Hay un momento en la vida de todo artista en que este encuentra la que será su obsesión. Algunos nacen conociéndola, otros la reconocen en su adultez. Algunas veces es una musa, como Renoir; otras veces es un lugar, como para Cézanne. Otras tantas, es un tema. Para Winslow Homer fue el mar.
Obviamente conocía el mar desde siempre, ya que había nacido en Boston. Pero no sería hasta un año sabático en Inglaterra, donde conocería de cerca la vida de pescadores, que se obsesionaría con pintar escenas marinas.
Para mí, Winslow Homer es sinónimo de otra obsesión personal: el verano. Creo que es de los pintores que mejor retratan no tanto una época del año, sino ese estado mental asociado a un lugar: el sol, el relajo, el paso del tiempo sin mirar el celular, el mar –sí, también estoy un poco obsesionado con el mar–, los ríos y la pesca, descansar.
Homer pintó tantas imágenes asociadas al verano que incluso se pueden categorizar. Si esto parece un panfleto pensado para mandarte directo a Airbnb a soñar tus próximas vacaciones, bueno, estamos en la misma página.
Primero, el campo: descansar en el pasto, días eternos corriendo sin hacer mucho, recoger frutas de algún árbol, el calor intenso y la libertad de poder moverte a tus anchas siendo un niño.




Y claro, descansar. Descansar tanto que cuando pase el día te quedó la sensación de que solo leíste y dormiste siesta.



Pero si el campo en verano te parece demasiado caluroso, vamos a refrescarnos un rato a la playa. Mar, arena, navegar.







¿Necesitas algo un poco más retirado, con menos personas? Pues podemos irnos al lago y al río.







Fue en este lugar donde Winslow Homer desarrolló otra de sus pasiones: la pesca con mosca. Se trataba de una técnica antigua pero poco desarrollada en Estados Unidos hasta ese momento, y nuestro pintor en cuestión fue uno de sus pioneros.



Después de volver de Inglaterra, Homer expuso sus nuevas obras de madurez en Nueva York, con apreciaciones muy favorables de parte de los críticos. Se podría haber quedado allí, vivir de su fama, ganar dinero, ser un artista de la gran ciudad. Pero Winslow prefería el mar: así que finalmente se fue a instalar a su casa familiar en Prouts Neck, un lugar perdido en las costas de Maine, y que es considerada hoy en día una de las penínsulas más exclusivas del país.




Y que el buen Winslow inmortalizó en esta pintura.
