Puede haber distintas razones para llegar a una serie como All her fault: ver qué está haciendo Sarah Snook post Succession, deleitarnos viendo casas y vestuarios que jamás podremos poseer, querer sentirnos viejos al ver a Dakota Fanning haciendo de mamá, o incluso porque nos soplaron que hay un personaje chileno con acento mexicano.
También puede ser para chequear una miniserie que estuvo en el número 1 de su plataforma y que está ganando premios, o si es que tenemos fatiga de la última Avatar en el cine y preferimos quedarnos en casa entretenidos por algo genérico y con mejores giros de lo que anticipábamos.
All her fault parece seguir el mismo molde de otras series como The beast in me: un thriller con una estructura que se va complejizando a medida que se nos revelan detalles clave de información, que termina sus episodios con cliffhangers, con un penúltimo capítulo en formato flashback y una facilidad preocupante para devorarla en un día.

Un gancho poderoso y una serie que conoce la fórmula
Nuestra Shiv Roy aquí es Marissa, una madre millonaria que un día va a buscar a su hijo Milo a la casa de un compañero donde se supone que estaba jugando, cuando le abre la puerta una señora desconocida y le dice que él nunca estuvo ahí. Marissa llama por teléfono a la madre que se supone que se llevó a su hijo pero el número está muerto y resulta que alguien se había hecho pasar por ella para coordinar la tarde de juegos.
Marissa se empieza a desesperar, obviamente, cuando entiende que esto no fue un malentendido y alguien secuestró a su hijo. Por eso en castellano la serie se llama Su peor pesadilla, pero creemos que All her fault es mejor título porque alude al tema central que trata la serie, que es la facilidad con la que responsabilizamos a las mujeres por no proveer los cuidados perfectos.
Son ocho capítulos en los que Marissa tiene ataques de pánico constantes mientras una investigación policial avanza para dilucidar lo que al principio se trata como un caso de secuestro y luego termina revelando mucho más.
Pasan los días y ni Marissa ni su esposo saben mucho, aunque él empieza a resentirla por no haber sido más cautelosa al agendar la reunión con la otra madre.
Esta otra madre es Dakota Fanning, quien hace rato ya viene recordándonos que es buena actriz en papeles secundarios de series como La pareja perfecta y Ripley. Aquí lo hace de nuevo como otra mujer exitosa que no da abasto con el trabajo y los cuidados de su hijo, y que se acerca a Marissa cuando la investigación descubre que fue su niñera la que secuestró a Milo.
Esos son los elementos con los que la serie va a jugar y, si has leído hasta acá, es que seguramente es tu tipo de serie y deberías ir a consumirla apenas necesites procrastinar.
Si aún no te convence, ten en cuenta que en el primer capítulo hay una niñera “chilena” interpretada por una actriz que dice el peor puta la wea registrado en el audiovisual (y eso que supuestamente la actriz es australiana-chilena). .

Melodrama, giros, buenos actores y todo lo que nos gusta
Hay cierto tipo de libros que en inglés denominan “airplane reads” (esta serie está basada en uno de ellos), que son novelas fáciles, ligeras, adictivas y olvidables y quizás sirve ver All her fault como su contraparte televisiva. Lejos de chaquetearla, la serie entiende perfectamente su género y se entrega a sus impulsos teleséricos incluso con más facilidad que algo como The beast in me, que nos quería engañar un poco más.
All her fault es melodrama, girl power facilón y disfruta poniéndonos música ominosa mientras Sarah Snook hiperventila. Y todo funciona.
La prensa empieza a meterse en el caso y a responsabilizar a la pareja, entendemos que el esposo de Marissa esconde sus propios secretos, nos vamos a la perspectiva del policía para entender cómo es que todos estos ricos siempre terminan matándose entre ellos, e incluso las tramas que menos funcionan (el esposo mantiene en relación de dependencia a sus hermanos y durante varios capítulos no entendemos por qué eso nos interesa) tienen su razón de ser.
En el mejor de los casos incluso tiene un mensaje que puede resonar en el público, analizando cómo se asigna con tanta facilidad culpa a las mujeres por no cumplir sus roles asignados. Y no solo a la protagonista, sino que a la vecina, la niñera chilena e incluso la secuestradora: que si trabajan demasiado, que si dijeron la verdad a tiempo, que si no revisaron el más mínimo detalle.

Y también enfoca su denuncia en algo particular, que son aquellos hombres que buscan hacerse cargo de todo para tener el control, llamarlo generosidad y deshacerse de cualquiera que no se alinee con ese plan. Le pone rostro a otro “hombre bueno” del que no hay que confiarse.
Incluso te sorprende con la moral que adopta hacia el final. Una vez que ya entendemos exactamente qué fue lo que pasó, quién es el culpable, por qué y cuáles fueron sus motivaciones, nos podemos quedar con el sentimiento de que todo está muy limpio, de que todo es muy fácil. Y ahí es cuando la serie tiene guardado otro giro que complejiza las cosas un pelín más y nos recuerda lo jugoso del género.
Y luego están los actores defendiendo el material con todo lo que tienen. Después de interpretar 26 papeles en Broadway con El retrato de Dorian Gray, ya tenemos claro que Sarah Snook puede hacerlo todo. Y aunque aún no le llegue otro papel a su altura, eleva lo que esta miniserie le ofrece, así como todo el elenco. Finalmente por algo se convirtió en la serie más vista de la historia de Peacock y está siendo nominada en la temporada de premios que se desarrolla estas semanas.
Así que a lanzarse a las revelaciones inesperadas, deleitarse con los giros dramáticos, ignorar el feminismo anticuado y agradecer que todavía existe un buen binge.
Nota de riesgo: moderada
