La semana pasada los premios más reconocidos del cine anunciaron sus candidatos y, entre tanta Batalla tras otra y Pecadores, salta a la vista algo que se ha estado replicando los últimos años.
Entre las nominadas a Mejor Película también están la brasileña El agente secreto y la noruega Valor Sentimental, que obtuvo 9 nominaciones. La española Sirât entró en sonido y la iraní Un simple accidente, en guion original. Esto se suma a una tendencia que el año pasado vio nominadas a Aún estoy aquí (Brasil) y Emilia Pérez (Francia), y el 2023 a Anatomía de una caída (Francia) y La zona de interés (Reino Unido, en alemán).
Antes del 2000, en las primeras 75 ediciones de los premios, solo 6 películas de habla no inglesa habían sido nominadas a la categoría principal (entre ellas La vida es bella y Gritos y susurros, de Bergman) y ese número se ha igualado en las últimas tres ediciones. ¿Cómo se explica?

Una ceremonia estadounidense con una categoría internacional
Primero que nada los Oscar son premios estadounidenses que se crearon para premiar a Hollywood. Y nunca pensaron agarrar tanto vuelo. De hecho, uno de los factores para considerar las películas era que se estrenaran en Los Ángeles, por lo que ni siquiera cualquier película podía participar.
Las películas “extranjeras” tenían su propia categoría, que recién hace un par de años pasó a llamarse “Mejor Película Internacional”. Cada país podía seleccionar una sola película hablada en un idioma no inglés para que los represente (este año Chile eligió a La misteriosa mirada del flamenco, por ejemplo) y estas podrían competir en su categoría correspondiente.
Hasta que dejó de ser así. Las películas internacionales se visibilizaron más y eso tiene que ver con una serie de factores.
Racismo, #OscarsSoWhite y un recambio de miembros
Los Oscars estaban perdiendo relevancia cultural y los ratings del show bajaban año a año. Con tanta oferta cultural, la gente podía ver lo que quería y no necesitaba que un grupo de académicos les dijera lo que es bueno.
Eso se intensificó con una controversia el 2015 cuando los veinte actores nominados a las categorías principales y secundarias fueron blancos. A la Academia se les acusó de racismo, de estar desactualizados y de no representar el cine que la gente quería ver.
Y bueno, tenía algo de cierto. Los miembros hace una década eran 90% blancos y alrededor de 70% hombres, todos muy mayores. Es la razón por la que películas de cierto perfil (dramas, históricas, con protagonistas masculinos) solían ganar. Piensen en lo que era una película Oscar antes: La lista Schindler, Danza con lobos, Una mente brillante, Gladiador, El discurso del rey.
La Academia se puso las pilas y tiró membresías a gente que pudiera diversificarla: personas de todo el mundo, gente joven, artistas fuera de la industria, con foco en mujeres, personas de distintas etnias y la comunidad LGBT. Todos los grupos que no estaban incluyendo antes.
Los votantes se volvieron menos anglo-céntricos, se despegaron un poco de Hollywood y pasaron a tener un perfil más cinéfilo.
Ahora tenemos mujeres directoras nominadas cada año y las películas ganadoras son algo más osadas, como Moonlight (drama gay afroamericano), Everything Everywhere All At Once (fantasía/comedia/lgbt), Nomadland (indie protagonizado y dirigido por una mujer) y Parasite, que fue la que marcó el antes y el después.
Acceso, moda y Parasite
Al mismo tiempo que la Academia se expandía, los streamings, la globalización y el acceso a una mayor cantidad de títulos cambió también las cosas. De pronto los gringos no tenían que ir a una función del cine arte local para encontrar una película extranjera, sino que estaba disponible en Netflix, Mubi o Amazon como cualquier otra y, no solo eso, la gente hablaba de ella.
El boca a boca empezó a aplicar también a películas como Roma y Parasite, que se volvió todo un fenómeno. No solo eran películas buenas, eran películas buenas que la gente podía encontrar y ver.
En una ceremonia de premios, el director Bong Joon-Ho aleccionó a Hollywood: “una vez que superen la barrera de tres centímetros que suponen los subtítulos, se les presentarán muchas películas increíbles”.

Parasite se convirtió en la primera película de habla no inglesa en ganar el Oscar a Mejor Película y, desde entonces, han habido películas “internacionales” nominadas cada año.
Y hasta ahora la cosa ha ido bien. El cine internacional le da a la ceremonia prestigio y relevancia cultural, lo cual justifica su existencia y los mantiene vigentes. Recordemos que los Oscar en un par de años tendrán su ceremonia #100 y cualquier institución tan antigua tiene que renovarse para que la gente siga creyendo en ella.
También ayuda a una industria que está pasando por un momento creativo difícil. Hollywood está en su período más adverso al riesgo, por lo que invierte poco en proyectos originales o que no pertenezcan a franquicias.
Por lo mismo, abrirle las puertas a un cine dirigido a adultos que resulta más innovador les viene bien: toma los riesgos que la industria tiene miedo de tomar. Y así es como los Oscar terminan nominando Drive my car, un drama japonés de 3 horas, junto a los remakes de West Side Story y Nightmare Alley.
Hay que tener en cuenta que estas películas internacionales que Hollywood está empezando a aceptar siguen ciertos moldes: están validadas por festivales de cine europeos, distribuidas por compañías norteamericanas y corresponden a ciertos países por sobre otros (principalmente de Europa, liderados por Francia, Italia y países nórdicos).
Pero lo cierto es que denota una tendencia a nivel mundial y es que las películas ya no pertenecen solo a un país. Las coproducciones entre países son algo muy común y el cine independiente surge de la colaboración de distintas fuerzas y estrategias.
Los distribuidores no le tienen tanto miedo a las películas no yankees, y los streamers aprovechan de añadir variedad a su catálogo con títulos de todo el mundo. Y los públicos disfrutan de poder nutrirse con historias que amplíen un espectro que ha estado ampliamente dominado por la industria estadounidense.
¿Eso significa que pronto le toca a Chile?
¿Por qué no? Si la tendencia continúa, cada año se irá diversificando más la cosa y eso terminará por incluir más fuertemente a Latinoamérica. Chile podría tener un éxito internacional que tenga un montón de nominaciones. Ya ha competido en Mejor Película Internacional (ganando con Una mujer fantástica y nominado por No) y ha tenido nominaciones recientes.
Aprovechando el vuelo que puede ver a Brasil ganando por segundo año consecutivo, quizás hay que decirle a Larraín que llame a Pedro Pascal para hacer un biopic. Eso sí, tendría que seguir una serie de pasos si quiere lograrlo. La fórmula para ganar un Oscar ya está diseñada.
Nota de riesgo de las nominaciones al Oscar de este año:
Las nominadas a Mejor Película del 2025 son:
-Bugonia
-El Agente Secreto
-Marty Supreme
-Train Dreams
-F1
El récord de películas “internacionales” en la categoría sigue siendo de dos, pero con una de vampiros (Sinners), otra de terror (Frankenstein) y una de aliens (Bugonia) en la lista, podría decirse que están en su momento más arriesgado de todos.