Son las 11 de la mañana del viernes 13 de marzo en el complejo Las Rosas de Coquimbo, cuando el árbitro David Muñoz hace sonar su silbato y comienza a rodar la pelota. Es el primer partido de la temporada 2026 del campeonato profesional femenino de fútbol: se enfrentan Coquimbo Unido contra Universidad de Concepción.
El fútbol femenino en Chile ha pasado por varias etapas, pero recién es profesional por ley desde el 2023. Ese año se estableció que, en primer lugar, todos los equipos masculinos de Primera A y Primera B debían tener una rama femenina; y, en segundo lugar, al menos el 50% de las jugadoras de cada plantel debía tener un contrato profesional.
¿Qué ocurrió entonces? Los planteles que antaño contaban con cerca de 30 jugadoras se redujeron a 18 (el mínimo para poder establecer un plantel profesional de fútbol) y, lo más importante, a partir de la temporada 2023 las jugadoras ya no tenían que pagar por jugar, sino por el contrario les pagaban. ¿Cuánto? Obviamente iba a depender de cada club, pero la gran mayoría ganaba el sueldo mínimo de la época, es decir, $440.000 brutos (unos U$550, dependiendo del tipo de cambio). Al año siguiente la ley establecía que el 75% de los planteles profesionales debían tener contrato y el 2025 se llegó al 100%. Es decir, desde enero del año pasado, toda jugadora que pertenezca a un club profesional, tanto de Primera A como de Primera B en Chile, gana al menos el sueldo mínimo ($539.000 brutos -o netos como le dicen en otros países de Sudamérica- o sea, unos U$600 al día de hoy).
¿Eso es lo que ganan todas las jugadoras en Chile? Por supuesto que no. Dependiendo del club y de la calidad de la jugadora, los sueldos van variando. Por confidencialidad no podemos revelar el monto correspondiente al sueldo ni los bonos que tiene cada jugadora, pero sí podemos hablar estadísticamente. Así por ejemplo, de las 38 jugadoras con contrato que representamos en Agencia FemPlay, 14 (el 37%) ganan el sueldo mínimo, mientras que la jugadora con mayor salario cobra casi $2 millones líquidos mensuales (U$2.200); dicho lo anterior, el promedio de ingresos mensuales de las jugadoras que nosotros representamos es de $775.000 (U$860).* Y para que te hagas una idea: en Chile la jugadora con el sueldo más alto bordea los 3 millones de pesos mensuales.
Minuto 29 de partido, la arquera argentina Micaela Brítez de Universidad de Concepción se equivoca en la salida y al tratar de recuperar el balón, comete un penal. La seleccionada chilena y capitana de Coquimbo Unido, Adriana Moreno, se para frente a la arquera trasandina y anota el primer gol del campeonato. 1-0 se van al descanso las Piratas frente a las del Campanil. Sí, en el fútbol femenino también hay traspasos internacionales y es por eso que Micaela llegó a la UdeC proveniente de Vélez Sarsfield. No hay tantas jugadoras extranjeras como en el fútbol masculino, pero cada vez es más frecuente ver jugadoras provenientes de Argentina, Uruguay o Colombia. En FemPlay, de hecho, representamos en el campeonato local a un par de uruguayas, una alemana y una chilena-australiana. Si bien los sueldos en Chile no son tan altos como en otras latitudes, los clubes sí cumplen sus compromisos y (a veces con uno que otro retraso en algunos días) pagan los sueldos acordados.
¿Cómo es la realidad en el resto de Sudamérica? Como todo en la vida, depende… depende del país, depende de cada club y depende del momento de cada club. En Brasil el futfem año a año crece más, lo cual se puede ver en el público que asiste a los partidos, las audiencias televisivas y los altos sueldos de las jugadoras, los cuales muchas veces igualan o incluso sobrepasan lo que se puede pagar en Europa, México y Estados Unidos. En Colombia también ha ido adquiriendo bastante popularidad, y si bien es un campeonato corto, de casi 7 meses, casi todos sus partidos se juegan en estadios profesionales, ya sea como antesala de un partido de fútbol masculino o como un espectáculo propio. Sin duda que Brasil y Colombia llevan la delantera en ese sentido, lo cual además se puede ver reflejado en los resultados obtenidos por sus respectivas selecciones, tanto en los campeonatos oficiales de la CONMEBOL como en las copas mundiales organizadas por la FIFA.
