El 2006 yo tenía dieciséis años y estaba jugando al tenis en nivel junior. Mi término de temporada había sido muy positivo, porque estaba jugando los torneos de dieciocho, y tuve dos o tres buenos resultados a final de año, que me permitieron subir del lugar ciento cincuenta al ochenta.
Eso me permitió jugar la qualy (las rondas de clasificación al cuadro principal) del Australian Open. No estaba en los planes míos ni de nadie que entrara al AO, fue medio sorpresivo, así que mi planificación era casi nula: había que ponerse a entrenar tres semanas antes de la qualy y por lo tanto cortar mis vacaciones, viajar a un país lejano, conseguir dónde quedarme, cotizar pasajes, lugares de entrenamiento, etc.
Por suerte la Federación de Tenis chilena me ayudó, y partí a Melbourne solo: fue una odisea, porque a pesar de que ya tenía experiencia viajando para jugar tenis, esta era la primera experiencia de un viaje tan largo, solo, sin entrenador.
La Federación me puso en contacto con una familia chilena que vivía allá y que me podía alojar. Cuando eres junior y no tienes alguien que te apoye con recursos, tienes que arreglártelas así. Aunque no me quejo; al contrario, me acogieron como a uno más de la familia esos días en Australia.
La semana previa se jugaba un torneo en el mismo lugar de la qualy del Australian Open. La primera semana no me fue muy bien, la segunda tampoco: no me había podido preparar de la mejor manera y se notó. Era difícil conseguir acceso a entrenamientos, como iba solo, me costaba mucho encontrar con quién entrenar.
De todas formas, no quería perderme el Australian Open. Por suerte ahí apareció esa irreverencia que uno tiene de adolescente: empecé a comunicarme con personas del torneo, avisándoles que estaba solo, a ver si me podían ayudar. Les contaba que había hecho un viaje muy largo, que quería vivir la experiencia, aunque fuera de espectador. Porque cuando pierdes en la qualy quedas fuera del torneo y no tienes acceso a ver los partidos.
Ahí apareció la ventaja de ser el único chileno jugando en junior: la Federación Australiana de tenis me consiguió unos pases para poder ir a ver el torneo. Tenía una credencial oficial que me permitiría entrar a los camarines, gimnasios y canchas, vivir la experiencia como un jugador más. Era como ser un espectador dentro del torneo: podía ver cómo se preparaban, los calentamientos previos a un partido, la alimentación, sus rutinas, cómo salían después de los partidos, las conversaciones que tenían con sus entrenadores.
En mi carrera hubo un antes y un después de esa experiencia. Me ayudó a profesionalizarme, darme cuenta de la importancia de los detalles, que para mí como junior no les prestaba mucha atención, por ejemplo a la elongación y la alimentación, hablaban mucho de eso: "Oye, prepárate bien la comida, tienes que comer esto antes"
Y bueno, ya que estaba ahí, obviamente quería ver a Fernando González y Nicolás Massú, que eran los únicos chilenos que habían entrado al cuadro ese año. Yo ya conocía a Horacio de la Peña, por ese entonces entrenador del Feña, así que no me costó mucho poder estar con él –a Nicolás no lo alcancé a ver–. Lamentablemente, fue justo después de un partido que Fernando perdió en 5 sets contra el norteamericano Alex Bogomolov. Aunque no fue una buena semana para González, yo aprendí muchísimo de ver cómo se relacionaba con de la Peña, lo que hablaban y qué discutían. Estoy infinitamente agradecido de Horacio y Fernando que me abrieron las puertas de su box.
Australia, por distintas razones, debe ser el Grand Slam que menos conocemos los chilenos (aunque es lejos donde mejor nos va): los horarios son difíciles, ir es caro y lejos, y tiene menos glamour que París y Londres. Es una pena, porque como mucha gente comenta, Australia es uno de los mejores GS de la temporada: desde la experiencia que me tocó vivir, los hoteles, la calidad de la comida, la calidad de los restaurantes, todo eso es increíble. Al mismo tiempo, en Nueva York, en el US Open, también lo hacen. Para mí, son los dos mejores Grand Slam en términos de organización, de calidad del evento, de público. Me parece que son dos experiencias totalmente increíbles.
