Por quinto año consecutivo me preparo para mi apuesta anual: El color del Gatorade del Superbowl.
Cuenta la leyenda que en 1984, un jugador de los New York Giants llamado Jim Burt vació su hielera de Gatorade encima de su coach Bill Parcells después de haber ganado un partido de temporada. Esto como venganza por una serie de “castigos” que le pusieron al jugador previo al partido. El resultado, un coach tremendamente molesto y el inicio de una tradición, que se afianzó cuando los Giants ganaron el Superbowl XXI en 1987 y repitieron la bromita.
Lease con voz de narrador de leyenda de Coyoacán: Desde entonces, todos los años, justo al terminar el Superbowl, el equipo ganador vacía encima de su coach la hielera con Gatorade que tienen en la banca para hidratarse.
Los apostadores, ni lentos ni perezosos, empezaron a intentar apuntarle al color del Gatorade durante el Superbowl de forma informal, el típico “¿Cuánto a que el Gatorade es naranja?”. Pero fue tal el éxito de este juego del destino que en 2005 se integró como apuesta formal en sportsbooks de Las Vegas.
El color del Gatorade no es la única apuesta de este tipo: con el paso de los años podemos encontrar apuestas formales (y muy populares) poco relacionadas al display deportivo, como el resultado del volado de la moneda, la temperatura durante el partido, duración del himno nacional, si un jugador perderá un zapato, las canciones del show de medio tiempo, la categoría del primer comercial que saldrá en la transmisión oficial y mi favorita: Si Travis le pediría matrimonio a Taylor antes, durante o después del Superbowl LIX (todos perdimos, ella ganó, o más bien él, pero eso es otro chisme).
Y aunque el Superbowl es como las Olimpiadas de las apuestas idiotas, muchos deportes las tienen. En soccer (el fútbol que juegan allá en Estados Unidos) por ejemplo es común ver la apuesta de si un fan se meterá a la cancha. En tennis, si un jugador romperá su raqueta haciendo berrinche, en fin.
Estas apuestas son parte de una industria multimillonaria. Solo hablando de México se estima que 65% de la población adulta ha participado en alguna apuesta. Leíste bien, seis (y medio) de cada 10 mexicanos han apostado. También se estima que 8 millones de mexicanos lo han hecho en línea. (No es que sea floja, digo que “se estima” porque aún no hay un censo formal del oscuro mundo del juego.)
Para contrastar: Alrededor de 3.4% de los mexicanos mayores de edad cuenta con una inversión en depósitos a plazo fijo o fondo de inversión (ENIF 2024), de hecho, de acuerdo a un estudio de Vanguard ocupamos el último lugar en participación de inversiones retail de la OCDE. El año pasado el presidente de la CONDUSEF estimó que solamente 430,000 mexicanos invierten en un Plan Personal de Retiro y el único dato que encontré apunta a que por cada mil personas, alrededor de cuatro invierten en la Bolsa Mexicana de Valores.
¿Por qué estamos más dispuestos a poner nuestro patrimonio en las delicadas manos de un chef de Gatorade que en inversiones formales y pensadas para darnos seguridad y rendimientos?
Como siempre, mis teorías:
1. Simpleza
Apostar es, a propósito, muy fácil: eliges un equipo, o un color de Gatorade, y, en tiempo real, sabes exactamente cuánto puedes ganar. Cuando al terminar el partido tienes 0 pesos, nadie tiene que explicarte por qué.
¿Inversiones? ¿Y eso con qué se come o qué? Entender todo lo que pasa detrás de los movimientos del mercado puede ser complicado, y esa falta de claridad o simplificación se vuelve una fricción enorme.
Sí, prefieres perder todo de manera simple que obtener rendimientos con un poco más de esfuerzo.
2. “Recompensa” inmediata
Cuando una de cada 100 veces que apuestas ganas, cobras. Así, directo. No hay burocracia, no hay procesos, no tienes que esperar meses o años para ver si el dinero creció.
Lo que muchas veces se te olvida, amigo “pronosticador”, es que esa misma rapidez aplica para el otro lado: así de rápido también pierdes todo. Recuerda que quien diseña las apuestas está lejos de ser idiota, y juegan con las probabilidades para que sea más atractivo apostarle a Gatorade color café (que no existe).
Las inversiones en ocasiones son juegos a mediano y largo plazo, es una construcción real de patrimonio, no es magia y requiere paciencia, misma que da frutos.
3. Confianza
Te entiendo, es mejor lidiar con el siempre honesto casino, sitio de apuestas o señor de lentes oscuros que organiza al vecindario porque “las instituciones nos quieren ch****r”.Puedes ignorar las múltiples instituciones que avalan a las empresas de inversión, leyes e instancias que vigilan el manejo de capital y protegen tus recursos, pero por favor no ignores esto: en las apuestas, la casa siempre gana.
4. Capital
Porque claro, los 100 pesitos (si eres conservador) que le metes a los 285 partidos de la NFL cada año no cuentan.
La realidad es que muchas personas creen que invertir es un juego reservado para quienes tienen mucho dinero, cuando en la práctica la constancia suele importar más que el monto. Aportar semana a semana, mes a mes, sin importar el tamaño de la aportación, tiene efectos increíbles en los rendimientos que puedes alcanzar a largo plazo.
Y sí, existen instituciones que ponen mínimos para empezar a invertir. Pero también hay otras —como Fintual— que dan acceso a cualquiera que esté en Apostadores Anónimos y quiera cambiar su relación con el dinero… y, de paso, su vida.
5. Riesgo
Nuestro hemisferio derecho nos ha convencido de que es menos riesgoso intentar adivinar el estado exacto de la lesión de un jugador, la motivación de la defensa, cómo manejan la presión, quién es el árbitro, qué tan pesada es la porra contraria, la velocidad del viento, el sobrecito de Gatorade que apareció mágicamente en la cocina del equipo y, claro, la suerte que se puede presentar en un partido - que una estrategia de inversión consistente y diversificada, con tiempo para enfrentar la volatilidad del mercado, acumulación de rendimientos y un método que no depende de acertarle a una sola jugada.
News flash: el 95% de los apostadores pierde dinero
Ni el resultado de una apuesta deportiva ni el resultado final de una inversión a 10 años se puede predecir con exactitud, pero no nos engañemos: sabemos muchísimo menos sobre la estadística real detrás de un equipo y los componentes que juegan alrededor de un partido, que sobre el comportamiento de los mercados financieros. Y la primera no da margen de error, mientras que invertir, diversificar y plantear diferentes horizontes te permite rebalancear, te da el tiempo de recuperarte en momentos difíciles y te ayuda a verdaderamente construir patrimonio.
Creeme, si las apuestas fueran tan predecibles como tu crees, mi tío Hank no sería el tío Rico McPato de Tijuana.
En fin y para cerrar, cada quién hace con su dinero lo que se le dé la gana. Yo este año voy con $100 pesos al Gatorade color verde porque es el color favorito de mi esposo y de mi hijo. Pero también llevo 124 lindos días invirtiendo en acciones con Fintual. ¿Cuál crees que me pague mejor?