Un escalón más abajo venimos el resto de los países… en Argentina el fútbol es profesional, pero solo en la Primera División (el sueldo mínimo para el futfem en Argentina es de $786.000 argentinos, es decir, unos U$560); en Uruguay solo Nacional tiene a todas sus jugadoras contratadas, mientras que el resto de los equipos le entrega ayudas (viáticos) a sus jugadoras; en Perú va a depender de cada equipo, pero solo los más grandes (Alianza Lima, Universitario y Sporting Cristal) tienen a algunas jugadoras contratadas, ya que el resto recibe ayudas económicas que van entre los 150 soles (unos U$45) y los 1.000 soles (U$300 aprox); en Ecuador, Independiente del Valle está haciendo bien las cosas, tanto en el masculino como en el femenino, y prácticamente todas sus jugadoras están contratadas, lo que le ha permitido ganar las últimas ediciones del campeonato nacional y jugar la Copa Libertadores fem; finalmente en Paraguay y Venezuela, el fútbol femenino es semiprofesional; y en Bolivia es definitivamente amateur.
¿Es sustentable el fútbol femenino profesional? La realidad es que todavía (aunque cada vez menos) el fútbol femenino no es autosustentable y depende en gran medida de la realidad que esté viviendo la rama masculina para saber si el plantel femenino contará con más, menos o ningún recurso. Así por ejemplo, cuando Fernández Vial masculino descendió de Primera B a Segunda División Profesional, la rama femenina -que venía haciendo buenas campañas en Primera A del femenino- terminó desapareciendo. Lo mismo sucedió con Deportes Puerto Montt cuando descendió desde la Primera B a la Segunda División Profesional; aunque como el año pasado volvió a ascender, esta temporada volvió a tomar vida el fútbol femenino en el Chinquihue. Más triste es el caso de Santiago Morning, quien en el masculino se acostumbró a deambular en la mediatabla de la Primera B, pero que en la temporada pasada descendió a la Segunda División Profesional, arrastrando consigo a la desaparición del plantel femenino, a pesar de ser una de las permanentes animadoras del torneo de mujeres, teniendo un histórico tricampeonato en su palmarés y habiendo dejado bien puesto el nombre del fútbol femenino chileno en 5 ediciones de la Copa Libertadores Femenina.
Corre el minuto 78 cuando la zurda Ashley López, seleccionada chilena sub 20, le envía un preciso centro a Adriana Moreno, quien con clase magistral baja el balón de pecho, le hace un sombrerito a su marcadora y de sobrepique le pega cruzado para anotar el segundo gol. Sus compañeras corren a abrazarla, el relator de la cuenta oficial de Coquimbo Unido en YouTube* casi rompe el micrófono de la emoción y asusta a mi hija que estaba jugando con sus peluches al lado de la cama. Coquimbo Unido asegura sus primeros 3 puntos en el campeonato, su entrenador Ignacio González está contento con el resultado, pero responde con mesura al término del encuentro ya que recién es la primera fecha y queda todo un campeonato por delante. Comenzó la temporada de fútbol femenino en Chile, ese que hace un par de años las jugadoras debían pagar para poder competir y en el que hoy les pagan para que se puedan dedicar profesionalmente.
* Coquimbo Unido transmite todos los partidos del fútbol femenino por YouTube. Para eso hay que pagar una suscripción mensual de $6.500. Hay algunos clubes que transmiten los partidos de fútbol femenino por YouTube sin costo, como es el caso de Universidad Católica, Universidad de Chile, Palestino, Unión Española y Deportes Iquique; en el caso de Colo Colo tiene un costo mensual de $3.500 ; hay otros equipos como Huachipato quienes transmiten sus partidos a través de Passline, los cuales se deben ir pagando partido a partido; y hay algunos equipos que definitivamente no transmiten sus partidos.