Yo tuve la oportunidad de jugar los cuatro Grand Slam como junior. Y como los junior llegamos la segunda semana de torneo te toca ver desde los octavos finales en adelante. Todos los GS son increíbles, obviamente, pero Australia y Estados Unidos tienen algo diferente: es un evento y un nivel de organización en otra escala. Por ejemplo los player lounges, donde todos los jugadores entran al mismo lugar, entonces puedes estar mirando cómo conviven Fognini con Federer. En los otros GS hay espacios diferentes para los top 20, que están en un lugar y el resto en otro. Al mismo tiempo, los estadios y las canchas son tan grandes que opacan a los otros torneos. Al final, la experiencia del Australian Open es que se junten todos los jugadores lo más posible, aprovechando que están los mejores 128 jugadores del mundo.
Obviamente, Roland-Garros y Wimbledon tienen un prestigio diferente al US Open y Australia, a pesar de que dan los mismos puntos. Puedo estar equivocado, pero tengo la sensación de que para los jugadores, Roland-Garros y Wimbledon son como los sueños de todos.
Pero el Australian Open tiene un ingrediente más: por el calendario, ya que es justo después de las vacaciones, los jugadores vienen cien por ciento recargados. Por lo general han tenido 3 o 4 semanas de vacaciones y por lo menos 3 semanas de entrenamiento muy duro.
Y esto se nota en el ambiente y también en los partidos.
Hay muchos partidos a cuatro o cinco sets con alta calidad de juego, donde se nota la frescura mental y física, todos se sienten muy fuertes. Generalmente vemos un cambio físico en los jugadores en esta primera semana de la temporada, ya que vuelven a cargar musculatura. Ese jugador flaquito que habías visto a finales del año pasado de repente aparece irreconocible en el Australian Open. Esto le da un ambiente especial al torneo, ya que todos están expectantes a ver cómo volvió el resto de sus respectivos ciclos de entrenamiento.
En cuanto a la participación de los chilenos, creo que ambos (Garín y Tabilo, ambos eliminados en primera ronda) tienen carreras similares, donde han logrado llegar al top 20 pero les ha costado mantenerse ahí. Eso te demuestra lo difícil que es estar en la élite de este deporte. Lo difícil, tanto para Jarry, Garín y Tabilo, es encontrar regularidad. Algo que, si miramos hacia atrás, tal vez solo lograron Ríos y González.
Para mí, pasa mucho que los jugadores llegan al top veinte, top treinta, con un nivel de juego determinado, con un par de jugadas aprendidas y efectivas, con unos patrones bien marcados; pero al año siguiente, cuando ya tienen más visibilidad, también están más expuestos y los rivales más te estudian: saben cuáles son tus falencias, cuál es tu ritmo, cuál es tu saque favorito, dónde te paras a devolver. Entonces, al final la evolución de los jugadores consiste en en dejar de ser predecibles, en que lo que los llevó hasta ser top veinte, lo sigan evolucionando y no mantenerse con lo que están, porque al final todos se conocen mucho en el circuito, se van pasando tácticas, tips, tipos de patrones de juego que los rivales repiten.
Como entrenador puedo hablar de Alexander Cataldo, jugador de silla de ruedas que va por su tercer Australian Open. Con él hicimos un proceso diferente en esta etapa, para que pueda llegar a situaciones límite y que pueda tener una evolución importante en este torneo. Ojalá que pueda también pasar la qualy. Tiene nivel de sobra para eso. También tengo como alumna a Camila Rodero, que jugará la edición femenina de junior, y que tiene una situación parecida a la de Ale Cataldo: juega qualy con las expectativas puestas en que pueda clasificar y tener un par de rondas en el cuadro principal.
