El miércoles las estaciones de servicio de Chile parecían otra cosa: filas de cuadras, camiones llenando tambores de 1000 litros y barreras indicando que no quedaba combustible. El gobierno había anunciado alzas de hasta $580 por litro y el pánico hizo lo suyo –aunque para muchos no era pánico sin razón: llenar un estanque grande un día antes o después podía significar 30 mil pesos de diferencia. El MEPCO –el sistema con el que se definen los precios del combustible en nuestro país– está en boca de todos: políticos, periodistas, expertos. Pero lo que casi nadie está explicando bien es que esta alza tiene menos que ver con la guerra en Irán de lo que parece.
Lo que la mayoría sabe del MEPCO es que es un fondo que se utiliza para estabilizar las alzas y bajas del precio del combustible. Esta definición sirve para hacernos una idea general de qué es y cómo funciona, pero tiene un punto ciego: el largo plazo. De hecho, el nombre es bastante autoexplicativo: “Mecanismo de Estabilización de Precios del Combustible”, pero a veces se pasa por alto la palabra mecanismo, que es distinta a fondo. Y ese pequeño olvido es justo lo que provoca que nadie esté explicando bien la película completa del MEPCO. Porque sí, el alza de esta semana se explica en una parte por el conflicto en Irán, pero también hay una parte –y muy importante– de las cuentas del fisco. Y esa segunda parte es lo que vamos a abordar aquí.
Lo que pasó fue una combinación de dos cosas: por un lado, hubo un ajuste puntual grande en los precios internacionales; por otro, el gobierno cambió por decreto un parámetro del MEPCO para que no tomara en cuenta el alza y entonces no se gatillara el “subsidio” que había entregado en semanas previas, traspasando de golpe el alza externa a los consumidores. El precio al que termina el combustible esta semana responde al shock internacional, pero el “salto” de $580 responde a cómo se decidió aplicarlo en Chile.

¿Cómo funciona el MEPCO?
En simple, este instrumento utiliza distintos parámetros para modificar el impuesto específico al combustible, y con eso intenta estabilizar los precios. El mecanismo entra en acción cuando el precio de paridad (el precio internacional observado) tiene una diferencia de +/- 5% con el precio de referencia (construcción de un precio esperado al largo plazo) lo que gatilla una disminución o aumento del impuesto específico para que el consumidor observe un precio dentro de esta “banda de referencia”.

Tanto los precios de paridad como de referencia se calculan usando ventanas de tiempo que determinan promedios móviles. Y aquí viene un primer punto importante: el Ejecutivo puede modificar estas ventanas de tiempo mediante un decreto, lo que puede cambiar si el mecanismo se activa o no. Por ejemplo este 24 de marzo el precio de paridad se empezó a calcular con el promedio móvil de las últimas 4 semanas (a diferencia de las 2 semanas que se utilizaban anteriormente), lo que permite incluir precios pre-guerra. Esto baja el precio de paridad, dejándolo dentro de la banda de referencia, por lo que no se acciona el “subsidio” que habíamos visto estas últimas semanas.
¿Qué hubiese pasado si el gobierno no cambiaba la ventana de tiempo? el subsidio estaría activo y nosotros los consumidores seguiríamos sin sentir los efectos de la guerra. Por eso esta facultad del Ejecutivo es tan importante, al final, el MEPCO no es un mecanismo matemático neutral, es una herramienta que el gobierno puede usar como vea conveniente, y por eso también es un mecanismo político.
En resumen la lógica fiscal del mecanismo es que 1) en los momentos en que la bencina está muy cara en el mundo, en Chile “subsidiamos” –bajamos el impuesto– al precio para suavizar el alza y que no le pegue tanto a los bolsillos de la gente. Pero 2) cuando está más barato, se cobra más para intentar recuperar .
El problema: al fisco no le sale a cuenta el MEPCO
“El MEPCO busca ser fiscalmente neutro” frase que aparece en distintas notas de prensa. Si bien esa puede ser la misión, los datos son claros: el fisco pierde plata con el MEPCO. Para ilustrarlo analicemos un periodo “normal” del precio del combustible entre enero del 2023 a diciembre 2025, después del efecto de la guerra en Ucrania –que fue el último colapso del MEPCO–. Como se ve en el gráfico, el mecanismo tiene periodos de subsidio [rojo] y de recuperación [azul], pero no hay que mirar muy de cerca para darse cuenta que el área roja es más grande que la azul. El recuadro lo resume en números: por cada 100 pesos que el fisco dejó de recaudar subsidiando las alzas, recuperó sólo 71 en los períodos de baja —un déficit neto de 988 $/L·sem en el período analizado.

Hay periodos de recuperación, de eso no hay duda, pero para que el mecanismo sea realmente neutro se debe cumplir un supuesto clave: las alzas deben ser de la misma longitud e intensidad que las bajas. Es decir, lo que pierde en recaudación el fisco en periodos de alza del precio internacional debe ser igual a lo extra que recauda en periodos de baja.
Los datos muestran una asimetría clara: los períodos de subsidio son más largos e intensos que los de recuperación. Si eso se debe a un problema de calibración de los parámetros o a decisiones del gobierno de turno, es algo que los datos solos no pueden confirmar –y probablemente sea una combinación de ambos–.

¿Entonces el MEPCO siempre ha perdido plata? En los últimos 4 años la respuesta es sí. Aquí volvemos a la pequeña gran diferencia del comienzo: al ser un mecanismo y no un fondo, la plata no se puede acabar. Lo que no significa que no tenga un impacto negativo en las finanzas públicas. La diferencia importa: un fondo del fisco se agota y para. Un mecanismo ajusta impuestos indefinidamente, lo que significa que el déficit puede seguir acumulándose sin que nadie apague la llave, y sin que haya una señal de alarma visible.
Esto explica lo popular de la medida. El gobierno subsidia el combustible en periodos de alza, no logra recuperar con el aumento de la recaudación con los periodos de baja y el fisco termina con un déficit a largo plazo con respecto a lo que debería recaudar por el impuesto específico al combustible. Sin agregar lo que significa una disminución importante de las arcas fiscales en períodos de alza –que tienden a ser periodos complejos para los gobiernos–.
¿Es culpa del gobierno anterior?
La respuesta depende de qué parte del problema miramos. El gobierno anterior sí dejó instituciones con menos margen, como el Fondo de Estabilización de Precios del Petróleo —que a diferencia del MEPCO, sí puede quedarse sin recursos, y cubre hoy solo kerosene doméstico y combustibles industriales—. Pero la decisión de subir el precio no viene obligada por eso. Como dijo el ministro Quiroz, el gobierno busca “devolver la responsabilidad de las platas públicas”. Esto significa que el gobierno actual pudo haber seguido subsidiando y cargando el déficit a la cuenta del fisco, pero eligió no hacerlo. Suavizar el alza por la guerra es algo que simplemente no se va a compensar en su totalidad, por lo tanto, para no aumentar el déficit que ya estamos generando, lo lógico es no subsidiar más el precio.
Hay quienes dirán que la situación en la que se deja al gobierno actual lo obliga a subir los precios, lo que es un análisis político válido, pero prefiero verlo desde otro punto de vista. El precio del combustible subió por factores 100% externos, hemos ocultado esa alza a costa de que el fisco esté recaudando sustancialmente menos y la única forma de que esta recaudación se compense parcialmente es sincerando los precios que realmente tiene el combustible.