosas –que ganaron premios incluso–: Leaving the Munitions Works y A Scene in a Village Street with Mill-hands Conversing.


Las dos primeras obras de Knights que le trajeron notoriedad en Inglaterra
Su primera obra ya mostraba un estilo propio incipiente y un ojo crítico para con lo que estaba sucediendo en la sociedad británica: un cambio notable en el rol de la mujer en al producción industrial –debido a la Guerra principalmente– y el rol de la industrialización y los sindicatos.
Pero también se pueden apreciar algunas figuras alargadas, ataviadas con vestidos largos, todas relativamente similares –como en una pintura de Lowry, el de los palitos de fósforos–. ¿De dónde venía el estilo? La fuente de todo era una de las obsesiones de Knights: el Quattrocento italiano.
El Quattrocento (siglo XV) fue la primera etapa del Renacimiento italiano, centrada en Florencia bajo el mecenazgo de los Médici. Marcó la transición del arte medieval al humanismo, introduciendo la perspectiva, el estudio anatómico, el antropocentrismo y la recuperación de la antigüedad clásica griega y romana.




Un recorrido rápido por las pinturas más características de este periodo nos muestran claramente por qué la obsesión de Knights era evidente. La estilización alargada de los cuerpos, la forma en que se disponen los personajes, los colores.
Y también en cómo vestía Knights:



Su pelo, sus vestidos e incluso su fenotipo son ese cruce entre la realidad británica de su época y el pasado italiano. Obviamente, con los años, se fue a vivir a un pueblito al sur de Roma mientras pintaba: Anticoli Corrado, más italiano, imposible.



Este paisaje sacado directamente del renacimiento –o al menos eso debe haber sentido ella– le permitió pintar algo más que figuras estilizadas a lo quattrocento: de esa época viene su escasa pero significativa etapa de "paisajes italianos".



Es, al mismo tiempo, tan moderno y anacrónico que te deja pensando de qué época serán estos paisajes. Qué época reflejan y también en qué momento fueron pintados.
Pero sin duda que su pinturas más famosas fueron aquellas en que su estilo italiano se mezclaba con su educación y contexto británico, creando un producto final totalmente único.