Aunque prefiero no adelantarme. En el tenis hay un dicho muy importante: partido a partido.
En relación a los favoritos del cuadro principal masculino, creo que en el tenis actual hay una rivalidad muy marcada entre dos superestrellas que se separan un bastante del resto: Jannik Sinner y Carlos Alcaraz. Son dos monstruos, dos jugadores con un tremendo potencial, que personalmente siento que han llevado el tenis a otro nivel físico, otro nivel de velocidad de pelota, otro nivel de movilidad, otro nivel de consistencia. Jugadores muy jóvenes, muy ágiles, con un físico privilegiado. Si nada raro pasa, van a jugar la final, que viene siendo la tónica de los últimos torneos grandes.
No veo a ningún jugador que pueda derrotarlos en cinco sets. Los grandes jugadores puede ser que jueguen mal una hora, entonces tal vez en un partido de tres sets son más vulnerables que uno a cinco sets. Los partidos a 5 sets de los GS son muy largos, es mucho rato jugando al tenis, por eso se hace tan difícil ganarles a Sinner y Alcaraz.
De todas formas hay que estar atento a la evolución de otros jugadores como Musetti, Draper, si Fonseca puede tomar regularidad (también fue eliminado en primera ronda) y Fran Cerundolo. Como planteaba más arriba: Australia es el momento en que puedes ver cómo han evolucionado los jugadores después de sus pretemporadas.
En ese sentido, recuerdo un cambio que me llamó mucho la atención en Australia: Andy Murray apareció en el torneo con mucha masa muscular, había subido unos cinco o seis kilos de masa muscular. Pero también puede ser en dirección contraria: Rafa Nadal bajó unos cinco o seis kilos y dejó de usar esa polera sin mangas tan característica de sus primeros años. ¿Por qué lo hizo? En su equipo se dieron cuenta de que ante la humedad, el calor, y en partidos extremadamente largos, iba a estar demasiado pesado, porque no es lo mismo mover noventa kilos que ochenta. Un cambio de dirección un poco en la línea de lo que ha marcado Djokovic, que es muy flaco, se alimenta de manera extremadamente meticulosa. La teoría detrás es que puedes trabajar la fuerza sin subir de peso.
Pero este no es el único cambio que puedes ver en Australia, porque el AO es también el momento en que se definen las modas que marcarán el año y las raquetas que usará cada jugador. Como los contratos con las marcas de vestir y de raquetas son anuales o suelen terminar a fin de año, en Australia se pueden ver las nuevas tendencias que presentan las marcas de vestir más importantes y también las que están tratando de ganarse un lugar. Lo mismo con las raquetas: quiénes cambian de auspiciador y qué innovaciones se pueden ver en el circuito.
E igual que las raquetas y las poleras, también en Australia se ven los cambios en los equipos de los jugadores. El más llamativo de este año sin dudas es el de Carlitos Alcaraz, que rompió su relación con su entrenador de toda la vida, Juan Carlos Ferrero. Va a ser extraño no verlo sentando en su box dándole instrucciones con su tranquilidad característica, y ya veremos qué tanto le influye a Alcaraz este cambio.
El último condimento que creo hace al Australian Open especial es el ambiente: la gente en ese país es muy fanática del tenis. Históricamente han tenido muy buenos tenistas: Rod Laver, Margaret Court, Roy Emmerson, Ash Barty, Patrick Rafter, Hewitt, entre muchos otros. Por eso la cultura tenística tan desarrollada hace que los estadios estén siempre llenos, se mueve una cantidad enorme de gente por el complejo.
Todo esto hace, creo, del Abierto de Australia un torneo muy especial, incluso dentro de los Grand Slams. Por eso todos tenemos esas historias donde nos quedamos toda la noche despiertos o pusimos la alarma a las 5 de la mañana para levantarnos a ver la final. Porque a los espectadores nos pasa lo mismo que a los tenistas: llevamos varios meses sin tenis y estamos ansiosos por ver partidos.